30 oct. 2019



En los cabildos, especies de asambleas porteñas del 2001, y en las barricadas, el hartazgo de la población chilena busca nuevas formas de reconstrucción de lazos sociales rotos desde el golpe de 1973 en adelante. Aquí otra crónica de lo que se palpa en las calles. (Por La Retaguardia y Radio Presente - Enviados especiales)



Lunes otra vez sobre la ciudad, el primero sin estado de excepción desde que el presidente Piñera lo dictaminó
Desde muy temprano hay actividades por la ciudad y el país entero. Cabildos y ollas populares constantes donde la gente se va organizando, coordinando actividades, compartiendo la comida con las personas en situación de calle, preparando actividades de primeros auxilios y miles de emergencias más.
Al mediodía de ayer agrupaciones de Derechos Humanos se convocaron pacíficamente frente al palacio de tribunales, vestidos de negro, para honrar, denunciar y pedir justicia por todas las víctimas  de estas trágicas semanas. Participó Sergio Micco, Presidente de Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile, organismo que viene realizando una labor fundamental en estos días. Referentes de todo tipo y hasta la Presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Alicia Lira.
Las miradas son profundas e inabarcables, la mayoría no refleja miedo, pero la angustia y el dolor se palpan,  junto con la tenacidad y la alegría.



Pasado el mediodía jóvenes secundarios, universitarios y familias comienzan a aglomerarse en Plaza Italia, todo transcurre en paz. Hay grupos con redoblantes y bombos, muchas personas con sus ollas que llevan en la mochila todo el día y sacan para golpear apenas tienen la oportunidad. Sobre el monumento de la plaza, gente con banderas que no deja de cantar y saltar. Debajo, está la estación Baquedano, que cuenta con una Comisaría que aloja a policías que repliegan con gases y postas a los manifestantes que quieren acercarse.
Las consignas siguen siendo las mismas, la gente quiere estar en la calle con sus reclamos porque está cansada de vivir de ese modo.



Luego de las 16 horas, la gente ya comienza a contarse de a miles en los alrededores de La Moneda,  edificio histórico y central al cual nadie se puede acercar.
Son cuadras, múltiples manzanas que no llegamos a ver. Están enojados. Gritan, cantan, a pesar de los gases que empiezan a dibujar el cielo. Se dificulta respirar,, el miedo y el peligro se hacen constantes, pero la solidaridad y la organización de la gente no tiene precedentes. Muchas personas tienen botellas, rociador con agua y bicarbonato que van tirándole en la cara a los que han sido heridos y gaseados.
La gente se siente unida y cambiaron la mentalidad del consumo y la competencia por el amor y el compañerismo.



Las situaciones que se viven son inexplicables, y mientras corremos con temor muchos periodistas coinciden: “No sabemos cómo narrar esto”.
Ruidos y sirenas comienzan a desplazar a la gente del Paseo Bulnes y se repliegan por las calles paralelas mientras que al mismo tiempo en Plaza Italia siguen miles de personas manifestándose. Los bomberos realizan por toda la ciudad un intenso trabajo para apagar  los incendios y se ve un gran operativo por la Alameda.
Ya es de noche y el peligro se acentúa, el caos de la ciudad no permite saber cómo la gente regresará a su casa, porque no todos los transportes están habilitados.



Pasadas las 22.30 sigue habiendo personas que caminan y corren para todos lados, escapando por miedo o intentando llegar a su casa, nadie se quiere quedar solo. Ambulancias y móviles recorren la ciudad intentando ordenarla, para que pueda comenzar el otro día con “normalidad”, cuestión imposible en un país donde todo se modifica minuto a minuto. Hoy hay nuevas convocatorias por todo el país y todas las organización siguen reuniéndose, el paro general de mañana parece inminente.
Se seguirán sucediendo hechos sin la observación de la ONU, que suspendió sin explicaciones claras su visita a Chile. Solos y sin protección internacional, el pueblo no planea abandonar las calles.






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