4 nov. 2018



Lo dijo Patricia Chabat, secuestrada y torturada en La Escuelita de Bahía Blanca, a 20 años de celebrarse aquellos procedimientos judiciales no penales que se desarrollaron en las ciudades de La Plata, Mar del Plata, Mendoza y la propia Bahía Blanca. Fue en el programa Oral y Público que emite Radio La Retaguardia con la conducción de Fernando Tebele y la participación de Víctor Basterra. (Por La Retaguardia)

Foto: agenciapacourondo.com.ar

En el año 1998 regían las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida que garantizaban impunidad a todos aquellos genocidas que no fueron jefes militares durante el Terrorismo de Estado. Sin embargo, comenzaron a gestarse los denominados Juicios por la Verdad para escuchar los testimonios de las víctimas, sobrevivientes y familiares sobre los crímenes de lesa humanidad que les fueron perpetuados durante la última dictadura. Eran juicios donde se escuchaba la verdad, pero no había justicia, ya que no se podían aplicar penas. Patricia Chabat recordó aquellos procesos y destacó su importancia en ese momento: “Podemos rescatar a las personas y los organismos que se pusieron al hombro los Juicios por la Verdad en ese contexto. Se recabó muchísima información que después sirvió para los juicios, primero en España, y después cuando cayeron las leyes de la impunidad, acá en la Argentina. Además, permitió a los familiares y a los amigos conocer detalles y estar cerca de las personas que habían estado con los suyos. Fue como tenerlos nuevamente cerquita. Si bien no se lograba justicia, sí la memoria de tenerlos junto con nosotros”, expresó Chabat y explicó lo difícil que fue lograrlo: “En la década del '90 ser sobreviviente era estar estigmatizado. Muchos de los familiares tenían un resquemor de ser identificados por parte de la sociedad que todavía no podía digerir lo que había pasado durante la dictadura. Fuimos todos víctimas, no solo los que estuvimos secuestrados y presos. Fue el pueblo argentino. Creo que los Juicios por la Verdad facilitaron esa otra mirada y no solo para los familiares. Eso costó muchísimo”, admitió.
Si bien las leyes de la impunidad no permitían que se condenara a los genocidas, estos juicios fueron el inicio de los que hoy siguen sosteniendo los y las sobrevivientes, familiares y los organismos de derechos humanos. Ayudaron a conocer muchas cuestiones acerca del accionar del Terrorismo de Estado, a obtener información respecto de los desaparecidos, a descubrir centros clandestinos de detención y sirvieron, como dijo Víctor Basterra,  sobreviviente de la ESMA: “para ir liberando a los testigos para comenzar a dar los primeros pasos en esta carrera de testimonios".
Chabat puso como ejemplo los vuelos de la muerte, probados en la justicia recién a fin del año pasado: "En los juicios por la verdad, cuando se hablaba que a los compañeros los tiraron de los aviones, tuvo que decirlo un represor como (Adolfo) Scilingo, que él había participado, para que realmente se lo tuviera en cuenta. Hablar de un centro clandestino en el Interior era como hablar de marcianos. Reivindico a los Juicios por la Verdad más que nunca. Fue un espacio para conocer y tener las bases de datos de los compañeros que estuvieron y no sobrevivieron, un espacio para que los sobrevivientes pudiéramos contar y ser escuchados o leídos de otra manera por los demás y, fundamentalmente, para los familiares”, sostuvo Chabat en La Retaguardia.
La sobreviviente también se refirió al rol de los genocidas en estos juicios donde no podían ser penalmente condenados. “Ellos estaban envalentonados. Había que tener muchos recaudos porque lo que hacían era vender información errada. Pasaron los juicios por la verdad, pasaron los juicios penales y nunca dijeron a dónde están los chicos y dónde están nuestros desaparecidos. Lo tienen bien guardadito. Por otro lado, la impunidad instalada los llevó, en muchos casos, hasta irse de boca y dar nombres de otros genocidas que participaban de las torturas”, contó.

La utopía de la justicia

Chabat destacó el trabajo arduo y militante de los y las sobrevivientes que prestaron su testimonio en aquel entonces y siguieron haciéndolo en los juicios penales contra los genocidas de hoy en día, todas las veces que fuera necesario: “Yo no pensé que iba a vivir lo que vivimos después de la derogación de las leyes. Siempre creí que la revolución cultural es la que sostiene los distintos procesos. Nuestra misión y tarea como sobrevivientes era contribuir para sostener la memoria. Nunca pensé que iban a existir estos juicios. Era un deseo, como una utopía. Con el trabajo de todos los compañeros de 30 años que no solo estuvieron recopilando los datos sino discutiendo muchas cuestiones. Que hoy se hable del genocidio no se debe a la justicia, se debe al trabajo de los compañeros. Fue un trabajo de los organismos y de muchísimos compañeros”, cerró Chabat.
Antes de la despedida del programa, Víctor Basterra contó, emocionado, un anécdota que mantuvo con la entrevistada y con Jorge Julio López mientras preparaban alguna de las audiencias de los Juicios por la Verdad: “Teníamos peleas con el viejo Julio López por la tarea de recopilación de datos. Él decía que había 4 campos en Arana, no 1 solo. Le decíamos que se había vuelto loco. Después se descubrió que eran 3, no 4, pero eran 3. Todas esas cosas eran anécdotas valorables”, expresó el sobreviviente para confirmar lo que Chabat decía. El rol de los y de las sobrevivientes en la reconstrucción de los hechos y para enjuiciar a los responsables del Terrorismo de Estado fue, y sigue siendo, el acto más grande de amor y de valentía que cualquiera pueda imaginar.

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