19 jun. 2019




Un grupo de pibas y femeneidades disidentes entrenan en un club de Avenida la Plata 1827, en el Barrio de Boedo. Por la mañana, tres veces por semana, se ponen los guantes y aprenden Muay Thai de la mano de la profe Muriel Aimi. Algo en común las reúne: aprender una disciplina que las fortalezca y las ayude en la autodefensa.. Pero no solo eso: entrenar Muay Thai les abrió las puertas a otros caminos sobre el autoconocimiento y los cuidados. Una integrante de La Retaguardia entrena allí, entrevistó a sus compañeras y Natalia Bernades registró un día de entrenamiento y armó un fotoinforme para La Retaguardia. (Texto de Agustina Salinas / Fotos de Natalia Bernades para La Retaguardia)

Llegan alrededor de las 10.30. Se cambian, se ponen las vendas, saludan al tatami e ingresan a entrenar. La rutina es así: saltar la soga para entrar en calor, combinar los saltos con sentadillas, abdominales y flexiones. Dejar la soga y correr mezclando piñas, patadas, burpees, de nuevo sentadillas, de nuevo flexiones, de nuevo abdominales. Estirar piernas y brazos, cuello, cintura. Tomar agua y seguir. Ponerse los guantes y empezar: en pareja o con la bolsa practican recto, cross, gancho. Frontal, rodilla. Recto, codo. Y siguen. Esa es más o menos una rutina en el gimnasio de Avenida La Plata. Ese viernes son 5 quienes entrenan. Termina la jornada cerca del mediodía. La profesora es Muriel Aimi, que entrena hace 8 años y tiene amplia trayectoria en torneos mundiales, panamericanos y sudamericanos. Hace 3 años que da clases a pibas por recomendación de una colega y que la motiva "ver el empeño que le ponen, que se sienten seguras y que descubran que se puede más, que somos más fuertes de lo que creemos. Y se sientan cómodas de tener un espacio solo para nosotras." Luego Dani comienza contando su experiencia con el deporte. “Empecé hace aproximadamente 3 años a entrenar Kick Boxing y cuando supe de la existencia del Muay Thai, que suma codos, rodillas y clinch pensé tengo que ponerme a entrenar Thai, es mucho mas completo y tiene mas tecnicas ofensivas. Conocí la disciplina rondando el ámbito de la defensa personal, ya que hay muchas técnicas para la autodefensa que se toman del Muay Thai”, describe Dani, que fue la última en inscribirse en el club de Boedo pero la que hace más tiempo entrena.
Agustina comenta sobre sus comienzos, el año pasado: “empecé porque me lo propuso mi amiga. No tenía ni idea qué es Muay Thai -ni sabía como se escribe- pero me animé, alentada por ella. Nunca hice deportes, un par de veces practiqué autodefensa, pero no de manera constante. Hoy puedo decir que me amigué con mi cuerpo y es mi herramienta de defensa: si alguien me quiere lastimar, sé técnicas para la autodefensa y contraataque.” Su amiga es Belén, que cuenta: “antes de empezar Muay Thai iba a clases de autodefensa feminista. No conocía la disciplina, pero escuché sobre Muriel y averigüé sobre las clases. El entrenamiento es re intenso y al principio me costó, pero noto que con la continuidad se logra ampliar el umbral de resistencia. Físicamente me siento mas fuerte, y entrenar me brinda más seguridad sobre lo que soy capaz de hacer con mi cuerpo. Entrenar también me ayudó a tener un ritmo más ordenado con mi cotidianidad: duermo mejor y le presto más atención a estar bien alimentada.” En ese senido, Dani suma que “en cuanto a cambios netamente fisicos, tanto la rutina fisica como la práctica de las técnicas propias del Thai me han hecho desarrollar muchisimo la fuerza. Acompañando el entrenamiento con una alimentación acorde pude conseguir mayor peso y volumen muscular. Además, dato no menor, logré aumentar la resistencia a la hora de correr o andar en bici. La capacidad respiratoria se me amplió muchísimo ayudándome en otras cosas como el uso de la voz; entrenar me hizo entender la importancia del aire/oxigeno en el cuerpo”. Lihué, que comenzó hace casi dos años a entrenar, suma su experiencia: “Noto que físicamente tengo mas fuerza, y soy conciente de lo que puedo: me dí cuenta de mis propios límites. Puedo analizar las situaciones pero tambien sé de mis debilidades. Entreno con pibes y tienen más fuerza. Desarrollé mas atención, tengo mas reflejos y conozco mis propios límites”. Ella también comenzó a entrenar para aprender defensa personal: “tenía ganas de hacerme responsable de mi propio cuerpo. Cuando queria salir a la noche, eso implicaba tener fuerza, ser capaz de poder resolver alguna situacion de violencia o lo que sea en la calle”. Además, Lihue orienta en las clases cuando la profe Muri no puede ir.
Las pibas conciden en varios puntos: la autodefensa como punto de partida para entrenar y el entrenamiento como punto de partida para trabajar con los cambios de actitud en distintas situaciones. “Noto que algunas partes de mi cuerpo se tonificaron y eso me da seguridad. Tener brazos más fuertes hace que realice tareas que por mi género se dan por hecho que no puedo. También sé que puedo correr y no cansarme demasiado y que adquirí destrezas y habilidades que no sabía que tenía, y que puedo hacer con mi cuerpo cosas que no creía posibles. Si bien comencé buscando un método de defensa, el entrenamiento se volvió algo mucho más disfrutable: no lo hago solamente para “adquirir fuerza”, lo hago porque me hizo desarrollar una autonomía, un cuidado y disfrute que no esperaba en el momento de empezar a entrenar y ahora me encanta. No veo al entrenamiento como fin en sí mismo, es un medio para sentirme bien y segura”, dice Agustina. Dani Agrega que “Considero que el Thai tiene la capacidad de transformar varias partes del cuerpo en 'armas' y por  ese lado es donde me atrapó muchísimo. Por esa misma arista también es que noto los cambios en mi mente: Desde que entreno, me paro en la vida de otra manera, con una confianza corporal y mental para conmigo que no había experimentado antes, tanto sea en el espacio público o el espacio privado. Me siento autoprotegida, conozco el filo que tienen los codos sobre todo, y la capacidad de lastimar que poseen, por ejemplo”. Y agrega algo fundamental para contrarrestar el potencial peligro de los cuerpos feminizados en una sociedad patriarcal: “Entrenar me hizo entender que la postura con la que me paro todos los dias habla de un cuerpo que resiste. Habitar la autoconfianza desde esta disciplina es la trinchera que yo elegí para plantarme en la inminente guerra que significa existir todos los dias siendo leída como mujer.
Luego de la rutina forman, chocan las manos con la profe que las felicita por el entrenamiento, y se van. Cada una un poco más fortalecida que cuando entró.
















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