30 nov. 2019




Lo dijo el fotógrafo y comunicador social Rolando Andrade, apenas regresó de Bolivia, desde donde tuvo que -literalmente- escapar. Fue invitado a Radio La Retaguardia y relató su periplo:  las fotos de la represión, el desprecio por los pueblos originarios, el cerco mediático y las amenazas que recibió durante su estadía en La Paz, una ciudad militarizada. Andrade se metió en medio del conflicto y evidenció como pocos la violencia desmedida con la que se maneja el golpe de Estado en Bolivia. (Por La Retaguardia)

Fotos: Rolando Andrade Stracuzzi (Estas fotos están protegidas por la Ley 11723 y el autor prohíbe su uso en medios de comunicación comerciales)

Rolando Andrade, más conocido como Rolo, sacó en Bolivia muchas de las fotos que La Retaguardia y otros portales de comunicación autogestivos utilizaron en sus notas para graficar la represión y la violencia que se vive allí. Andrade trabaja en Clarín/Agea como reportero gráfico, pero no viajó enviado por el multimedio sino por su condición de comunicador popular y no permitió que su material sea utilizado por los medios hegemónicos. El fotógrafo estuvo en La Paz durante la represión al cortejo fúnebre que bajaba desde El Alto para manifestarse frente a la Casa de Gobierno: “Llegué el 20 de noviembre. El 21 fue la marcha con el cortejo fúnebre para mostrar los muertos a la autoproclamada presidente (Jeanine) Áñez. Ellos hicieron como 30 km desde El Alto hasta la capital, La Paz. Su intención era llegar hasta Murillo, donde se encuentra la Plaza de Gobierno. Solo pudieron llegar hasta la plaza San Francisco, que está como a 5 cuadras de allí. La manifestación era pacífica. La Policía y el Ejército no querían que siguieran avanzando y comenzaron a disparar gases lacrimógenos y balas de goma a discreción, sin ver que había niños, ancianas, ancianos y familias completas. La gente de La Paz se dio cuenta que es un golpe de estado. La propia población se dio cuenta que ha sido una usurpación del estado de derecho. A pesar de que los medios de comunicación ocultan al 100% la realidad, el pueblo paceño le daba agua y comida a la gente que venía bajando desde la mañana del Alto. Cuando llegaron fueron reprimidos. En mi vida había visto que pudieran reprimir cuando llevaban a los muertos en los hombros. Me pareció muy impactante cuando hice las fotos. Era en la mitad de los tiros y los gases. Tenía una máscara, unas antiparras y un casco”, contó Rolo en el estudio Víctor Basterra de La Retaguardia.
El fotógrafo hizo un análisis sobre la ferocidad e impunidad que retrató en sus fotos y contó acerca de las maniobras que realizaron desde el gobierno de facto para impedir la comunicación entre quienes se manifiestan y quienes pretenden contar esas marchas: “Están haciendo golpes militares y policiales en todo el continente. Hay que ser precavidos con esa violencia que se ejerce contra el pueblo. Las fuerzas policiales y las fuerzas militares no tienen un freno. Cuando les dan la orden de reprimir entran con los tanques. Sentí que estaba de vuelta en los '70. Ver tantos tanques, tantos militares en la calle, en los espacios públicos… Están limitando el internet en los espacios públicos. La población se preocupa porque le han sacado hasta el derecho de estar comunicados con las familias. Eso me causó un poco de terror, porque cuando llegué al aeropuerto estaba rodeado de militares y no me podía comunicar con la persona que venía a buscarme. La población ha sido convencida de que los extranjeros vamos a molestar en su reconstrucción. Ellos dicen que están en paz, que allá está todo tranquilo”, explicó.
Para Rolo, la saña más grande es para con los bolivianos pertenecientes a los pueblos originarios y la estrategia de la dictadura boliviana es mantener al margen del conflicto al resto de los y las ciudadanas: “La población estaba dolida por los 10 muertos. La represión tan fuerte de ese día fue para dar un mensaje a la gente de La Paz: no se metan, el problema es con ellos no con ustedes. La mayoría de la población quiere que se vaya Áñez. No la quieren. La consideran una asesina. Tiene más de 34 muertos y muchos desaparecidos. Eso me hizo acordar a las Madres de Plaza de Mayo”, retrató el fotógrafo.



