5 nov. 2018



Daniel Feierstein presentó su libro Los dos demonios (recagados) el 25 de octubre en la librería Hernández. En este nuevo lanzamiento de Editorial Marea, el sociólogo e investigador del Conicet hace un paralelo entra la teoría de los dos demonios implantada en la década del '80 y una nueva versión con nuevos matices y dificultades. En diálogo con Fernando Tebele en el programa Oral Y Público, Feierstein desarrolló algunas de las consideraciones de su trabajo. (Por La Retaguardia)

"Planteo que los dos demonios están recargados porque están mucho peor. No es lo mismo que vivimos en los '80. Lo empiezo a identificar en 2014, pero cuando uno empieza a buscar, es algo que empieza bastante antes. Diría que entra a aparecer en 2008, 2009 de forma marginal y hacia 2012, 2013, comienza a cobrar mucha más fuerza a nivel mediático y social. Es recuperar la idea de los dos demonios y la equivalencia de la violencia, la sensación de la sociedad, pero con un contenido y finalidad infinitamente peores", consideró. "Busca legitimar la represión en el presente, cosa que no era parte de la mirada original de los dos demonios. Hay una articulación de distintos elementos. Parte del objetivo del libro es llamar la atención en el sentido de que por supuesto hay un quiebre con el nuevo gobierno pero es algo que viene de antes y de alguna manera puede explicar, también, el triunfo de macrismo entre muchas otras variables. Es algo que comienza a crecer antes, a instalarse antes, y el cambio de gobierno le da muchísima más legitimidad en el aparato pero muchas de estas corrientes y planteos son previos y cobran fuerza hacia el final del segundo gobierno de Cristina", puntualizó. "No desde el aparato estatal, pero sí en distintos sectores y muy particularmente en los medios de comunicación de masas. Sobre todo en el sentido común. Los objetivos del libro no son sólo estar atentos y poder identificarlo sino también ver la falta de respuesta del campo popular. Hay un capítulo que llamo Los errores no forzados y las respuestas fallidas. Se trata de empezar a preguntarnos, en la primera persona del plural porque no es que me pongo afuera, qué es lo que no hicimos tan bien para que pudiera avanzar con tanta fuerza esta nueva mirada de los dos demonios", indagó.

Los dos demonios y la represión hoy

"Una de las conquistas logradas desde el fin de la dictadura tuvo que ver con la deslegitimación del actor militar, de las Fuerzas Armadas, producto en parte de la dictadura y también del rol que tuvo en la guerra de Malvinas y la resistencia a la dictadura. La articulación de todos esos elementos deslegitimó por un par de décadas a las Fuerzas Armadas. Parte del objetivo de esta teoría recargada es su relegitimación, que no estaba en la versión original de los dos demonios, que justamente lo que hacía era alinear a las Fuerzas Armadas y las organizaciones insurgentes como algo que no tenía que ver con la sociedad. En esta teoría recargada lo que se hace es cierto silencio sobre el rol de las Fuerzas Armadas en el aparato represivo, cierto uso, que creo que tenemos que revisar, de la idea de cívico militar, que fue reapropiada por la derecha para relegitimar a las Fuerzas Armadas", señaló Feierstein. Para el investigador, "la demonización de la insurgencia busca hacer un paralelo entre lo que fueron los '70 y hoy para demonizar y estigmatizar cualquier modalidad de resistencia hoy y legitimar cualquier posibilidad represiva. No podemos decir que no hubo represión de 1983 para acá, pero salvo la excepción de los desaparecidos, asesinatos y desastre ocurrido en La Tablada, cuando hubo represión en todo el período democrático, en general tuvo cierto costo político. Hubo distintos hechos represivos y muertos en esos hechos pero por lo general tuvo costo. La novedad del macrismo de la mano de esta teoría recargada es relegitimar la represión y que la desaparición y posterior muerte de Santiago Maldonado, la represión que se llevó la vida de Rafael Nahuel, la represión de diciembre del año pasado, no impliquen costo político y sean legitimadas por los medios de comunicación masivos para que haya también legitimación social".

