10 sept. 2019



Como podía presumirse, varios de los sobrevivientes de la Masacre de Pergamino que aún continúan presos manifestaron temor a declarar y denunciaron amenazas. Tres se negaron a testimoniar en esta audiencia, aunque algunos de ellos volverán a ser convocados. Otros tres sí lo hicieron y respaldaron la versión que se viene imponiendo desde la primera audiencia: después del inicio del fuego, los policías que estaban de servicio aquel 2 de marzo, no hicieron nada para evitar la masacre. (Por El Diario del Juicio*) 



Sigue nublado en Pergamino. En las inmediaciones del Tribunal, poco a poco, comienzan a llegar los familiares de los 7 pibes junto a compañeros del colectivo Justicia X los 7. Aunque no debería suceder, familiares de los seis ex policías imputados también ingresan por la puerta principal.
Apenas pasadas las diez de la mañana inicia la quinta jornada del juicio oral y público, en la que siguen declarando quienes pudieron escapar del fuego.

“Podría haber sido yo”

Ingresa el primer testigo de la mañana, esposado, con la mirada baja, pegada al suelo. Los acusados lo siguen con sus ojos. “No recuerdo qué pasó ese día. No tengo mucho que decir. Vengo teniendo mucho sufrimiento y quise dejarlo de lado. Sólo puedo decirles que estuve una hora pateando y gritando y nadie se acercó… podría haber sido yo. Salí de ahí vomitando todo negro”, dice con temor. Su voz es apenas audible. “En el momento del hecho el humo venía del pasillo. Nosotros tirábamos vasos de agua para apagar el fuego. Yo estaba debajo de la cama, salía, pegaba dos o tres patadas a las rejas y volvía a tirarme debajo de la cama. Fue terrible, nos conocíamos todos ahí. Tomábamos mates, comíamos galletitas juntos”. Está nervioso y contesta que no recuerda muchas cosas; entre ellas, la declaración luego del incidente. El presidente del Tribunal, Guillermo Burrone, algo irritado, intercambia palabras con el testigo. “Ese día estaba mareado, no recuerdo haber declarado”. Ante la consulta de la doctora Margarita Jarque, del equipo de litigio estratégico de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) sobre las secuelas después del incendio, el testigo –que está detenido en la Unidad 3 de San Nicolás- aclara “no tuve acercamiento psicológico, nadie se acercó a mí. Me afectó mucho porque eran pibes que conocía mucho. Conocía a Federico Perrotta y a Sergio Filiberto, del barrio”. Por último, y ante la reiteración del testigo de que su memoria por momentos es confusa, finaliza afirmando que en las celdas había encendedores porque muchos fumaban. Rodrigo Díaz, asistente del abogado Gonzalo Alba, le acerca un cigarrillo mientras el testigo se retira, aceptando el regalo, sin mirarlo.


“Yo no sé si soy víctima, pero tuvimos suerte”

El siguiente testigo ingresa pocos minutos después. Se sienta frente al tribunal, custodiado por un oficial de la Policía bonaerense. Viste campera clara y pantalones oscuros. Enumera que ingresó a la Comisaría 1 de Pergamino por robo agravado, tres meses antes del incendio, y que la versión que él escuchó respecto al comienzo de todo fue por una pelea que no vio: “Yo estaba parando en el pasillo porque el día anterior había tenido una pelea con un interno de mi misma celda, la celda 3. Ahí, en el pasillo, yo veía todo, tenía visión de toda la comisaría”. Acerca de lo que vio, el testigo especifica: “Cuando se originó, el fuego era mínimo. Yo podía ver que estaban todos los oficiales, que se asomaban, pero no entraban. Los imaginarias, que ese día eran dos, cuando nos engomaron, estaban presentes. Cuando comienza el fuego también, porque uno les dice a los de la celda 1 que se podía prender fuego la cortina; pero al rato desaparecieron. Uno era Matías –Exequiel Giuletti-, el otro era al que le dicen ‘Rojitas’ porque es de Rojas”. La defensa comienza a intercambiar susurros y lecturas del cuaderno que circula entre los imputados mientras sigue el relato del joven: “En un momento de mucho humo, me sacaron del pasillo y ya no se veía nada. Me llevó una oficial mujer por el pasillo de contraventores a la celda 6, donde había dos chicos más. Fue Guevara, si mal no recuerdo. Tenía rulitos. Cuando me mueven, veo a los bomberos afuera. No habían entrado”. Acerca de si reconoció a quienes los encerraron previo al incendio, el sobreviviente expresa que “el oficial Eva nos encerró a todos y fue quien cerró los calabozos”.

El tribunal mira y escucha; la defensa susurra; un agente del Servicio Penitenciario Bonaerense ríe; la querella indaga:

-¿Conocías al comisario Donza? -quiere saber Margarita Jarque.

-Sí.

-¿Recordás ese día haberlo visto, fundamentalmente durante el momento del incendio?