Andrade contó sus sensaciones mientras retrataba la represión y ejercía su rol de comunicador. Habló del cerco mediático que existe en Bolivia y de la desesperación del pueblo en busca de ayuda y difusión: “La gente me rogaba que las grabara. Me querían mostrar las heridas. Era una necesidad de ser escuchados. Decían que necesitaban a la prensa internacional porque la local mentía, decía que entre ellos se mataban. La prensa local está en otro canal, no está en el conflicto. Consideran que es una guerra, pero ellos no tienen armas. Solo tienen una wiphala. Era desgarrador lo que pasaba. Tienen en claro que el gobierno no los quiere. Consideran que es una dictadura cívico-militar y policial. Todavía tienen la negación de decir que es religiosa. Eso es lo que más me impactó. Que esté Dios presente, que bendiga las armas, me traía mucho dolor”, dijo a La Retaguardia.

Los medios en Bolivia no solo se cierran para adentro sino que también pretenden expulsar a cualquier periodista extranjero que vaya a la región a contar del golpe de Estado que está viviendo el país. Rolo contó las amenazas que sufrió por parte de reconocidos empresarios mediáticos bolivianos en medio de una asamblea de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y acerca del plan de escape que tuvo que realizar para salir ileso del lugar en donde se encontraba: “Me dijeron que me tenía que ir del hotel. Me prepotearon e intimidaron. Amalia Pando, que vendría a ser como la Magdalena Ruiz Guiñazú de Bolivia, me dijo que yo era un infiltrado, un terrorista y un comunista. Yo soy un periodista que trabaja en Clarín. Todo en el medio de una Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los medios de comunicación son parte del brazo armado de la dictadura que existe en Bolivia. Son los brazos armados del silencio. Te llevan a intimidarte. Edgardo Vázquez, presidente de la Federación de Trabajadores de Prensa de La Paz, me dijo que yo no tenía nada que hacer ahí, ni en La Paz ni en Bolivia. Que los problemas de bolivianos los arreglaban entre bolivianos. Los trabajadores de prensa me quitaron un cargador de celular, que me habían prestado, para que no pudiera comunicarme. Los organismos de DDHH nos sacaron a todos y a mí me resguardaron. Para salir intervino la seguridad del hotel. Me llevaron a un subsuelo de un garaje. Tenía un auto esperándome. A dos cuadras me esperaban dos colegas. No era mi plan volverme. Me hubiera gustado estar en la asamblea de El Alto. Lo que yo había escuchado lo volví a escuchar frente a la CIDH, las víctimas de esta masacre del El Alto. Hubo un enfermero que estuvo tratando de ayudar y ahora está preso por haber participado en salvar vidas. Ninguno de los hermanos ni las hermanas tienen atención en los hospitales. No tienen quién vea a los que tienen las balas adentro. Siguen padeciendo lo que pasó”, narró Andrade.

Sobre el rol de los medios populares que cubren las consecuencias de la dictadura en Bolivia dijo: “Yo fui por mis condiciones humanas, como comunicador social. Confío en los medios populares”, y criticó a los medios masivos de comunicación: “Las corporaciones mediáticas, medios hegemónicos de negocio privado comercial, no han hecho nada para mandar periodistas a cubrir Bolivia. Esos medios tienen espalda para sacar un pasaje de urgencia y sacarlos del país. Tienen espalda como para  que la embajada los pueda resguardar con Gendarmería”, explicó.  También, habló de la importancia de la comunicación alternativa para lograr que la información se difunda y poder dar a conocer lo que pasa en la región: “Yo voy a entregar a los medios populares todo mi material para que siga creciendo la comunicación y lleguemos más lejos para romper el cerco informativo e informático. Tenemos que romper esa hegemonía de la voz única que son los medios grandes. Comunicar es nuestra libertad y nuestro derecho. Vamos a cumplir un rol muy importante, que es no abandonar donde está la necesidad de estar”, aseguró el fotógrafo.



Por último, Rolo analizó la raíz del conflicto interno de Bolivia. Habló del odio del boliviano blanco al indígena y avisó que la resistencia del pueblo boliviano no va a bajar los brazos: “El gobierno de turno considera que los pueblos originarios son sus enemigos. La burguesía de Bolivia no los quiere, pero ellos saben sus derechos y  no van a permitir que la burguesía los gobierne y los esclavice de nuevo. El pueblo, por muy sangrado que esté, no baja los brazos. Ellos tienen un lema: 'el pueblo de El Alto está de pie, nunca de rodillas'. Ese grito de libertad no lo van a bajar nunca. Eso significa que en Bolivia no va a haber paz en mucho tiempo. Esta dictadura está matando al pueblo de Bolivia. Necesitan seguir expresando su necesidad de libertad. Están atrapados. Nosotros somos responsables, también, de poder otorgarles esa libertad. La población blanca de Bolivia siente que se les ha dado mucho a los pueblos indígenas. Son parte de la oligarquía que los ha venido sometiendo hace 540 años. América Latina está de pie y no se los va a perdonar”, cerró.


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