Los medios tradicionales ayer y hoy

"En las dos construcciones de los dos demonios hubo un fuerte apoyo mediático. La diferencia no es tanto el rol de los medios sino los discursos y objetivos. La idea de los dos demonios original tuvo un montón de problemas y por eso la sociedad argentina pudo avanzar por sobre esa mirada, pero no hay que olvidar que uno de sus objetivos fundamentales era legitimar el juicio a las Juntas. Uno de sus objetivos fundamentales era deslegitimar a las Fuerzas Armadas. Entonces, el costo a pagar por el juicio a las Juntas y la deslegitimación de las Fuerzas Armadas era renunciar a la legitimidad de cualquier cuestionamiento al orden existente. Por eso esta idea de dualizar la maldad en términos de la fuerza estatal y las organizaciones insurgentes. Pero la mayor carga de la versión original estaba puesta en condenar la acción represiva del aparato estatal", consideró y diferenció: "En esta fórmula recargada hay bastante silencio sobre eso, se lo da por supuesto pero la postura es 'ya se habló mucho de eso, necesitamos una memoria completa' y la demonización está muy centrada en lo que llaman la violencia terrorista, yo la caracterizo como insurgente porque me parece que asumir la calificación de terrorismo es un serio problema. Esa demonización no solamente se expresa con respecto a los hechos de los años '60 o '70, sino que busca transferirse al presente en situaciones totalmente distintas donde lo que se busca es caracterizar desde las organizaciones mapuches en el sur hasta quienes salen a reclamar contra la reforma previsional a fines del año pasado o quienes quieren enfrentar las consecuencias de un plan económico con el FMI, unificarlos y homologarnos a la lógica de esa violencia insurgente que el Estado tendría derecho a reprimir".
"Hay una inteligencia de los sectores dominantes, que percibieron que las memorias colectivas y el sentido común no se construyen de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba. Hubo una actuación muy inteligente de esta versión recargada de los dos demonios de tratar de conquistar el sentido común. Como se percibió que la lucha contra la impunidad es una conquista del pueblo argentino y que es muy difícil ir en contra del proceso de juzgamiento a los genocidas, lo que se busca es entonces igualarlos en la lógica de juzgamiento", advirtió. "Busca producir esa equivalencia y reabrir causas contra quienes fueron víctimas del aparato genocida en función de hacer una equivalencia entre sus acciones y las del aparato genocida. Esta es una de las iniciativas fundamentales junto a la deslegitimación de todo el conjunto de organismos de derechos humanos y la lucha por los derechos humanos, que es uno de los elementos más graves de esta versión. Los organismos históricamente fueron un faro ético en la Argentina y poder avanzar sobre esta construcción que tiene ya varias décadas es la posibilidad de legitimar a partir de ese avance la lógica de la represión presente", destacó.

¿Nunca más?

"La historia no se repite nunca dos veces igual, lo que no quiere decir que no se repita. Siempre sufre transformaciones. De todos modos es altamente preocupante una cantidad de cuestiones en toda la región que tienen que ver con lo que podemos pensar como los primeros momentos de cualquier proceso genocida. Pero que estén los primeros momentos no quiere decir que eso termine en un genocidio. La pregunta es qué vamos a hacer como sociedad argentina en nuestro caso, que tiene un nivel de complejidad y peligrosidad que no es el del Bolsonaro en Brasil que es mucho más grave. Cómo se va a enfrentar este in crescendo", interrogó Feierstein. "Todo genocidio requiere construir un enemigo, la estigmatización de una fracción de la población, políticas de hostigamiento y se juega centralmente en la capacidad de aislar a determinadas fracciones, eso es lo que permite avanzar hacia su proceso de destrucción. No creo que en ninguna de nuestras sociedades hoy tengamos ya logrado este proceso de aislamiento. Sí uno ve situaciones preocupantes ante las cuales habría que reaccionar, porque justamente lo que nos muestra la historia comparada de los procesos genocidas es que pueden detenerse cuando se enfrentan tempranamente", enfatizó. "Hay montones de situaciones donde estas políticas de estigmatización, de hostigamiento, de aislamiento fueron confrontadas y el proceso quedó ahí. Si se logra avanzar en esta lógica la situación sería cada vez más preocupante. Lo que diría es que no hay que pensar que la historia se repite, no plantear visiones que nos lleven a creer que la situación es más grave de lo que es pero sí comprender la gravedad de la situación y comenzar a actuar antes de que esto asuma otras características", consideró.

