23 sept. 2019



El colegio Mariano Acosta aprobó el uso del lenguaje inclusivo. Esto se ajusta a la ley de Educación Sexual Integral (ESI), a la ley de Identidad de Género y a la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. En el programa Tengo una idea, que conducen Graciela Carballo, Carlos Morchio y Nicolás Rosales en Radio La Retaguardia, participó Leonor, integrante de la secretaría de género de la agrupación Simón Rodríguez que conduce el Centro de Estudiantes del Profesorado en el Normal 2. (Por La Retaguardia)


La lucha por el lenguaje inclusivo continúa dando resultados, a pesar de tener en contra a instituciones como la Real Academia Española que, en muchos casos, sirve de justificación para quienes se oponen a este cambio en nuestra lengua. Leonor, de la agrupación Simón Rodríguez, pasó por La Retaguardia para contar sobre esta victoria.





—La Retaguardia: ¿cómo se forjó esta idea y cómo se instaló el lenguaje inclusivo?
Leonor: La realidad es que en nuestro profesorado y en varios profesorados, el lenguaje inclusivo es algo que ya venía sucediendo de manera cotidiana. Nosotres entregamos trabajos prácticos, evaluaciones, sostenemos conversaciones utilizando el lenguaje inclusivo y no solo les estudiantes sino también docentes arman su guías de trabajo o nos dan actividades que están escritas en lenguaje inclusivo. Y en ese sentido es más una respuesta política como para dejar institucionalizado y no dejar liberado a si un profe deja o si un profe no deja. Poder utilizarlo, porque también se está dando eso, la naturalidad -por decirlo de alguna manera, aunque esa palabra mucho no me cierra-. El proyecto lo presentamos desde la agrupación docente estudiantil Simón Rodríguez, que es la organización a la que pertenezco. Nosotros estamos actualmente en la coordinación del Centro de Estudiantes del Mariano Acosta. Y lo presentamos al consejo directivo que es el espacio de presentación de todos los claustros de la institución. Esto está enmarcado principalmente en la ESI (Educación Sexual Integral), en la Ley de Identidad de Género, en leyes que amparan a niños, niñas y adolescentes en lo que es materia de discriminación. Pienso que desde estos lugares se puede hablar muchísimo. La ESI es una ley en la cuál nosotres como docentes nos formamos, porque uno de los ejes es justamente poder ejercer esos derechos y como sujetos y trabajadores del Estado tenemos que ser quienes estemos formados en esa materia para poder llevarla a las aulas.

—LR: ¿El Mariano Acosta sería el primer caso en la Ciudad de Buenos Aires que incluye este lenguaje?


L: En profesorados de nivel terciario, sí. Previo al Mariano Acosta se dio el caso de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. A partir de que se aprobó ha habido cierto eco, acercamiento hacia nosotres para poder llevarlo a otros profesorados y eso nos parece que fue una muy buena respuesta.

—LR: ¿Dónde radica la importancia de incorporar el lenguaje inclusivo en el sistema educativo en general?

L: La importancia radica en que si estamos formándonos en materia de educación sexual integral, tenemos que tener presente que el lenguaje inclusivo de alguna manera tiene que estar institucionalizado en nuestros profesorados. Porque la ESI fue una ley que se discutió antes de ser oficializada y tiene 5 ejes que la rigen. Uno de ellos es el respeto por la diversidad, entonces dentro de este eje, la diversidad se siente, se manifiesta y se piensa. Tenemos que tener conciencia de que hoy en día en nuestras aulas y en nuestros profesorados habitan una multiplicidad de identidades y tenemos que estar a la altura, cuidarlas. El lenguaje masculino invisibiliza un montón de identidades, las femeninas y las no binarias, aquellas que no están ni en un género ni en el otro. Me parece que la escuela pública es un espacio en el que se tienen que dar estas discusiones y tiene que saber y estar preparada desde el cuidado, desde el respeto, la integración y de los derechos también.

Por último, Leonor reflexionó sobre ciertas dificultades que se dan en este proceso, “un lenguaje contrahegemónico al instalarse en un ambiente hegemónico va encontrar ciertas tensiones y rispideces. Yo trabajo en un programa en la 1-11-14, me siento con les niñes y nos sacamos las dudas del por qué 'les', lo explicamos. Tratamos de ser lo más pedagógicos posibles y que hay un otre que no necesariamente se siente identificado cuando decimos él, lo o los -por poner un ejemplo-, porque el lenguaje hegemónico es en masculino. Esto es muy reciente, la lengua cambia, es cultural. Está la figura de la RAE (Real Academia Española), que no lo aprueba y ahí nos tenemos que preguntar quién es la RAE, por qué tiene que decir qué sí y qué no, cuando en verdad quienes usamos la lengua somos nosotres, quienes nos alojamos y hacemos historia en el lenguaje. El paso que estamos dando es definitivamente sustancial, dando una respuesta política de visibilizar en el lenguaje a identidades no masculinas", finalizó.

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