9 sept. 2019



Por el asesinato de la joven agente de tránsito, sus compañeros se movilizaron hoy en el Obelisco. Plantearon que no buscan generar violencia, sino regularizar sus contratos y justicia por Cinthia. La trabajadora y su compañero Santiago Siciliano -internado en el hospital Fernández- fueron atropellados por el periodista Eugenio Veppo que buscaba eludir un control de alcoholemia. Veppo se entregó ayer y quedó detenido en la comisaría 1ra de la Ciudad de Buenos Aires. (Por Agustina Salinas para La Retaguardia)

Fotos: Agustina Salinas



“Acaban de atropellar a una compañera mía, la mataron y otro compañero está grave. Te cuento esto porque la vida es una mierda, las amo, cuídense”. Es mi hermana expresando en algunas oraciones su bronca,  su miedo y  tristeza por la muerte cercana.  Escucho música y es Eterna Inocencia cantando  “me pregunto si tal vez ellos han pensado hoy en mis brazos ya cansados de entregarles plusvalor...". Es domingo 8 de septiembre y mañana se cumplen 3 años de los mal llamados accidentes laborales. David Ramallo, Diego Soraire y Richard Alcaraz morían en sus puestos de trabajo. Hace 3 años comenzaba a pensarse un espacio donde registrar e intentar prevenir los asesinatos laborales.  Hoy Cinthia Choque, la agente de tránsito atropellada y asesinada mientras trabajaba, ensancha ese registro de asesinatos laborales.


En diciembre de 2018 el espacio Basta de Asesinatos Laborales (BAL) presentó el primer informe de asesinatos laborales que arroja una cifra lastimosa: un promedio de 400 personas mueren en su lugar de trabajo por año. Sólo este registro alcanza para entender los riesgos a los que nos someten cuando trabajamos. Tanto la falta de controles dentro del trabajo, como la precarización laboral (que conlleva no alcanzar ni un mínimo de derechos básicos para trabajar), nos alertan sobre el riesgo en distintos niveles que implica el mundo del trabajo. Desde sueldos diferenciados por igual función –por ser monotributistas, tercerizadxs, o estar en negro–, brecha salarial entre hombres y mujeres, falta de equipamiento, herramientas de trabajo o vestimenta adecuada para cumplir las tareas. La hostilidad de trabajar se presenta en varias aristas: en el modo de contratación, el control constante, las horas extras obligatorias, las amenazas ante el intento de organización de laburantes, la pasividad de las burocracias sindicales fieles a las empresas y gobiernos de turno. El espacio BAL contabiliza las muertes de laburantes registradxs dentro del lugar de trabajo, por lo tanto, si pensamos en quienes no están registradxs, o las muertes por enfermedades laborales, el número de personas fallecidas aumenta. Esto quiere decir que nuestros cuerpos son descartables para los patrones, el estado y las burocracias sindicales.


Pienso en la desgracia de no tener trabajo y la desgracia de trabajar. Pienso en  la muerte innecesaria y injusta, temprana e inesperada. De un momento a otro tenés que llorar a alguien. De un momento a otro organizar algo para mostrar tu bronca.  De un momento a otro marchás, pintas un cartel, una consigna exigiendo algo básico: vivir.
Aún así, la potencialidad de cambiar las cosas está en nuestras manos, porque nos deben la vida. Nos deben miles de vidas.

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