10 jun. 2019



En la octava jornada del debate por la represión a la Contraofensiva de Montoneros, declaró el ex militar Nelson González, quien dio detalles sobre los vuelos de la muerte en Campo de Mayo y del fusilamiento de cuatro secuestrados, entre ellos Federico Frías Alverga. Su hijo, Joaquín Frías, presente en la audiencia, participó luego del programa Oral Y Público de Radio La Retaguardia donde contó sus sensaciones tras escuchar a González. (Por El Diario del Juicio*)

Foto de portada: Joaquín Frías el día de su declaración en este juicio. (Julieta Colomer/DDJ)


Joaquín Frías es un muchacho que mira todo desde arriba. No por soberbia sino por altura física. Muy lejos está de haber salido indemne de los padecimientos de las familias que sufrieron el genocidio en sus cuerpos. Si nada es gratis en la vida, mucho menos eso. Por fuera tiene una tranquilidad que a veces hasta sorprende. Como en este caso, que acaba de escuchar a un ex militar, Nélson González, dar cuenta del fusilamiento de su papá, Federico Frías, en el polígono de tiro de Campo de Mayo. Apenas unas horas después, participó del programa radial Oral Y Público, de Radio La Retaguardia. Allí explicó que, mientras González declaraba, "no estaba pensando mucho en el fusilamiento de mi padre sino en que se estuviera diciendo en el contexto de un juicio". Frías conoce a González porque ni bien se enteró de que existía su testimonio, lo ubicó. "Otros pensamientos me pasaron hace diez años cuando hablé por primera vez con él en el café de una estación de ómnibus en Plottier -cerca de la ciudad de Neuquén-. Ahí me estalló la cabeza y no supe qué hacer y lo tuve que procesar durante un par de años hasta hacer algo con eso. El otro día estaba tranquilo porque hasta el momento en que empezó a declarar no sabíamos si iba a ir, qué iba a decir, si iba a 'olvidar' todo lo que había dicho antes", contó. "De golpe, teníamos una persona que en líneas generales, sobre ese hecho puntual, dijo lo mismo y comentó un montón de cosas más sobre cómo el grupo de tareas de Campo de Mayo, en esos años finales de la dictadura, operaba nutriéndose de escuelas militares, de todo lo que es la infraestructura logística de Campo de Mayo que abarca desde un hospital, una pista de aterrizaje, aviones. Dio todos esos detalles y fue muy importante. Va a tener mucho peso como declaración de alguien que estuvo ahí y cuenta lo que vio y escuchó", aseguró Frías.
Recapitulando, Frías explicó: "En 1997 él (Nelson González) contó lo de los fusilamientos en Campo de Mayo en el programa de Mauro Viale. A ese programa iban Maradona, diferentes vedettes, en ese contexto apareció esta persona y contó que había sido testigo de fusilamientos. Eso tuvo muchísimo impacto y fue levantado por medios 'serios'. Se consideraba que lo que estaba diciendo era o podía ser verdad. En ese primer programa mucho no lo dejan hablar. Lo interrumpen los panelistas, lo descalifican". Sin embargo, parece que González tuvo otra oportunidad, sobre todo porque podía dar cuenta del fusilamiento del hijo del reconocido comediante Marcos Zucker. "Después, hubo una segunda entrevista en otro programa y entró en contacto con familiares de Marcos Zucker . Puntualmente con la hermana de 'Marquitos'. En ese segundo programa le preguntaron a González si sabía de otra persona que hubieran fusilado y él mencionó a un tal Frías. En ese momento yo no estaba viendo el programa", recordó. "Alguien me avisó. Nunca encontré el video y quedó ahí la cosa. Unos años después apareció un libro de Cristina Zucker, El Tren de la Victoria. Lo conseguí y lo leí. En una parte cuenta una charla que tuvo con González que volvió a relatarle el fusilamiento de su hermano junto a otras tres personas y le volvió a decir que una de las cuatro personas era un tal Frías. Ahí se repitió lo que decía unos años antes e intenté, por todos los medios, ubicarlo. Se me hizo muy difícil".
Allí Joaquín hizo un punto y volvió a resumir la historia de su papá."El de mi papá es un caso que por ahí se conoció porque lo llevaron secuestrado a Lima, Perú, intentó escapar dando una fecha falsa de una cita que tenía. No lo consiguió, al otro día era la cita real. A partir de ahí sucedieron otros secuestros en Lima y el caso tomó estado público y se hizo conocido pero de mi papá no se sabía nada", señaló Frías. Durante su declaración había sido más puntilloso, por supuesto. “Yo creo que elabora una estrategia de supervivencia -sugirió ante los jueces-. No sé si fue torturado o no, tampoco me interesa o no; si lo pienso dos veces creo que sí. Está claro que despliega esa estrategia que muchos secuestrados hacían en la medida de los posible. Lo concreto es que tenía la cita cerrada pactada meses antes en Perú con la base de Montoneros que estaba armándose en ese lugar.  Perdía mencionó que ‘seguramente le encontraron los papelitos’, dando a entender que no dio la información bajo tortura sino que le encontraron la info del papelito con la cita. No estoy muy contento con eso. Mi padre a esa altura era un militante veterano y no creo que hubiera sido tan descuidado de tener anotado el papel de la cita aunque sea en clave”, remarca. Frías Alverga dio los datos de la cita pautada, pero la adelantó un día. Joaquín supone que la Inteligencia corroboró que la cita existía: “no creo que hubieran ido a Perú solo por un dato entregado por un secuestrado”. Allí menciona el libro de Ricardo Uceda, Muerte en el Pentagonito, que era el edificio de la inteligencia peruana. En el libro aparece el testimonio de uno de los altos oficiales peruanos de inteligencia que fueron parte de la patota: un tal Arnaldo Alvarado, El Negro, un grandote de metro ochenta. Por esa razón contiene tanto detalle informativo. Frías Alverga llega a la cita (como ya narramos en la crónica del testimonio de Montoto Raverta) con un dispositivo que le impedía correr: una tanza atada en un extremo al dedo gordo del pie y en el otro en un testículo. Imposible no sólo correr, también caminar con normalidad. Con esa renguera inevitable, Frías consiguió que le dieran un cigarrillo. Pidió permiso para ir al baño de un bar. Quemó la tanza, pero continuó simulando la renguera. En cuanto pudo salió corriendo. Después sucedió lo que contaron los diarios. Al detenerlo, el más duro de la patota, Lito, le dio el culatazo que le abrió la cabeza. Allí aparece otra prueba de su involuntaria estadía en Lima: queda registrada su entrada y su salida del hospital donde le cosen la herida. Pero los peruanos lo terminan entregando a la patota argentina, después de un llamado de alta jerarquía a la comisaría donde lo tenían amarrado. “A partir de ese momento no se que pasó esa noche, puedo hacer mil conjeturas… los militares tienen una persona que los engañó, les hizo correr peligro.. no quiero ni pensarlo”. Finalmente consiguen atrapar a Raverta en la cita acordada.
En la entrevista, Joaquín unió su declaración con la de González. "Se suponía que lo habían traído a Campo de Mayo pero por supuesto no había ninguna prueba. Que hubiera aparecido este González diciendo esto era la confirmación de que a mi papá no lo habían asesinado en Perú como se decía. González era el único que había hablado en su momento aunque no se lo podía ubicar. No era fácil ubicar ninguna declaración suya en causas tampoco. Había leyes de impunidad, no había juicios como ahora", distinguió.

