18 mar. 2020



No es la primera peste ni será la última, por eso esta cuarentena nos encuentra con buena cantidad de insumos, ficciones e historias. Atrincherado en su casa, Paulo Giacobbe ofrece algunos buenos recuerdos de ciencia ficción que podrían hacernos sentir en casa. (Por La Retaguardia)

✍ Texto 👉 Paulo Giacobbe 💻 Edición 👉 Rosaura Barletta 📷 Foto 👉 Natalia Bernades

Octubre 2008. Calor. En una pieza sin posibilidades de apaciguarlo, Fernando Bonsembiante daba la primer charla de la FliA, Feria del Libro Independiente y A, en la Fábrica de Globos La Nueva Esperanza: La mitología moderna: principio y fin del mundo en la Ciencia Ficción.
Bonsembiante explicaba que para la ciencia ficción siempre sobrevive alguien al fin del mundo, más que nada pada poder contarlo, para tener una historia. Aunque todos mueran, siempre alguien queda, al principio puede estar solo, pero después descubre que no, que hay más sobrevivientes. En un televisor de esos cuadrados, Fernando pasaba a Kubrick, Viaje a las estrellas y los Simpson (el capítulo de la bomba de neutrones que cae en Springfield), para fundamentar sus dichos. Fernando Bonsembiante, Ubik, moriría un par de años después. La ciencia ficción, de la que es parte, lo sobrevivió. Se perdió el Coronavirus.
La película 12 Monos comienza contando que un tipo en un loquero asegura que 5 mil millones de personas morirán a causa de un virus letal en 1997. En realidad, la humanidad sobrevive y se va a vivir bajo tierra, como Los Mastunas. Entre los sobrevivientes existen algunos con más poder que otros, porque hay gente presa que es obligada a viajar en el tiempo hacia el pasado para saber que onda con el virus ese. Ciertos privilegios se mantienen tanto arriba como debajo de la superficie. Recomendarla es poco. Ciencia ficción, virus letal, viajes en el tiempo, apocalipsis y Bruce Willis niño.
Un Bruce adulto, con curitas en toda su cara ruda pelada, atado a una cama, tiene un disparate de diálogo. Se cree loco. Quiere curarse. Se ríe, Bruce, como si fuera loco. Sabemos que es un actor, pero se ríe como se supone se ríe un loco, como si fuera loco. Y entonces dice: “Ustedes no existen. No son reales. Nadie puede viajar en el tiempo”.
En una escena posterior, un Bruce inyectado, atado a la misma camilla que antes, escucha una voz. Queda claro que Bruce no sabe lo que quiere pero lo quiere ya. Bruce pelado, sedado, nos recuerda a Prodan. No lo puede pensar nadie eso, pero esta en nuestro inconsciente. Bruce Willis en 12 monos es Luca Prodan.
La escena que sigue es increíble. Ciencia ficción pura.
Del final de la película no se puede decir mucho. La gente que no la vio se puede poner mal, no quiere saber el final, aunque sea una peli que tiene 25 años y no esté en sus planes verla. Es entendible. No se sabe cuándo la podés ver de casualidad, en un largo viaje en micro con varias horas de incomodidad en un asiento. Varios días. Aunque es improbable, pues no pasan estas pelis en los micros. La opción más baja es Youtube, pero está en latino. Recomendarla es poco.
Estuvo casi todo el día lloviendo, pero con algo de calor. Cuando llovía fuerte, el agua de las calles crecía. Bajaba rápido, probablemente a causa del mismo calor agobiante. Los mosquitos parecían atacar de manera organizada. Además, estaban inflados como ninja con músculos. El repelente, lejos de ser efectivo, parecía atraerlos.
Por las calles, cuando bajaba el agua, caminaban más personas. Pero en verdad nunca dejaban de pasar del todo. Nadie se tocaba. Usaban barbijos en un número menor que la semana pasada, o eso parecía desde la ventana de mi casa.
Es impensado que nadie camine sin uno de los tubos verdes con el dibujito del pino. Los fumigados verdes. La gran mayoría están yendo a trabajar, la minoría vuelve. Aunque no hay forma de saber eso, cuántos van y cuántos vuelven. Es por el tiempo que llevo acá dentro que ando pensando así.

Buenos Aires, 14-3-2022

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