14 jun. 2019



Por razones climáticas la cita se pasó para el 22 de junio, a partir de las 12 del mediodía en Florida y Diagonal Norte. Es el primer Callejerazo del año y tiene por objetivo exigir la regulación del trabajo de los artistas callejeros y vendedores ambulantes, actualmente perseguidos y criminalizados en la Ciudad de Buenos Aires. En el programa La Retaguardia, Pedro Ramírez Otero dialogó sobre el tema con Matías Bregante, integrante de la banda Jamaicaderos. Si bien las leyes no son restrictivas, el gobierno de la Ciudad, la policía y el poder judicial aprovechan vacíos legales para hostigarlos con el objetivo de liberar el espacio público para otro tipo de negocios como los food tracks. (Por La Retaguardia)

"Son actividades de organizaciones culturales y artistas independientes, callejeros, de circo y otras artes que confluimos hace más de diez años para conseguir una reglamentación para el arte callejero en la Ciudad de Buenos Aires. Desde hace casi diez años no existen leyes restrictivas pero sí vacíos legales y de ordenamiento en las diferentes carteras del gobierno de la Ciudad. Espacio Público por un lado, Cultura por otro, y no terminan de ponerse de acuerdo, a propósito, para generar esos vacíos. El arte en el espacio público está supeditado a la voluntad o las ganas del gobierno de turno. En los últimos años el Gobierno de la Ciudad -el macrismo- tiene una puja por el espacio público. Es un commodity, un sector de dinero y lo quieren limpiar de toda la venta ambulante, de toda actividad que no sea rentable, que sea para la subsistencia", aseguró Bregante. "Quieren hacer sus negocios en el espacio público, que suele ser lugares de mucho tránsito, de turismo, céntricos. Para que suceda la venta ambulante y el arte callejero se necesita que haya movimiento y fluidez de gente y de público. El macrismo desde hace rato tiene un plan que es capitalizar ese espacio y transformarlo en un gran negocio. Están detrás de poder operativizar leyes que ya votaron como el corredor de bares a cielo abierto que es una ley de Ritondo de hace unos cinco años, que pretende poner un restaurante en cada parque, en cada plaza. En las peatonales y los lugares de trabajo de los artistas callejeros el plan es ese, que no haya ni vendedores ni artistas y pueda haber algunos negocios", planteó sobre los intereses detrás de la persecución.

San Telmo, la persecución en carne viva

"Hay un caso característico que es el de la plaza Dorrego en San Telmo. Históricamente los sábados y domingos tenía una feria de anticuarios. No las casas sino los feriantes que durante años compran y venden, llevan cosas para hacer adornos o recuerdos de la Ciudad, cosas viejas. La corrieron hace algunos años en función de que iban a poner en valor la plaza Dorrego. Los corrieron hacia la calle Defensa, a un lugar que antes estaba vacío. Solíamos tocar ahí con algunos músicos y tuvimos que ir desplazándonos por este movimiento, con el compromiso de que iban a volver a la plaza. No volvieron nunca más, todavía están en Defensa, la plaza está habilitada hace más de un año y medio, pero ahí funcionan las mesas de los bares que están alrededor, y pagan para eso obviamente", contó Bregante. "El plan es que los comercios, sobre todo restaurantes y venta de comida, terminen poblando los centros turísticos. La plata que le pueden cobrar a un restaurante por tener un carrito o mesas en una plaza nunca va a ser potable con el trabajo de un artista callejero que generalmente gana para subsistir, no mucho más", aseguró.
"El arte callejero en general tiene un carácter que es la itinerancia. La necesidad de moverse. Las bandas podemos llegar a tener uno o dos lugares donde hacer base una vez a la semana y repetir ese espacio, pero por un par de horas. No se pueden saturar los lugares porque mucha gente es la misma. Uno va a la feria de Mataderos, por ejemplo, y un componente es turístico, pero también hay vecinos de Lugano, Mataderos, Tapiales, que pululan y transitan. Por eso uno tiene que ir moviéndose. En esa situación de itinerancia tenemos un poco las de perder frente a un feriante que tiene su puesto, por ejemplo. A un feriante también le convendría poder rotar, pero no hay posibilidad de generar esa rotación. En esa disputa desde hace años estamos detrás de que haya una ley, que haya leyes que no sean restrictivas, protección, que ya se logró", recordó. "Hay artículos que protegen al artista callejero, que lo quitan de la figura de ruidos molestos pero siguen haciendo contravenciones por ruidos molestos. Ruidos molestos es el de un motor, un caño de escape pinchado. Un artista puede tener mucho o poco volumen, eso se puede medir con un decibelímetro, poner un tope y adecuarse a esas medidas que es lo que corresponde para respetar a todos los transeúntes del espacio público. No es restrictivo de que uno haga o no ese espectáculo. Hoy, aplican la figura de ruidos molestos sin decibelímetro y con el agravante de que los denunciantes son anónimos. Es toda una movida con las policías y fiscalías de turno. En estos lugares grises, inexistentes o transparentes de la ley pueden hacer lo que tengan ganas", denunció Bregante.