El error de aceptar la dualidad

"Publiqué este libro ahora por una profunda preocupación política. Yo venía trabajando en una trilogía, tengo publicados dos libros y ahora voy por el tercero, pero detuve todo eso porque me pareció necesario salir en este momento. Me preocupa muchísimo el nivel de apoyo social a la lógica recargada de los dos demonios. Mi percepción, mi sensación, era que desde el campo popular no estábamos respondiendo con inteligencia y que estábamos cometiendo una cantidad de errores políticos y conceptuales que profundizaban los problemas. Con toda la humildad, por supuesto asumo que mi visión puede ser equivocada, pero es una visión de mucha preocupación. Lo que el libro se propone es, aunque sea, salir a provocar con estas cuestiones y ver si tienen algún sentido para los movimientos sociales y el campo popular", propuso. "Hay un concepto que asumimos mucho, el de Terrorismo de Estado, yo dedico gran parte del capítulo cuarto del libro a cuestionarlo. Pienso que es un concepto que nos ha desarmado, que tiene serios problemas conceptuales y que nos entrega en las manos de los dos demonios recargados ¿Por qué? Si somos nosotros mismos los que introducimos un concepto tan cargado como el de terrorismo, tan subjetivo, que es la herramienta fundamental de la lucha represiva hoy y que se plantea como antiterrorista y que introduce la dualidad... Cuando uno habla de un terrorismo estatal, enseguida aparece la pregunta de qué se hace o qué se piensa con respecto al otro terrorismo", explicó. "No reflexionamos lo suficiente como campo popular con respecto a los términos que utilizamos. Parte del llamado del libro es, por lo menos, empezar a ponerlos en cuestión. Empezar a pensar que si tenemos que romper dualidades y tenemos que señalar la diferencia fundamental entre un aparato concentracionario y genocida y una lucha con todos sus errores por una sociedad más justa y más equitativa del ingreso, necesitamos hacerlo con conceptos que nos lo permitan. No nosotros mismos utilizar términos que nos conducen a la dualidad", planteó.
"No es que haya una manera correcta, pero lo que ha producido efectos mucho más enriquecedores fue utilizar el concepto de genocidio ¿Por qué? Porque quiebra la dualidad. Ni siquiera Pando te va a decir que las fuerzas insurgentes buscaban cometer un genocidio. Ahí está claramente diferenciado que se trata de prácticas distintas, de objetivos distintos, de estrategias distintas que no pueden ser equiparadas", aclaró.
Además, Feierstein se refirió a otro error que identifica en ciertos términos que utiliza el campo popular: "El segundo concepto que utilizamos mucho que me permito poner en cuestión es el de dictadura cívico militar. Creo que tuvo un muy buen objetivo, una buena intención, pero muy malograda por el término elegido. La idea de señalar que las Fuerzas Armadas estaban al servicio del poder económico concentrado es muy necesaria y real, pero la verdad es que la población en nuestro país, la población en general, no entiende civil como poder económico concentrado. Civiles somos todos y la idea de que la sociedad se divide en civiles y militares es la forma en que la piensan los militares. Esto fue muy contraproducente porque logró diluir la responsabilidad militar que justamente había sido una conquista de los años '80 bajo la teoría original de los dos demonios pero había sido una conquista plantear en qué se habían convertido nuestras Fuerzas Armadas al aceptar desempeñarse en los sótanos de los espacios de tortura. Quienes estaban en los sótanos de los espacios de tortura eran las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Creo que descomponer esto y poner todo en el mismo lugar, los periodistas, los miembros de partidos políticos, como si todo fuera lo mismo, es un tema que cuanto menos requiere ser repensado".
Por último, explicó qué prácticas, considera, afectaron la legitimidad de la lucha por los derechos humanos: "El tercer elemento es cómo el campo de la lucha por los derechos humanos se dejó atravesar por un sectarismo partidario tanto progubernamental como antigubernamental en relación al kirchnerismo y creo que jugó en espejo en ese sentido. Creo que merecemos abrir la mirada y hacer la crítica de los dos sectarismos que terminaron priorizando un programa político partidario por sobre una lucha plural que había permitido una cantidad de conquistas del campo popular en ese funcionamiento colectivo. Uno recuerda las marchas por los derechos humanos de los '80 y convivía gran parte del arco político argentino sin tener que confundirse, sin tener que pensar que somos lo mismo, pero sí que teníamos objetivos estratégicos comunes. Esto de hacer dos marchas por cada violación de los derechos humanos se ha convertido en algo casi grotesco y triste. Me parece que son cuestiones que hay que revisar porque han jugado en la posibilidad de abrirle campo a los dos demonios recargados".

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