4 sept. 2018



Que la situación social es dramática en varios puntos del país, no es una novedad. Sin embargo, la naturalización de algunos absurdos merece ser destacada. La Retaguardia viajó hace algunas semanas a Santiago del Estero y participó de una marcha de la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra) hasta Bandera Bajada. El pedido es primario: acceso al agua potable. Se volvieron con una promesa de construcción de aljibes. Aquí una crónica de la marcha. (Por Pedro Tato para La Retaguardia, desde Santiago del Estero)

Fotos: Hernán Vitenberg



Sin interrupción van llegando los y las delegadas a la comunidad de “La cañada”, lugar elegido para la asamblea, en motos o compartiendo sus vehículos. En todas las charlas que compartían, los temas se iban repitiendo: el agua y los caminos en sus comunidades, nadie podía contar allí un panorama alentador.
Ya pasaron meses desde la última lluvia y los pozos de agua se fueron vaciando lentamente hasta llegar a una situación crítica. No es la primera vez que la lluvia se hace rogar en Santiago del Estero, pero esto, complementado con el mal manejo de los camiones cisterna y los recursos para construir pozos o perforaciones, crearon una crisis de carácter urgente. Los delegados y las delegadas de 30 comunidades, nucleados en la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), encuentran en la organización una salida posible para buscar soluciones.
La marcha ya tiene fecha pero para eso tienen que ultimar detalles de transporte, los carteles, la comida y ponerse de acuerdo en la forma y el contenido de la actividad. Deciden que será una marcha pacífica desde la sede de la UTT a la Comisión Municipal de Bandera Bajada, para ser atendidos por el comisionado Cristian Cáceres, que por lo general brilla por sus ausencias. También, manteniendo los modos democráticos de la organización, eligen voceros para hablar en la radio del pueblo y responsables para hacer los carteles, imprimir volantes u otros preparativos para el evento.
En la comunidad de “El Negrito” se encuentra un anexo de la escuela Nº417 “Cabo Mario Ramón Luna”, que fue inaugurada en 2014 por la exgobernadora y actual diputada nacional Claudia de Zamora que, según cuentan los vecinos, llegó en helicóptero y se retiró después de algunas fotos. Detrás de ella dejó un edificio nuevo, con dos aulas, un comedor y una oficina para la dirección. Al año siguiente comenzaron a llegar materiales como netbooks, un proyector, dos computadoras, cámara de foto, modems para el wifi y otros aparatos electrónicos, pero la escuela sigue esperando tener energía eléctrica... Raquel, maestra de la escuela, comenta cuáles son las necesidades reales de la escuela a las que el Estado no da respuesta y ella misma debe costear o gestionar, como los útiles, hojas, libros, tizas e incluso la comida.
Raquel debió conseguir una donación mensual de comida de parte de un empresario de la zona, porque el Estado otorga solamente $2400 mensuales para que coman los 27 alumnos de la escuela. Ese no es su único sacrificio: todos los días debe realizar un rally de una hora en moto para llegar a dar clases. En caso de lluvias debe quedarse aislada en la escuela, lejos de su hija de menos de un año; la opción es directamente no ir, privando a los niños y niñas de tener clases, muy a su pesar.


