25 oct. 2019



La Fiscalía nicaragüense estableció que Juan Darthes violó a Thelma Fardín. También que ella era menor de edad. Esto último es un agravante pero su ausencia no hubiera cambiado las cosas ya que se trató de una violación, no de una relación sexual que deviene delito porque se considera que no tendría capacidad plena de comprender y consentir. Estamos ante un abuso sexual con acceso carnal y con el agravante de la edad. Es preferible ser reiterativo pero claro. (Por Jorge Garaventa para La Retaguardia*)


El abogado del actor pidió al Juez que investigue el pasado de la víctima. Además, que se llame a declarar a un ex novio de Fardín, "quien podría convertirse en potencial imputado, ya que este tenía aproximadamente 23 años y mantenía una relación abierta con ella, siendo ella menor de edad".
No es azaroso este ítem, que difícilmente aportara algo a la defensa pero sí el sabor de una venganza al imputado. Enterado de que iba a ser denunciado, Darthés se comunicó con el ex novio de Thelma, buscándolo como aliado. No solo se encontró con un rechazo contundente sino que aquel se solidarizó con su ex novia y se puso a disposición. La defensa sabe que las situaciones no son equiparables. Además de la vendetta, se busca un golpe de efecto público que victimice al victimario. Se trataba de un noviazgo establecido donde a lo sumo la actriz podría haber sido víctima de lo que en aquel momento se llamaba estupro, pero no era el caso porque hablamos de una etapa de consentimiento relativo, mientras que Darthés violó a Fardín. Punto.
Darthés también solicitó que se investigara el pasado de Fardin para determinar si ella fue víctima en alguna oportunidad de abuso sexual o no, y por parte de quién.
Solicitó también que se pida a la  provincia de Río Negro, copia íntegra del proceso contra José Luis Fardín, padre de la presunta víctima.
Según Darthés, ese proceso incluye "innumerables pericias y datos sobre el hogar abusivo en el cual la denunciante forjó su carácter, lo que podría brindar un perfil de la presunta víctima, y permitiría aclarar aún más a los especialistas en psiquiatría". Como se sabe, el padre de la actriz argentina fue condenado a quince de años de prisión por haber violado "durante años a la hermana de la denunciante en la provincia de Río Negro".
Entre otras medidas, el actor pidió que se citara a declarar a la denunciante para que manifieste si acusó en el pasado a un exnovio de su madre —o a otros— de intentar abusar de ella, y también si fue víctima de violación u otra violencia sexual.
Darthés sostuvo que la hermana de Fardín declaró públicamente que la denunciante ya había realizado una denuncia similar contra un exnovio de su madre, generando un peligroso antecedente de "personalidad manipuladora".
La defensa no dista demasiado de la de los abusadores en general. Desacreditar a la víctima, poner en dudas su salud mental y suponer que está proyectando en un sujeto inocente del presente, aberraciones padecidas en el pasado. Tampoco se priva del recurso de empalidecer la moral de la denunciante colocándola en el lugar de quien fantasea frecuentemente padecer violaciones.
Si algo de todo esto fuera cierto, lejos de poner en duda las palabras de la joven actriz, finalmente las confirma.
Si bien no se puede afirmar que sea la situación de Fardn, la experiencia clínica nos muestra que frecuentemente quien ha sido victimizado tempranamente en el ámbito sexual, corre el riesgo de ser revictimizado.
Más taxativamente, en nuestro escrito “El mito del abusador abusado” sostenemos que quien ha padecido abuso sexual infantil queda en condiciones de ser abusado en todas y cada una de las circunstancias de su vida.
En este caso, el valiente acto de Thelma Fardín de denunciar pública y judicialmente a su abusador, es un freno contundente a cualquier posibilidad de revictimización.
El abuso sexual genera una devastación psíquica de difícil resolución. La denuncia es una de las formas de los procesos de reparación. La condena del abusador restaura socialmente el daño.
Darthés, como personaje público, puede hacer un aporte importante, al mostrar el cobarde ensañamiento que los abusadores descargan sobre sus víctimas.
Y no se trata solamente de los manotazos de ahogado para intentar salvarse cuando una víctima dice basta, sino de perpetuar el abuso a través de groseros intentos de patologización, humillación y vejación íntima, ahora pública de quien soportó de manera traumática e indefensa su perversa personalidad.
Thelma Fardín está tolerando hoy este escarnio. Una gran convicción y un colectivo de pares que acompaña y sostiene, alivia el sufrimiento pero no lo anula.
A diario, niñas, niños, adolescentes y adultas padecen estas formas de acoso judicial, muchas veces ante la mirada indolente de quienes deberían asistirlas y defenderlas. En buena hora que al menos en un caso, el oprobio sea visibilizado.

*Psicólogo
Diplomado en prevención y asistencia de la violencia

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