11 sept. 2019



Se trata de dos denuncias por abusos sexuales ocurridos en 2013 y 2015. El periodista, en su declaración durante el debate oral, dijo que pudo haber sido irrespetuoso o tratado mal a alguien pero que no cometió ningún delito. Una de las denunciantes decidió no revelar su identidad y declarar sin público. Por este caso, Carrasco fue absuelto. La otra es Sofía Otero, una joven que lo conoció a los 21 años, y por su denuncia fue condenado a 9 años. Ambas relataron un encuentro sexual que comenzó consensuado y se tornó violento y forzado. (Por Rosaura Barletta para La Retaguardia)

La querella, integrada por Sofía Otero, había pedido nueve años de pena para el periodista, la fiscalía a cargo de Ariel Yapur, siete, y había planteado que el caso de la denunciante cuya identidad se reserva no se enmarca en un tipo penal. Su defensa, Guillermo Vartorelli, pidió la absolución. La jueza Ana Dieta de Herrero es quien condenó a Carrasco y también integra el tribunal que sentenció a 22 años de prisión a Cristian Aldana. Dieta de Herrero había votado en disidencia pidiendo 35 años para el músico por abuso sexual y corrupción de menores.
En diálogo con el programa Otras Voces, Otras Propuestas, Sofía Otero había planteado que lo más importante era que la sentencia fuera condenatoria, más allá de la cantidad específica de años, por su importancia histórica y para otras mujeres. Se esperaba que declararan como testigos a favor de Carrasco su hermana y su psicóloga, pero ambas evitaron presentarse esgrimiendo razones de salud. Carrasco declaró en la primera audiencia solamente diez minutos y no respondió preguntas. Dijo que no es un violador, que se trata de una persecución política, pero no se refirió a ninguno de los dos hechos por los que llegó a juicio. “Mientras yo declaraba, él escuchaba todo en una sala contigua, pero quiso entrar, intervino la policía, la jueza tuvo que parar la audiencia. Es bastante maleducado, no para de hacer gestos”, planteó Sofía sobre lo ocurrido en esa primera audiencia.
“Estuve en varias de las audiencias del juicio contra Cristian Aldana y también soy estudiante de derecho -explicó Sofía sobre su conocimiento del mundo judicial-, pero nunca lo viví como denunciante. Es muy movilizante”. La primera denuncia que se difundió contra Carrasco en redes sociales fue en mayo de 2016. Cuando Otero la leyó, vio lo mismo que había vivido. “Cuando vi que el agresor era Lucas Carrasco, me contacté con ella inmediatamente. En aquel momento, junio de 2016, entendíamos que para hablar teníamos que hacer una denuncia penal, ni siquiera pensamos en llegar a un juicio oral sino para legitimar lo que decíamos. Hoy tal vez tenemos más libertad para poder hablar”.
Otero se refirió también a las repercusiones que tuvo este juicio para otras mujeres: “Me escribieron muchas chicas contando los abusos de Lucas Carrasco, me llovieron los mensajes. De a poco fui contestando. Más allá de que la cobertura no en todos los casos fue de mi agrado, sirve para llegar a las pibas”. El primer organismo al que Otero se dirigió para denunciar fue la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) donde, a ella y otras chicas, les mal informaron que el delito estaba prescripto. Sin embargo, con el acercamiento a las denunciantes de Cristian Aldana, obtuvo el dato de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia Contra las Mujeres (UFEM). Desde entonces, el camino fue hermanadas: “Hubo audiencias en el juicio a Aldana a las que ellas no iban y fui yo para contarles qué pasaba. Y ahora están todo el día pendientes de mí, preguntando cómo estoy, que coma fruta, que tome agua. Siempre estoy acompañada, no sólo por las denunciantes de Aldana sino por un montón de otras pibas, si no sería imposible llegar entera a enfrentar un juicio”.
En su alegato, la defensa de Carrasco habló de “imputabilidad disminuida” en el abuso sexual a Sofía Otero porque el acusado estaba bajo los efectos de un consumo excesivo de alcohol. La denunciante había planteado sobre la sentencia que “no estamos tan enfocados en el monto de la pena pero sí en que haya condena porque no puede quedar impune y lo que salga de ahí tiene que servir para el resto de las pibas”. La querella en el alegato hizo eje en una circunstancia puntual: se trató de una relación sexual que empezó siendo consentida y se convirtió en una violación. Otero reivindica, al denunciar, su derecho a ejercer el deseo, el placer y el goce, y desnuda la realidad de mujeres que, por haber accedido a tener relaciones sexuales, luego no son escuchadas y son estigmatizadas si denuncian una violación ocurrida en ese contexto. Sofía definió el después del juicio como “adueñarme de mi vida otra vez, pase lo que pase, poder darle cierre a esto”.

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