23 abr. 2020



Vanessa Dourado nos invita a reflexionar acerca de algunos temas que, en plena pandemia de coronavirus, no figuran en la agenda prioritaria. Mientras que los medios tradicionales consultan día a día a los y las mismas especialistas, Dourado recopila información que da cuenta de formas de avanzar hacia un pacto económico y social, enfrentando al modelo dominante mundial de producción y consumo, a través de alternativas como la agroecología y la economía popular y cooperativa. (Por La Retaguardia)

✏ Redacción: Vanessa Dourado
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero
📷 Foto de portada: https://havanatimesenespanol.org

El COVID-19 logró poner el rol del Estado en el centro de los debates. En los últimos meses, todo el mundo acompaña con atención las decisiones de quienes lideran los distintos países respecto de las medidas tomadas para controlar la pandemia. La incapacidad de responder a la crisis se nota concretamente materializada en los hechos: la cantidad de personas infectadas, de vidas perdidas y el caos causado por la falencia de los sistemas de asistencia sanitaria. La salida encontrada por muchos gobernantes es combatir el problema a través del rescate de una lógica belicosa, de la represión y del ideario de guerra. Sin embargo, sale la luz el contexto en el cual se enmarca esta crisis.

Según un estudio del año 2016 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP por sus siglas en inglés), el 60% de todas las infecciones en humanos es zoonótica. El mismo estudio demuestra que una nueva enfermedad infecciosa surge en humanos cada cuatro meses. Los contagios a causa de este tipo de infecciones llegan a la cifra de mil millones a cada año.

La actividad humana ha alterado el 75% de la superficie terrestre. Estos disturbios en los ecosistemas —de forma directa o indirecta— son la causa de la propagación de muchas enfermedades transmisibles y no transmisibles. Según la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés), 100 millones de hectáreas en los trópicos fueron transformadas para la expansión agrícola entre los años 1980 y 2000. La agricultura industrial es la principal causa de deforestación en América Latina. La cifra, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), llega a 70%.
La destrucción de los ecosistemas, más allá de causar el desequilibrio biológico que genera enfermedades, también reduce el acceso a las materias primas para la fabricación de remedios. Entre 25% y 50% de los productos farmacéuticos son derivados de los recursos genéticos encontrados en la naturaleza.

Seguir con el mismo modelo de producción, consumo y distribución dependiente de la quema de combustibles fósiles y de la deforestación y contaminación del suelo, agua y aire significará permitir que surjan más pandemias y demandará más recursos económicos para cubrir los daños causados por sus consecuencias. Asimismo, otros eventos extremos relacionados al cambio climático han exigido que los Estados se hagan cargo de los daños que son, en su mayoría, causados por las actividades de empresas privadas.

Para dar cuenta del tamaño del desafío, muchos economistas y expertos han planteado la necesidad de un nuevo pacto económico y social, algo ya adoptado anteriormente en Europa y Estados Unidos, como el Plan Marshall y el New Deal. Un proyecto de ley para evitar una depresión se negocia en los Estados Unidos, el plan de estímulo que inicialmente prevé 2,2 billones de dólares para salvar la economía es el mayor de la historia. Sin embargo, la crisis no puede ser afrontada solo desde lo económico y social cuando lo que hay es el rompimiento de un elemento central para garantizar que el Sistema Tierra, tal como la conocemos, siga existiendo. Salvar a las empresas responsables por la crisis climática y garantizar empleos que contribuyen a agravar las condiciones de calamidad sanitaria en consecuencia de las actividades contaminantes y depredadoras de las industrias estadounidenses es financiar el caos futuro.

Tomando las experiencias de estas medidas de emergencia y adaptándolas a las necesidades reales en este espacio-tiempo, profesionales de distintas áreas están haciendo el esfuerzo de formular una alternativa que pueda resolver el problema a través de políticas públicas que abarquen las esferas ambientales, sociales y económicas A corto plazo, en los Estados Unidos, desde los que defienden el llamado Green New Deal se propone que el estímulo económico —que será mayor que estos 2,2 billones iniciales— sea “verde”, o sea, que ya sirva para empezar una transición hacia fuentes de energía limpias y renovables; transporte, agricultura y urbanismo sostenibles y la creación de empleos verdes, con el objetivo de empezar un cambio y seguir profundizando con más políticas públicas restaurativas hacia futuro. La propuesta que se discute en Estados Unidos es una forma de pensar otros horizontes que no sean estos que ponen lo económico por encima del sostenimiento de la vida y está en debate también entre aquellos que plantean que no volver a normalidad es la única alternativa posible en un escenario post-Covid.