La imagen de Frías durante la declaración de su hijo. (Foto: Luis Angió/DDJ)
"Me costó mucho ubicarlo, pero cuando lo hice, él aceptó hablar conmigo. En el encuentro en la terminal de Plottier, me contó lo que volvió a contar en el juicio. Hubo algunos cambios del punto de vista. En su declaración no dice que fue testigo directo, como me había relatado, sino que le contaron. Que llegó un punto que no podía ver y que un cabo que estaba en un puesto en el polígono de tiro de Campo de Mayo le relató lo que había pasado", explicó Frías sobre las dos versiones que aportó el mismo ex militar, en momentos distintos. Si bien los hechos coinciden, lo que no coincide es su ubicación cuando estos sucedían, podría presumirse que el cambio guarda la intención de no autoincriminarse como parte del grupo fusilador.
"Él habla de vuelos de la muerte en Campo de Mayo. Dice que eso sucedía en la compañía de aviación de Campo de Mayo, que se usaban unos aviones marca Fiat que salían de una pista que hay en el lugar. Ese habría sido el método por el cual desaparecieron a un montón de personas. En el caso de mi papá, de Zucker y de las otras dos personas que no identifica, habla de un fusilamiento y, por lo que dice, entiendo que no era un hecho común. Lo que me contó a mí es que el jefe de Institutos Militares, Cristino Nicolaides, convocó a jefes y subjefes de todas las escuelas de Campo de Mayo y les dijo que ahora se iban a ensuciar como estaban sucios ellos en esta guerra. Así los obligó a fusilar a estas cuatro personas. En su relato, dice que los obligaron a disparar con su arma reglamentaria, pistolas 9mm, me da un detalle de eso y de que quedaron los cuerpos en el piso del polígono de tiro y que, después, los del (Batallón) 601, los remataron", detalló Frías sobre los datos que aportó el ex militar. "Por último, dice que a esos cuerpos los quemaron con cubiertas en la zona del polígono de tiro, cosa que volvió a decir el otro día. Yo me encontré con este relato hace diez años. Por supuesto que me perturbó mucho, no sabía qué hacer. En ese momento no había empezado el juicio, ni siquiera las reuniones que tiene todo nuestro grupo. Conocía a mucha gente pero todavía no estábamos trabajando para un juicio. Estaba un poco solo, por decirlo de alguna manera, y es difícil. Te cuentan eso y no sabés qué hacer. Por eso fue muy distinto escucharlo el otro día, no fue un peso. No me shockeó, estaba contento de que se estaba diciendo en el lugar adecuado. Esa fue la sensación", destacó.
Acerca de qué importancia le atribuye al rol que González tenía aquel día, señaló: "Es significativo saber realmente qué rol tenía González dentro del relato que da. Mi impresión es que no era parte de la patota que describe, pero no lo puedo saber salvo que empiece a hablar más gente. Pablo Llonto -mi abogado- decía que el nombre de González no es mencionado en ningún caso. No hay muchos sobrevivientes de Campo de Mayo de esa época, pero no surge de otro lado que pueda haber estado. Es muy fina la distinción porque ¿manejar un auto es integrar la patota? Yo diría que sí", planteó. "No puedo decir que no era parte porque no lo sé. Creo que el sutil cambio en su testimonio tiene que ver con no autoincriminarse. Se dio cuenta o está asesorado y yo, por sobre todas las cosas, valoro que dio un testimonio y aportó información de un grupo de tareas permanente al que él llamó como 'grupo de los ocho'. Si estuvo o no, no lo puedo decir. Es solamente lo que él cuenta y no hay forma de contrastar eso", lamentó en el cierre.

DESCARGAR

*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardiamedio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

0 comentarios:

Publicar un comentario