3 abr. 2019




El joven es víctima de una causa armada y está preso. La Retaguardia lo visitó en su lugar de detención. Aquí una crónica.  (Por Valentina Maccarone, Julián Bouvier y Lorenzo Dibiase para La Retaguardia)



Hoy, 3 de abril, no solo es el cumpleaños de Diego Chávez, sino que también es un aniversario de la represión que sufrió este mismo día en el 2018, por balazos de goma que le llegaron “de rebote”. Este regalo encabezó el principio de días de incertidumbre para sus familiares ya que, sin que ellos fueran avisados, lo trasladaron al penal de Junín sin ninguna de sus pertenencias. Podemos imaginar el miedo de una madre frente al desconocimiento del paradero de su hijo. Más aún si se suponía que debería haber sido un encuentro festivo a pesar del contexto de encierro. Incertidumbre agravada por la negligencia y, sobre todo, el “verdugueo” del personal del servicio penitenciario que no brindó ningún tipo de información. En tanto trajín, ¿quiénes aliviaron los corchazos “regalados” a Diego en su cumpleaños? Los propios internos: no había médicos para hacerle los cuidados correspondientes. De esta manera, el Servicio Penitenciario otra vez violentó, por acción y omisión. A un año de esa pesadilla, Fabiola Aguirre (la madre de Diego) nos relata sus sensaciones de aquel día: “Me sentí como una de las madres de los 7 chicos asesinados en la comisaría de Pergamino cuando recibió el último mensaje de su hijo minutos antes de morir: ‘Vení, nos están por matar’. Sentí que estaba a minutos de un final u otro. Hasta ese día, nunca había tenido tanto miedo”.
Pero Fabiola no es así. Ella le da miedo al propio miedo. Y también a los gobernantes y funcionarios que le han robado la libertad de su hijo en estos últimos 3 años y 4 meses. Ella es pura garra, contención y cariño. Como el que sentimos cuando nos pasó a buscar el sábado a la noche por la Estación de Paso del Rey para llevarnos a su casa. Allí nos recibió con mates dulces, empanadas fritas y las camas tendidas. No renegó nunca de su cansancio, a pesar de no haber dormido y de tener todo preparado a las 4 am para una de las tantas y largas travesías domingueras a las que se acostumbra una madre por su hijo encarcelado. Nos compartió todo el recorrido hasta el penal, indicándonos qué llevar y qué no, cómo sortear todas las arbitrariedades para entrar. Y finalmente, a un año de la represión, en vísperas de su cumpleaños número 26 y en el penal de Campana, pudimos pasar con Diego unas horas aprovechando el sol. Entre los mates y las risas no había reja que impidiera conocer las historias de Fabiola y Diego. No había forma de no empaparnos los cinco de cosas nuevas. Nos llamó la atención el tatuaje que lleva él en el brazo derecho: Vivir solo cuesta vida. Pensamos en todo lo que le cuesta a esta familia la justicia injusta que los oprime.
A diferencia de otros casos de causas armadas, Diego ya tiene fecha de juicio, el 24 de junio en el Tribunal N°3 de Mercedes. Familiares y amigos van a estar apoyando todo el proceso desde adentro y afuera, con la esperanza intacta de que no tenga que pasar ni un cumpleaños más en la cárcel y de que vivir solo le cueste vida.

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