13 oct. 2018



En este análisis, Roviello tira sobre la mesa algunos de los números de los Juegos Olímpicos de la juventud, una fortuna para un Estado que cada vez se achica más. Como contrapeso, podríamos perder la medalla dorada en resistencia política que supimos conseguir en otras épocas. (Por Nazareno Roviello para La Retaguardia)

La mano viene dura y no hace falta explicarle a mucha gente lo que cuesta llevar el pan a la mesa. Aunque muchos habitantes estén viviendo en una realidad paralela y bajo el discurso dialéctico del gobierno -o -pasar hambre y trabajar más para en un futuro lejano resolver los problemas de la gente que son: el hambre, la pobreza y el trabajo, en una instancia principal y de emergencia- entendemos que la realidad cotidiana es inaguantable para un gran porcentaje de la población.
Según la cifra oficial actual, en la Argentina hay 11 millones de personas por debajo de la línea de pobreza. Esta cifra está basada en la CBA (Canasta Básica Alimentaria) y lo único que mide es la cantidad de calorías que necesita una persona, en promedio, por mes. Es un índice irrisorio que sigue evadiendo, no solo el marco de crisis institucional bajo el cual viven las personas, sino la degradación y la pérdida de la dignidad que están viviendo hoy las clases populares en Argentina.

En este contexto de crisis, con un nuevo presidente en el BCRA, una nueva emisión de deuda y dónde desde hace 3 años se vive pidiendo austeridad, debería llegar el momento en que podrían explotarle todas las luminarias al gobierno, basado en el concepto discursivo que se muestra muchas veces en países vecinos,“luche como un argentino”; todo un historial de lucha y movilización que, hoy más que nunca, parece o debería estar activado. Pero algo se nos pasó de largo, quizás por la cantidad de frentes abiertos, por la falta de unión en el campo popular o por el motivo que fuere. Mientras en la legislatura porteña modificaron el Código Procesal Penal y el Contravencional y se legalizó el espionaje, perdiendo como ciudadanos otra parte de nuestro Estado de derecho, parecemos ovejas detrás de discursos o grandes movilizaciones que son de una particular articulación, pero pareciera que nos estaría faltando el estallido popular y ahí es que parece que el lobo no está.
En esta analogía, por demás trillada, el lobo, que pertenece a una especie que trabaja en manada, temido y feroz en el reino animal, debería ser el pueblo, pero no, siempre hablamos más de ovejas y todas estas comparaciones vienen a fundirse de manera perfecta en la apertura de los Juegos Olímpicos Juveniles 2018 que se están celebrando en nuestra ciudad.
Para empezar por lo fácil, este evento requirió una inversión por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de $4.000 millones, casi 100 millones de dólares, dependiendo la cotización y lo que representa un vuelto para la fuga financiera, que solo en 2018 hasta agosto, llevaba más de 14 mil millones extraídos del sistema financiero argentino.
Si bien la inversión es compartida, la parte generada en publicidad es un mínimo y, aunque el propio Leandro Larrosa (CEO del comité organizador), insista una y otra vez con lo sustentable y novedoso del proyecto que hizo ganar a la Argentina el lugar de anfitrión, la organización de estos juegos juveniles tiene pocos puntos a favor. Por un lado, fue un acierto no haber hecho construcciones majestuosas de estadios y propiedades que luego quedan abandonadas pero, si empezamos a profundizar, hay poco de concreto en las expectativas del gobierno de estar bajo la mirada del mundo para atraer al turismo joven.
Las delegaciones, incluidas sus familias, componen un total de 12.000 visitantes y, aunque hayan aumentado las reservas de vuelos a Buenos Aires para este semestre, pocos son los dólares en circulación que la población obtendrá por un gasto de tal magnitud. La idea de llegar a generaciones nuevas no tuvo mucho impacto, ya que la tan ansiada apertura, que midió bien en la tele, en las plataformas juveniles, como youtube, apenas tiene 150 mil reproducciones en el canal oficial. Se puede ver, a través de redes sociales, algunos eventos culturales de los juegos con escenarios enormes y bandas tocando para apenas 10 deportistas. Aún si el semillero de deportistas jóvenes que espera sembrar el gobierno con estos juegos diese frutos, y la sede deportiva sur quedara bajo buena administración y representara un crecimiento argentino, el día de mañana no habrá presupuesto para fomentar el deporte. Recordemos los recortes que se hicieron en todas las áreas y los ministerios devenidos en secretarías.
Lo único positivo que nos estarían dejando estos juegos serían las más de 1000 viviendas ubicadas en el predio olímpico de Villa Soldati, que serán ocupadas por ciudadanos que aplicaron al programa de viviendas. Pero ojo, no son gratis: los globos amarillos del gobierno se siguen pinchando como las falsas promesas de las casas que iba a hacer para la gente y jamás sucedió, los jardines, los subtes y tantas cosas más. Estas casas, pagadas con dinero estatal, luego serán pagadas por los dueños que, en comodas cuotas de hasta 30 años, destinarán entre $7.000 y $13.200 mensuales para obtener finalmente la propiedad. Es definitivamente el gobierno de los negocios redondos. No entrega casas, rebaja presupuestos, quita ministerios y gasta en plena crisis dinero que no tenemos.
Las personas que querían aplicar para acceder a la compra de las casas tenían altos requisitos para cumplir. El 59% de las casas están destinadas a personas de la comuna 8 (VIlla Soldati, Lugano y Villa Riachuelo), un 17% a vecinos de otros barrios y se reparte el resto entre un 12% para docentes de escuelas públicas y otro 12% para efectivos de la Policía de la Ciudad.


Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador…


Cada cual elegirá su categoría y beneficio, si bien cada tanto se escucha algún análisis de los problemas a corto, mediano y largo plazo, definitivamente la Argentina no debería tener como prioridad ni los Juegos Olímpicos ni la proeza del mundial que quieren realizar en 2030 pero, como suele decirse, “si no hay pan, que haya circo”. Mientras en Brasil se realizaron grandes manifestaciones en contra del mundial y los juegos olímpicos, lo mismo sucedía en Europa, como también sucedió en Chile con la Copa América. Allí fueron reprimidos por pedir educación pública y gratuita cuando el gobierno quería distraer con la pelota rodando.
La cuestión no es fútbol sí o fútbol no, ni si estamos en contra de la proyección y el crecimiento, tampoco es una medición sobre la mejor militancia del mundo, pero pasó desapercibida una más, entre tantas que nos están pasando. Por eso la reflexión acerca de la unidad, la cantidad de frentes abiertos enfrentando problemas nuevos y viejos y, finalmente, cómo nos cambiará la vida de manera profunda, no por los juegos olímpicos, sino por el siniestro plan que el macrismo tiene para nuestro Estado. La fuga de dólares, los ministerios que ya no son, la nueva ley que avala el espionaje, la represión, los muertos, la pérdida absoluta de la dignidad, el trabajo precario, el aumento de la pobreza, la mentira, la corrupción, la manipulación. Mientras todo esto sucede, algunos solo hablan de 2019, por algo el cuento decía: ¡juguemos en el bosque mientras el lobo no está!

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