12 oct. 2018



Testigos, familiares y sobrevivientes siguen declarando en el cuarto tramo de la Megacausa ESMA donde hay 10 nuevos genocidas imputados por 27 casos que se agregan a los 789 ya existentes. Las audiencias se desarrollan los lunes a las 9:30 de la mañana en la sala Sum de los Tribunales de Comodoro Py. (Por Diego Adur para La Retaguardia)

El juicio se desarrolla de manera normal pese a las maniobras dilatorias y las provocaciones del abogado defensor de genocidas, Guillermo Fanego, quien continúa insistiendo en que se tratan de “juicios de venganza” e increpando a testigos al punto de considerarlos terroristas en relación a su militancia política de la época. Ante el Tribunal Oral Federal N° 5 compuesto por Daniel Obligado, Adriana Palliotti y Gabriela López Iniguez (quien remplazó al ahora camarista Leopoldo Bruglia), otra de las intervenciones habituales de Fanego es para quejarse por la presencia de menores de edad en la sala de las audiencias. El juez Obligado parece haberle tomado el tiempo al defensor de genocidas respondiendo a sus reclamos con un simple “y así se lo tiene presente”. Uno de los primeros pedidos de Fanego fue que todos los testigos que declararon en tramos anteriores lo hicieran nuevamente para validar su testimonio, una maniobra más para dilatar el juicio, revictimizar a las víctimas que ya dieron su testimonio en los tramos anteriores y, de paso, extender el tiempo de sus defendidos sin castigo. El Tribunal revocó ese pedido por lo que todos los testimonios desarrollados en la Megacausa ESMA forman parte también de este tramo sin necesidad de citarlos nuevamente. Recordemos que muchos testigos han fallecido y otros viven en el exterior o lejos de Buenos Aires.
De esta manera, muchos de los testimonios que se desarrollan en las audiencias suelen ser breves y responden a cuestiones específicas sobre consultas de las querellas y de la Fiscalía, representada en este tramo por Félix Crous. La Defensa también tiene oportunidad de interrogar a los testigos y suele hacerlo para provocar alguna reacción en los familiares de las víctimas o los sobrevivientes, como cuando en la audiencia del 17 de septiembre preguntó al testigo Mario Genijovich en qué “agrupación terrorista” participaba su ex mujer Mónica Goldstein, quien continúa desaparecida. En ese relato, Genijovich rememoró el secuestro de Goldstein el 6 de octubre de 1976 en el departamento donde ella vivía en Frías y Avenida Corrientes. El testigo no estaba presente durante el operativo, pero contó que tuvo dos llamados de su ex pareja a 1 semana de su desaparición donde le rogaba que cuidara a su hijo. Compañeros de Goldstein le hicieron saber al testigo que ella estuvo en la ESMA y fue arrojada en un vuelo de la muerte.
Si bien muchos de los que declaran en las audiencias ya han prestado testimonio en otro momento, algunos testigos los hacen por primera vez. Fue el caso de Antonia Moreira quien contó sobre su secuestro y el de su marido Alberto Castro en la audiencia del 1° de octubre: “En la madrugada del 25 de junio de 1976 se llevaron a Alberto y a las dos horas volvieron por mí”, relató la testigo quien pudo dejar a la hija que tenían en común al cuidado del abuelo, el papá de Alberto, en el domicilio de la Avenida Corrientes 3885 donde ocurrió el operativo. Como señaló Moreira, ese mismo día fue secuestrado Carlos Enrique Castro, hermano de su marido Alberto. Todos fueron llevados a la ESMA. Moreira fue liberada a los tres días de producido su secuestro. Alberto y Enrique Castro continúan desaparecidos. Enrique Castro estaba casado con María del Carmen Tortrino y tenían un hijo, Emiliano, nacido el 22 de julio de 1976. El 22 de marzo de 1977, Tortrino fue secuestrada y también llevada a la ESMA. A Emiliano lo dejaron abandonado en el lugar del operativo: “A ella la última vez que la vi fue en enero de 1977. Su hijo fue llevado a la Casa Cuna y no lo pudimos recuperar. Se lo entregaron al abogado (Domingo) Maggiotti”, señaló la testigo. El caso de la restitución de Emiliano Castro Tortrino tuvo que esperar hasta 1995 cuando Abuelas denunció al Estado argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por violar el derecho a la identidad. María del Carmen Tortrino permanece desaparecida.
Durante esa misma audiencia del 1° de octubre fue llamada a declarar Miriam Lewin, quien sí había testificado con anterioridad. La Fiscalía hizo hincapié en los apodos que Lewin escuchó durante su cautiverio en ESMA: recordaba a `Pantera’ y contó que muchos detenidos “mencionaban con frecuencia a Pantera como autor de secuestros y torturas”. También nombró a `Cortés’, de quien afirmó que “sabía que era del Ejercito, pero formaba parte del Grupo de Tareas de la ESMA”. Declaró no haber escuchado el apodo `Tiburón’ y mencionó los sobrenombres `Jaime’, `Federico’ y `Gordo Juan Carlos’, de la Policía Federal. También habló de `Los Verdes’: “Eran alumnos de la ESMA, chicos del Interior que venían a aprender un oficio como mecánicos navales. En el ’78 funcionaron como guardias en el centro por un sueldo extra. Las pésimas condiciones de los detenidos les explotaba la cabeza a Los Verdes. Algunos acompañaban en los operativos y otros manejaban el tránsito del Centro Clandestino. Eran pibes que habían venido a estudiar y los sometieron a ser guardias en un campo de concentración”, recordó la testigo. Por último, Lewin identificó que los que llevaban el apodo de `Pablitos’ eran los choferes, supervisados por los Suboficiales.