Los caminos intransitables

En el mismo paraje en el que se encuentra la escuela viven Gladys y María. Ambas tienen problemas de salud graves. Una de ellas es no vidente a causa de un ACV que tuvo en su infancia; la otra tiene dificultades motrices que apenas le permiten moverse. A causa de su estado de salud necesitan asistir una vez por mes a una consulta médica. El hospital más cercano se encuentra a 30 kilómetros. Los caminos carecen de mantenimiento y soportan el paso de camiones ganaderos de un empresario de la zona, haciéndolos intransitables incluso para las ambulancias. Ninguna de las trece familias de El Negrito cuenta con una camioneta 4x4 para poder transitarlo, por lo que en casos de emergencia, como podrían ser los partos, las familias no pueden llegar al hospital y deben parir en sus casas. Gracias a la ONG Ingenieros sin fronteras, el pueblo cuenta con un pozo de agua con una bomba eléctrica que funciona con paneles solares, pero alcanza solo para el consumo humano. La comunidad lucha por conseguir una posta sanitaria, energía eléctrica, fumigaciones contra la vinchuca -que no se realizan desde hace más de dos años- y el enripiado del camino que separa la comunidad de la ruta.
Durante el día 21, toda la comunidad de Bandera Bajada y alrededores se encontraba expectante escuchando Radio Creativa, la única del pueblo, porque voceros de la UTT decidieron ir a hacer públicos sus reclamos e invitar a las y los vecinos a participar de la marcha del día siguiente. El comisionado municipal, tratando de solucionar en pocas semanas la desidia de su gestión, solicitó al gobierno provincial y demás organismos camiones cisternas, pero en ese apuro siquiera se preocupó por repartir agua potable sino agua del río sin procesar, contaminada por múltiples factores,  arruinando pozos en los que, aunque escasa, todavía guardaban agua de lluvia apta para consumir.
Por primera vez en toda su gestión, el comisionado decidió asistir al mismo medio a dar “explicaciones” y hacer alarde de su eficiente gestión, comentando la inversión de dinero en la renovación de las oficinas de la Comisión Municipal y de la renovación de la Plaza. Allí dejó en evidencia que el presupuesto no se utiliza para cumplir las verdaderas necesidades de los campesinos. Explicó que el fin del Fondo Sojero (las retenciones) que el presidente canceló por decreto es un golpe duro ya que el presupuesto se redujo a la mitad y culpó del problema del agua a los campesinos que tienen “poco espacio para almacenar” y esa es la razón por lo que los repartos de agua son escasos. Ahora que el gobierno impuso un nuevo impuesto a las exportaciones, al comisionado se le van a acabar las excusas.
Al día siguiente, 22 de Agosto, las personas llegaban desde las 9 de la mañana a la sede de la UTT y la Unión de Trabajadores de Figueroa, de dónde arrancaría la marcha hacia el comisionado de Bandera Bajada. Primero eran solo algunos, al rato se fueron juntando varios hasta llegar a ser un grupo numeroso de personas listas para participar. Banderas verdes, gorras y carteles de colores mostraban los problemas propios de cada comunidad: agua limpia, fumigación contra la vinchuca, caminos en buen estado y luz eléctrica eran los más recurrentes, aunque también había reclamos particulares de cada comunidad.
La caminata arrancó por la ruta en tres filas, varios cientos de personas marcharon más de 5 km. cantando para que todos y todas la vecinas escucharan los problemas que los campesinos viven y se sumen a la lucha, demostrando que, como dice el cántico, está viva la lucha campesina por toda la Argentina.
Ya en la puerta del comisionado, construido sobre el polideportivo de la escuela, la marcha se encontró con un cordón policial custodiando la entrada. Además del comunicado que se presentó, se solicitaba una reunión inmediata de los y las 30 delegadas con Cristian Cáceres, lo que era negado pero de a poco fueron cediendo. Primero aceptaron a 4, despues a 12, hasta que la efervescencia y la presión ejercida desde la puerta logró el ingreso del total de la delegación y todos los periodistas que habíamos ido desde Tucumán, Buenos Aires y Santiago capital a cubrir el hecho.



En el patio, la Comisión recibió a los delegados en sillas de plástico, mientras el comisionado junto con un agente de recursos hídricos se atrincheraron detrás de un escritorio. En un clima tenso, aunque con mucha altura, se presentaron todos los conflictos y se le ofreció al comisionado que pruebe el agua “potable” que sus camiones estaban repartiendo, que era de color marrón y turbia. Mientras que él se jactaba de estar gestionando soluciones por una carta presentada en 2016 solicitando una nueva planta potabilizadora; un pedido al que nunca le siguió el rastro. Los delegados exigían respuestas concretas, mientras que él cuestionaba su actitud alegando que nunca se habían reunido para hablar antes y que siempre estaba abierto al diálogo. Dicen que la realidad es que son muy pocas las horas que el comisionado va a su oficina, casi a modo de visita, ya que ni siquiera vive en el pueblo.
Poco a poco debió hacer concesiones: se comprometió a presupuestar aljibes y pozos calzados comunitarios. A llevar profesionales a las comunidades para que recomienden las mejores soluciones, trabajando junto con recursos hídricos y vialidad provincial para mejorar los caminos de la zona. También les solicitó una carpeta con un relevamiento claro de las necesidades de cada comunidad que será presentada el día 6 de septiembre en una reunión, nuevamente con los 32 delegados y delegadas.
Al salir de la reunión, una delegada de la UTT avisó que si todas estas promesas no son cumplidas, en la próxima marcha serán 1000 personas en la calle. Es fácil creerle.
Una vez concluida la reunión se respiraba un aire de lucha y victoria, no solo en la marcha sino en todo el pueblo. Mientras la columna se retiraba desde la escuela primaria preguntaban: “¿Se achicó el comisionado?” y gritaban “¡Aguante la UTT!”. Fue así como se regresó a la sede para despedir la jornada con un guiso comunitario y con la conciencia de que este solo fue el primer paso para conseguir soluciones, que no solo se buscarán desde el lado institucional, sino afianzando el lazo entre las comunidades y ocupando las calles todas la veces que sea necesario. Peleando por agua potable, en pleno siglo XXI, y con el dólar a casi 40 pesos.






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