16 oct. 2019



Luis Baraldini, jefe de la Policía de La Pampa durante la dictadura, condenado a 25 años de prisión en esa provincia, fue encontrado paseando por el barrio porteño de Flores. Después de un paso por el Hospital Naval, el juzgado revocó su domiciliaria y ahora está en el Penal de Ezeiza. En diálogo con Fernando Tebele en Oral Y Público, Raquel Barabaschi, querellante en la causa y compañera de quien lo fotografió, se refirió a la situación. (Por La Retaguardia)


Una secuencia demasiado larga llevó a la prisión al ex jefe de la Policía pampeana durante la dictadura. El genocida condenado hace apenas meses a 25 años de prisión, contaba con el beneficio de la prisión domiciliaria, como más del 60% de los condenados e imputados en causas de lesa humanidad. Pero como ya sucedió en otros casos, no es el Estado quién controla el cumplimiento, sino las propias víctimas. En este hecho puntual, Luis Barotto, unas de las víctimas de Baraldini, lo cruzó por las calles del barrio porteño de Flores. Su compañera Raquel Barabaschi, querellante en la causa, aseguró qué hicieron después de la conmoción. “Luego de que hiciéramos la denuncia, el Tribunal le ordenó a Baraldini que estuviera el 30 de septiembre en Santa Rosa (La Pampa) compareciendo y haciendo el descargo de por qué violó su arresto domiciliario. Al día siguiente, a la tarde, su defensa informó que había tenido un ACV y estaba internado en el hospital Naval, nosotros desconfiamos. El Tribunal, entonces, envió a dos penitenciarios a hacer guardia al hospital y revocó la domiciliaria. La defensa presentó una apelación invocando la falta de humanidad”, afirmó Barabaschi con una risa irónica. “Hacen un planteo ridículo, infantil, diciendo que es una puesta en escena de la querella, o sea, nosotros, una opereta. Además, la defensa se justificó diciendo que Baraldini bajó porque en el segundo piso de su edificio hay un médico que tiene un consultorio y que muchas veces tocan timbre en su departamento equivocadamente. Dice que tocaron insistentemente timbre en su casa, que su esposa estaba en el baño y que nadie respondía al portero, entonces tomó la decisión de bajar y, oh casualidad, la llave quedó adentro. Entonces, se supone que en el momento en que lo vieron, Baraldini estaba sentado tratando de comunicarse con la esposa para que bajara a abrirle la puerta”, explicó acerca de las explicaciones que dio el condenado, y agregó: “Además, la defensa dice que el que tocaba timbre y no se daba a conocer era Luis, quien lo vio. No es la primera vez que Baraldini viola su arresto domiciliario, ya lo vio otra víctima subir en Buenos Aires a un micro a Santa Rosa, iba con su hija. Los compañeros del movimiento de Derechos Humanos en Santa Rosa lo esperaron para hacerle un escrache y fueron denunciados como violentos. Hicieron una presentación en la justicia diciendo que habían empujado o insultado a la hija, cosa que no era verdad. Todo quedó en la nada. Funcionan así para justificar sus tropelías”, aseguró.

Experto en escapar de la justicia

Barabaschi contó una tercera vez en la que el genocida violó la domiciliaria: “En otra oportunidad, un periodista lo vio en la calle, en Santa Rosa, solo, y adujeron que el yerno tenía que buscarlo para ir al médico pero como no había donde estacionar fue caminando hasta donde estaba el auto de él”. Al momento de la charla con Barabaschi, Baraldini seguía en el Hospital Naval, pero el último jueves le dieron el alta y eso derivó en que marchara preso al Penal de Ezeiza. ·Baraldini fue el jefe de la Policía y de la patota que operó en La Pampa. Además, se alzó como carapintada durante el gobierno de Alfonsín, después se profugó a Bolivia y ahí también tenemos noticias de que pergeñó un ataque contra Evo Morales”, recordó Barabaschi.
“En el primer juicio en 2010, no estuvo porque estaba prófugo. Cuando se lo trajo a Argentina se le concedió el arresto domiciliario por su edad, tiene 82 años. En La Pampa fueron 240 víctimas y él tiene responsabilidad sobre 188. No es cualquiera. Tuvo la impunidad de fugarse cuando teníamos gobiernos menos permisivos con los milicos; con la política de este gobierno de negacionismo, no le sería difícil fugarse otra vez. Además, él tiene la tobillera y aducen que el monitoreo no acusó ninguna anormalidad, por lo tanto no se había alejado de determinado radio. Nosotros no somos responsables de ver si cumplen o no, lo que no queremos es ir caminando por la calle y cruzarnos a estos tipos”, planteó sobre la situación legal de los genocidas condenados.

Una historia que parece del pasado, pero no

Barabaschi se refirió al caso de Luciano Arruga, luego de haber visto la película de Ana Fraile y Lucas Scavino de reciente estreno: “Fui al cine a ver ¿Quién mató a mi hermano? Reconocimos lo que nos pasó a nosotros en las vivencias de lo que pasó Luciano. La lucha y la potencia de Vanesa (Orieta, la hermana de Luciano), que chocó con tantas paredes, nos pasó a nosotros en este proceso de búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia. Es una película que debiera darse en los colegios. Entre los chicos es donde más hay que construir y donde más se puede sembrar. Nosotros ya hablamos con la responsable de la sala INCAA en Santa Rosa para pedir traerla a La Pampa”, contó para finalizar, dando cuenta de las gestiones que están realizando en varias provincias ante las salas del circuito INCAA para que se proyecte la película. Entre las vinculaciones entre la causa de Luciano y las vinculadas al genocidio, también aparece claramente la impunidad. Aunque esta vez, después de muchas vueltas, Baraldini está donde tiene que estar: en una cárcel común.


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