6 jun. 2019



Fue premiada en el rubro documental nacional por el jurado del Festival de Cine de Derechos Humanos de Buenos Aires. El siguiente artículo fue publicado en La Retaguardia Papel.
El documental, que traza el recorrido del caso de Luciano Arruga desde la perspectiva de Vanesa Orieta, hermana de Luciano, contó con la colaboración de La Retaguardia en la investigación periodística. Aporta un recorrido por la lucha de Familiares y Amigos, además de algunos datos de la causa hasta aquí desconocidos. Se espera el estreno comercial de la película de Ana Fraile y Lucas Scavino para septiembre. (Por Rosaura Barletta para La Retaguardia Papel*)

*Esta nota se publicó tras la mención especial en el BAFICI

A sala llena como la primera y la segunda, pasó la última función de ¿Quién mató a mi hermano? en el Multiplex de Belgrano en el marco de la última edición del BAFICI. Luego de una breve ronda de preguntas para Vanesa Orieta, la hermana de Luciano, y Lucas Scavino, uno de los directores, las caras demacradas atravesaron la puerta de la sala para quedarse intercambiando dolores entre los pasillos y la puerta. Es que nadie pudo salir siendo la misma persona.
Podría ser la historia de un caso, el recorrido de una lucha, un repaso cronológico de los hechos, pero hay tanto más para ver. La película pone sobre la mesa un orden de prioridades informativas y transforma la mirada masticada y generalizada sobre la desaparición de Luciano.
Probablemente, las revelaciones que hace, difíciles de procesar en el plano racional, pero con contundentes repercusiones emocionales, son las que impulsaron al jurado del BAFICI a otorgarle la mención especial en la categoría en la que compitió, Derechos Humanos. La película se estrenará también en los festivales de Cine y Derechos Humanos y de Cine Político, para luego recalar en el circuito comercial.
Sin morbo ni golpes bajos, ¿Quién mató a mi hermano? muestra, por un lado, cómo el desgaste de una familia no sólo se vincula a la pérdida del ser querido, ni a la burocracia estatal o al revanchismo policial, sino también a la hipocresía y el cinismo que, en un actitud absolutamente corporativa y funcional, expresan funcionarios como el entonces Intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, y el Juez de Garantías, Gustavo Banco, que tuvo la causa a cargo durante 4 años.
Sin morbo ni golpes bajos, ¿Quién mató a mi hermano? pone en carne viva, además, el color y el clima de una escena terrorífica: la General Paz como último lugar que Luciano Arruga pisó con consciencia de sí mismo y su alrededor. Ese cruce no habilitado para peatones en el que un conductor sin ningún tipo de vínculo con él lo embistió porque Luciano corría “desesperado, como escapando de algo”, según dijo luego en su declaración judicial.
Sin morbo ni golpes bajos, ¿Quién mató a mi hermano? explica por qué ese choque automovilístico que terminó con la vida de Luciano puso final también, en palabras de su mamá, Mónica Alegre, a su sufrimiento. La perito Virginia Creimer dijo sin vueltas lo que vio en las fotografías tomadas luego del choque: Luciano estaba disfrazado con distintas prendas femeninas. Creimer, luego de dar una descripción exhaustiva de lo que se observa en las fotos, dijo la frase más contundente de todo el largometraje y que hasta podría funcionar como respuesta a la pregunta que lo atraviesa: “esto es la Bonaerense”.
Sin morbo ni golpes bajos, ¿Quién mató a mi hermano? echa luz sobre un problema que atraviesa la represión estatal contra los pibes de los barrios: el sometimiento sexual -sí, también contra los varones-, el filtro patriarcal a través del que se descarga cualquier tipo de violencia que ejercen las fuerzas de seguridad. Sin machacar, sin dar información masticada y hasta quizás sin quererlo, ¿Quién mató a mi hermano? dejó un guante para agarrar: ¿Vamos a hablar del hostigamiento sexual y patriarcal que ejerce la Policía sobre todos esos pibes maltratados? ¿Qué tenemos para decir sobre esto? ¿El feminismo llegará pronto a esa esfera social?
Es cierto, ¿Quién mató a mi hermano? es una pregunta y no hay una respuesta explícita elegida por los creadores, Ana Fraile y Lucas Scavino; hasta hay una multiplicación de interrogantes que traspasa una ineludible responsabilidad al público. Solo es cuestión de esperar para saber qué vamos a hacer con eso.

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