¿Qué pasa el sábado 22/6?

"Lo que hemos hecho siempre en los callejerazos es una varieté. Un intenso espectáculo de múltiples actividades artísticas. Suele haber bandas y artistas musicales. Entre medio de música, va habiendo otras intervenciones como teatro, clown, circo. Eso sucede en una peatonal, una plaza, un lugar bastante visible, con mucha infraestructura. Hay escenarios, pistas de circo, de malabares, de actividades aeróbicas. Todo eso sucede durante cuatro o cinco horas, con volanteadas, algunos artistas que cuentan la problemática, legisladores comprometidos con intentar que esto tenga otro rumbo. Eso es lo que sucede en la cuestión física, política, artística y cultural. Es un hecho cultural en el que todos los implicados, tanto los artistas como los militantes, las organizaciones y las personas que acompañan a estos movimientos, participan de un gran evento callejero para difundir y visibilizar la problemática", describió Bregante.

Ale Cabrera y una vida en la calle

"Este Callejerazo del 22 tiene el contexto de que tenemos la necesidad de homenajear a un compañero, a un referente, a Alejandro Cabrera Britos, el Topo, que hace dos semanas falleció en un accidente. Ale era la voz cantante de los artistas en la Ciudad de Buenos Aires, era un representante del arte callejero y un militante de derechos humanos, sindical. Era delegado de ATE, una persona muy querida por sus compañeros de trabajo, su familia, por nosotros, los músicos que caminamos con él, las organizaciones sociales y de derechos humanos que han caminado con él. Una persona muy particular. Quien se haya cruzado con Alejandro en su vida no lo va a poder olvidar por múltiples cuestiones. Primero, su imagen. Era lo primero que golpeaba: sus peinados, su ropa de colores, sus zapatos, sus saxos colgados, sus mochilas de colores, nunca ibas a encontrar una prenda de color negro u oscuro. Segundo, ibas a encontrar a una persona íntegra", aseguró y agregó: "Con un discurso que no lo ibas a ver quebrantarse de ninguna manera, ni transar con ningún partido político, ninguna facción en particular, siempre apostando a la construcción, a abrir espacios con multiplicidad de ideas y formas, nunca cerrándose en una única idea ni una única forma de ver las cosas. Un enlazador que estuvo ahí, en las calles, en las luchas, acompañando familias, víctimas de gatillo fácil. Fue un compañero fiel y necesario en la lucha de justicia por Luciano Arruga, la que nos llevó a encontrar los restos de Luciano. En la calle, para mí y mis compañeros de Jamaicaderos, el 90% de lo que ha sucedido con la música, por la colectora, saliendo de las lógicas comerciales y mercantilistas, Ale fue una pata fundamental". Para Bregante, Ale Cabrera "ayudó a definir conceptos que teníamos un montón adentro, pero nos ayudó a entender que había que romper con el escenario, con la figura del artista puesto en un pedestal, que había que compartir escenario. Eso nos llevó a salir a la calle a tocar. A romper con esos espacios de bares, de lugares donde empezamos a tocar con Jamaicaderos, e ir a la calle. Nos vimos en la calle y nos encontramos con todas estas problemáticas, así que fue un norte para nosotros y todos los artistas callejeros ir a buscar estas leyes y recursos que nos protejan y fomenten el arte en el espacio público", recordó Bregante sobre los primeros pasos de esta campaña. "Lamentablemente lo vamos a extrañar, siempre físicamente porque era una persona cariñosa y presente, pero va a estar más vivo que nunca en su lucha, en sus ideas, en las semillas que sembró en todos nosotros y para los que atravesamos esta parte de nuestras vidas con él, ese dolor que sentimos se aplaca bastante sabiendo que su vida no pasó desapercibida en esta tierra. Se va a hablar largo y tendido, se van a rendir homenajes constantemente. Es un comienzo, una necesidad de juntarnos, un montón de personas que van a confluir este sábado de todos los lugares que transitó Ale. Vamos a celebrar su vida, su valor, sus ideas, su compromiso, para comprometernos todos. Como decíamos con muchos de los que nos juntamos estas semanas, no tenemos la obligación sino la convicción de seguir con sus ideas", definió Bregante. "Hacerlo a nuestra manera, porque Topo había uno solo, rompió un molde. Nadie va a caminar la calle como la caminaba él, estar en la cantidad de reuniones que estaba por semana y participar de la manera que lo hacía en todos los espacios con un cerebro prodigioso que podía recordar números de comisarías, de fiscalías, causas, nombres de jueces, policías. La causa que lo atravesaba se la impregnaba en el cerebro y la llevaba con él para difundir la información en cualquier espacio", recordó.

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