-Sí, lo vi después del incendio, cuando yo estaba en el pasillo. Los vi a todos juntos hablando con los jefes, con jerarquía y le decían lo que él tenía que decir de lo sucedido en la comisaría y nosotros con los otros chicos empezamos a los gritos diciendo que no era así.

-¿En qué lugar sucedió eso? -consulta la abogada de la querella.

-Eso ocurrió en el pasillo, cuando nos juntaron a todos después de estar en el patio. Ya era de noche. Nos juntan a todos en el pasillo de contraventores y ahí lo veo a Donza con varios jefes que le decían lo que había sucedido, lo que tenía que haber dicho. Eran varios jefes, se ve por la vestimenta.

-¿Recordás qué le decía que dijera?

-No, no recuerdo. Pero nosotros le gritábamos que no era así.

La defensa solicita que el testigo quede a disposición del tribunal y el sobreviviente insiste, nervioso, con que no recuerda la versión de lo sucedido expresada a Donza. “Después del hecho, estuvimos en la comisaría con los cuerpos durante dos horas. No sabíamos quiénes eran los pibes muertos: mirábamos las zapatillas para distinguirlos. El fuego era mínimo, se podría haber evitado. Yo no sé si soy víctima, pero tuvimos suerte”, finaliza.

Cuarto intermedio.


“Sueño con los gritos de los pibes, son imágenes que no se me van a borrar más”

La querella indica al tribunal que hay dos testigos que piden declarar sin público y sin imputados, ya que así se sentirán más cómodos. El juez Guillermo Burrone indica que “los imputados van a estar sí o sí”, haciendo caso omiso a la solicitud. El siguiente testigo se hace presente. “Entré a la comisaría el mismo día del incidente. Entré a la celda 1 y me recibió Federico Perrotta para tomar unos mates, pero por un conocido del barrio me terminé yendo a la celda 6 a eso de las 17.30, después de comer. Antes de irnos a la celda, jugamos a las cartas con uno que dormía en el pasillo”. Sobre la tarde del incendio, recuerda que “empezó a haber humo y había gritos de desesperación. Gritaban ‘auxilio, nos quemamos’. Yo me tiré al piso y el humo fue bajando hasta asfixiarnos”.
El testigo, como marca recurrente entre quienes declararon hoy, está nervioso, no se mueve mucho, mantiene los ojos fijos en Burrone. “Yo gritaba más por los pibes que por mí. A mí el fuego no me llegaba. Nunca nadie se asomó, no había nadie”. La querella pregunta sobre alguna secuela y responde: “después del hecho quedé mal. Cuando hablo de eso, porque muchos que no conozco me preguntan, parece como si hubiese sido ayer. Sueño con los gritos de los pibes, son imágenes que no se me van a borrar más”. El silencio de la sala aturde. El tribunal autoriza al testigo a retirarse. 


“Recibí amenazas de muerte”

El Juez Burrone solicita al siguiente testigo, que entra a la sala, toma asiento y manifiesta que no va a declarar. Se le explica que tal decisión podría tener consecuencias pero el sobreviviente insiste: no va a declarar. Está nervioso, pálido. Se seca gotas de sudor de la frente con las manos, que le tiemblan. Su mamá, sentada justo detrás, se levanta. La querella pide que ambos se puedan encontrar y dialoguen: el tribunal no accede. Le consultan al testigo si se siente bien. “No”, responde. Autorizado, se levanta mientras su madre abandona el recinto llorando, nerviosa, junto a otros familiares, entre ellos su padre. La fiscalía indica que no va a desistir del testigo.

La querella informa que los dos testigos restantes están en la misma posición: no quieren declarar. El juez llama al jefe de los integrantes del Servicio Penitenciario Bonaerense, que ofician de custodia, y le solicita que traiga a los testigos “sin utilizar la fuerza” para que expliquen su negativa. El policía vuelve acompañado por el primero de los dos: es más adulto que los que ya declararon. Se sienta y también manifiesta que no desea declarar: “para mí esto es nada… la fiscalía nos dejó re tirados en la unidad penitenciaria”.

-¿Fuiste amenazado? -pregunta la querella

-No -responde. Ni la fiscalía ni la defensa volverán a convocar a este testigo.

Turno del último testigo. Guillermo Burrone, incansable, indaga para saber por qué tampoco quiere declarar. “Recibí amenazas de muerte. Yo y mi familia. Nos llegaron mensajes de texto. Tengo miedo por mi integridad física y la de mi familia”. El tribunal permite que se retire, anotando que la fiscalía no desistirá del testigo para otro momento del juicio. Ante el público atónito, finaliza el quinto día de audiencias en el Tribunal de Pergamino. 

Texto y fotos: Andres Masotto y Martín Parolari (Radio Presente)
Edición: Giselle Ribaloff (Radio Presente) y Fernando Tebele (La Retaguardia) 


*Este diario del juicio a los policías responsables de la Masacre de Pergamino, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva, Radio Presente, Cítrica y La Agencia Paco Urondo. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juicio7pergamino.blogspot.com 

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