Otra testigo que declaró por primera vez fue Rutty Sannemann Meilinger, en la audiencia del lunes 8 de octubre. Rutty es hija de Gladys Meilinger, autora del libro ‘El Paraguay en el Operativo Cóndor’ y víctima del Terrorismo de Estado en Paraguay y en Argentina. Como relató la testigo, Gladys fue detenida en Candelaria, Misiones, el mismo 24 de marzo de 1976 y llevada al penal La Emboscada en Paraguay, uno de los centros clandestinos más terribles de ese país. Toda su familia pensó que estaba muerta hasta que el 21 de septiembre de 1976 recibieron noticias de que seguía detenida en el penal de Asunción. Según Rutty, su madre no quería que la visitaran así que recién pudieron verla en diciembre de 1976 cuando fueron junto a su hermano, Martín Federico, hasta Asunción. Rutty se quedó en la capital paraguaya y su hermano regresó a Formosa, donde estaban viviendo. El padre de ambos, Rodolfo Sannemann, también perseguido por el Plan Cóndor decidió exiliarse en Alemania, de donde era el padre de Gladys. En una de las visitas de Rutty a su madre, Gladys le gritó angustiada que se fuera porque las iban a llevar hacia la Argentina: “Mi familia nos esperaba en el aeropuerto para despedirnos, pensando que nos íbamos a Alemania donde estaba mi papá. A mi abuelo le dijeron que el vuelo iba hacia Miami. Apagaron todas las luces del aeropuerto y nos sacaron en un auto. Nos llevaron de vuelta a la prisión. A la mañana siguiente, volvimos al aeropuerto. Yo vi un avión de la Fuerza Aérea Argentina. Fueron 3 horas y media o 4 horas de vuelo. Llevaba puesto un cinturón de seguridad diagonal, no el común de los vuelos comerciales”, remarcó Rutty en su relato. Ese detalle sería de enorme importancia para la testigo que luego reveló que aun hoy no puede colocarse el cinturón de seguridad en un auto o cualquier otro vehículo sin padecer una fuerte “sensación de muerte y ataques de pánico”. Cuando llegaron a Buenos Aires aterrizaron en un lugar “lleno de Ford Falcon verdes” y las llevaron hacia la ESMA. Rutty recordó que “estaba muy asustada porque esos hombres no hablaban. Era un silencio muy fuerte”. Una vez en la ESMA las alojaron en un subsuelo. A su madre “la sacan a las patadas hacia una habitación con la luz muy fuerte” para torturarla. Rutty quedó en una habitación oscura “llena de hombres, con olor a armas y transpiración”. Estuvo entre 5 y 6 horas allí en las que “ya no sentía el cuerpo”. Cuando regresó su madre, las llevaron a las dos hacia otra sala. Era la medianoche del domingo 20 de marzo de 1977 cuando entró a esa habitación una persona que decía conocer a Gladys. Insistía en que Gladys, que era médica, había atendido a su madre y le había salvado la vida. La madre de Rutty decía no recordarlo a él ni a su madre. Este hombre le confesó que tenía instrucciones de llevarlas hacia otro lugar donde Gladys iba a ser asesinada junto a su hija Rutty. Entonces, le dijo que iba a dejar la puerta abierta para que vaya a otra habitación donde había un teléfono para que llamara a alguien y avisara de su situación. En su testimonio, Rutty dijo que su madre no le creyó a este hombre, pero sí se dirigió hacia el teléfono y llamó a un tío que estaba en Formosa para que avisara a la embajada alemana que estaban secuestradas en la ESMA. La embajada amenazó a Argentina con romper relaciones si Gladys y Rutty no aparecían con vida. Finalmente, el 15 de abril partieron hacia Alemania.
El relato de Rutty fue muy emotivo y contó con una precisión asombrosa. La testigo presentó el libro escrito por su madre sobre la Operación Cóndor y el mismo fue tomado como parte del testimonio, a pesar de las quejas del defensor Fanego. Para finalizar su declaración, Rutty dijo que su madre fue una mujer “muy fuerte y luchadora” y, sin poder contener las lágrimas, expresó: “Las horas que pasé allá abajo fueron escalofriantes. No me habían preparado para esto. Yo era tan joven e ignorante de lo que pasaba”, concluyó la testigo.
También el 8 de octubre declaró Roberto Barreiro secuestrado el 12 de marzo de 1979 y recluido en la ESMA hasta el 19 de febrero de 1980. El testigo no pudo dar precisiones sobre algunos datos puntales que requirió el fiscal Crous.
El próximo lunes 22 de octubre se espera el testimonio del sobreviviente Carlos Sueco Lordkipanidse y están programadas dos videoconferencias que también forman parte de esta etapa testimonial del juicio.

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