15 oct. 2019



Horacio Rodríguez Larreta inauguró el Paseo del Bajo y la escalinata del eje histórico que une Puerto Madero con Casa de Gobierno. Pese a lo que dicen desde la página del Gobierno de la Ciudad, la escalinata no tiene acceso para sillas de ruedas. Rampas a medias y ascensores fantasmas dentro de la lógica de una ciudad que discrimina. (Por Paulo Giacobbe para La Retaguardia)

Clarín no siempre miente. “Atrás de la Rosada. Inauguraron la ‘Escalinata-puente’ del Bajo y ya se puede ir caminando desde Plaza de Mayo hasta Puerto Madero”, informaba desde el título el 26 de mayo de este año. La Nación, también desde el título, estaba de acuerdo: “Paseo del Bajo: inauguraron las escalinatas que conectan Plaza de Mayo con Puerto Madero”. Pero en el interior de la noticia de La Nación algo de mentirita había: “En ambos laterales, hay rampas para ser utilizadas por bicicletas, cochecitos para bebés y sillas de ruedas, además de contar con un ascensor”. Clarín, en cambio, tomaba precauciones: “Por el costado, chicos y grandes subidos a bicicletas y familias con cochecitos iban y volvían en superficies diseñadas como rampas. En los próximos días, también ahí, se instalarán ascensores”.


Eran superficies diseñadas como rampas, no exactamente rampas. Iban y volvían, no cruzaban. Para cruzar, a subir o bajar las escaleras, le faltó aclarar. Pero Clarín no habla de sillas de ruedas, lo sabe imposible, no miente en esa. Y dice que los ascensores se van a instalar en un futuro. Para La Nación, en cambio, además de las rampas se cuenta con un ascensor. Para ellos ya está.


Lo cierto es que se trata de una escalinata-puente y como tal, no tiene acceso para personas con discapacidad, ni ascensor, ni nada. O al menos, para ser exactos, tiene rampas hasta la mitad. Una vez que subiste no podés cruzar, porque de un lado (oeste) tiene rampas y del otro (este) escalera. Y del lado de la escalera, lo que debería ser una rampa, con sus respectivos descansos, parece más una bajada de agua, sin descansos y demasiado angosta. Tan angosta que no entran una silla de ruedas ni un cochecito de bebé. Apenas una bicicleta. Así que se trata de eso: el gobierno de Rodríguez Larreta inauguró una escalinata. Y así la bautizaron desde el Gobierno de la Ciudad: escalinata eje histórico. El problema es que aseguran desde su página: “Escalinatas eje histórico. Una amplia escalinata conectará la Casa Rosada con Puerto Madero desembocando en el Puente de la Mujer. Se trata de una estructura de hormigón armado de 6,5 metros de altura, 50 metros de ancho y 55 metros de largo, con 47 escalones divididos en 4 tramos de 11 escalones cada uno, con 3 descansos”. (Algunos maceteros con tierra y luciendo un arbusto seco sin hojas impiden que te caigas por uno de esos descansos de la escalera sin señalizar, en una obra que a las claras fue inaugurada sin terminar). Y lo central: “En ambos laterales, hay rampas para ser utilizadas por bicicletas, cochecitos para bebés y sillas de ruedas, además de contar con un ascensor”.
Repetimos, dicen que “en ambos laterales, hay rampas para ser utilizadas por bicicletas, cochecitos para bebés y sillas de ruedas, además de contar con un ascensor”. El Gobierno de la Ciudad es textual a la nota de La Nación mencionada.
O también puede decirse: La Nación es textual al Gobierno de la Ciudad mencionado. Pero además de copiar y pegar, lo que dicen es totalmente falso y no hace falta ser un experto en ninguna materia para darse cuenta de que no es así. Alcanza con ir y ver. Pero volviendo al tema de no ser experto, sin ser ingeniero o arquitecto, uno se pregunta: ¿por qué no pusieron rampas del otro lado? Espacio a los costados tenían. No es que matemáticamente no se podía. No hay nada. Y la única respuesta que encuentro es que la Ciudad de Buenos Aires no es inclusiva. No está pensada para transitarla en silla de ruedas o con cochecito de bebé.
No está pensada de esa manera. Está pensada sólo para el tránsito vehicular.  Por eso el semáforo para llegar a la base de la escalinata del eje histórico es exigente. En apenas 30 segundos tenés que cruzar la Avenida La Rábida, si no lo lográs quedás varado en un angosto bulevar, en una avenida de tránsito rápido, con carriles del metrobus a tu lado. El semáforo puede tardar cinco minutos hasta volver a darte el paso. Cuando llegás a la vereda te recibe una bicisenda doble sentido, volvés a cruzar otra calle, y recién ahí podés subir la escalinata del eje histórico hasta donde te dé, y desde ahí arriba, mirar por donde cruzar por abajo hasta el otro lado.


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