“Un Gran Pacto Ecosocial y Económico”, es lo que, desde Argentina, plantean la socióloga Maristella Svampa y el abogado ambientalista Enrique Viale. La propuesta de una transición justa pasa no solo por cambiar la matriz productiva contaminante —que es el caso de los combustibles fósiles, mayor responsable por la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera— hacia fuentes de energía limpias y renovables, sino que también plantea un cambio de paradigma que implica una modificación en los patrones de consumo y la relación entre las personas con la naturaleza. Svampa y Viale lo llaman “transformación integral y holística”.

Para lograr este pacto, todos los sectores de la sociedad deberían trabajar conjuntamente: sindicatos, movimientos sociales, de mujeres, indígenas y juveniles desde una perspectiva interseccional en clave ecosocial que contemple la justicia racial. “La justicia ambiental y climática sólo será posible con consenso social”, afirma la socióloga. “Una brújula en tiempos de crisis climática” que está en proceso de edición por la Editorial Siglo XXI, es el título del libro que saldrá en los próximos meses y que cuenta con un capítulo sobre transición.

Svampa y Viale son referentes de la causa socioambiental en la Argentina y América Latina. Especialistas en temas ecológicos. Su trabajo está profundamente vinculado a los colectivos socioambientales, dentro y fuera del país, con las temáticas relacionadas a los extractivismos en clave latinoamericana, sobre todo el fracking, minería y agronegocios.

“Un Nuevo Acuerdo Verde”, reconstruir el mundo e imaginar cómo funcionará esta sociedad justa, sana, eco-dependiente, feliz y amorosa es lo que invita a pensar el sociólogo estadounidense Daniel Cohen. Daniel es co-autor del libro “A Planet to Win: Why We Need a Green New Deal” (aún sin traducción al castellano). La obra propone una transición hacia una sociedad con justicia social, económica y ambiental en un proceso de construcción con la participación de los movimientos sociales, sindicatos y comunidades con una movilización masiva de recursos del Estado hacia la realización de un proyecto transicional. Daniel trabaja directamente junto a los movimientos sociales, dentro y fuera de los Estados Unidos, con el temático derecho a la ciudad, vivienda y capitalismo racializado —que pone en cuestión el elemento racial en la construcción histórica del capitalismo—.
Thea Riofrancos, también co-autora de “A Planet to Win”, plantea que las fronteras de los Estados nación no pueden ser una barrera para la imaginación política y que el internacionalismo y la construcción de solidaridad e integración entre movimientos sociales y gobiernos de todo el mundo deben ser la base de la construcción de una transición ética tanto en su extensión ecológica como también económica y política. Defiende que el Norte Global debe garantizar que la transición sea justa y, además, decolonial, antirracista y no depredadora de los territorios del Sur. La politóloga ha trabajado en Estados Unidos con colectivos de base relacionados a la transición y desprivatización energética y en Chile con las comunidades que se enfrentan con la explotación del litio y los megaproyectos mineros.

Las propuestas tienen la intención de construir un bloque histórico que pueda servir a la sociedad de forma material y simbólica para lograr un cambio de paradigma, teniendo en cuenta la acumulación  de las luchas concretas que plantean, además de ya practicadas, alternativas al modelo dominante; como la agroecología y la economía popular y cooperativa. Un plan ambicioso y necesario para hacer frente a un escenario que pone sobre la mesa la base material de la vida. Los diálogos y la construcción de un bloque Sur-Norte abren un espacio que no solo fortalece lazos de solidaridad, sino que también avanza con el diseño de un modelo global que permita romper con las diferencias para lograr complementar las posibilidades.

Fuentes:

https://www.nature.com/articles/ncomms12558

https://wedocs.unep.org/bitstream/handle/20.500.11822/7664/Frontiers_2016.pdf?sequence=1&isAllowed=y

http://www.fao.org/americas/noticias/ver/es/c/425614/

https://medium.com/@green_stimulus_now/a-green-stimulus-to-rebuild-our-economy-1e7030a1d9ee

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3367654/

https://news.un.org/es/story/2020/04/1472482


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