20 abr. 2020



Lo dijo el psicólogo Jorge Garaventa en diálogo con el programa La Retaguardia, a propósito de las soluciones que brinda el estado a quienes denuncian violencias. En esta entrevista, de hace dos semanas, el profesional advierte sobre lo insuficiente de algunos métodos contra las violencias en el marco de la cuarentena obligatoria. De ese momento a hoy, se sumaron los femicidios dentro del ámbito familiar. Camila Tarocco, quien estuvo más de diez días  desaparecida, fue encontrada asesinada.  Su ex pareja, Ariel Alberto González está detenido y confesó el femicidio. Camila ya había denunciado a González por amenazas y lesiones. (Por La Retaguardia)

🎤 Entrevista: Fernando Tebele ✏ Redacción: Agustina Salinas 💻 Edición: Rosaura Barletta


La Retaguardia: Hay una necesidad de buscar información no contaminada que te permita reflexionar de alguna manera y así se llega a los medios alternativos.

Jorge Garaventa: Una cuestión que tenemos que plantear tiene que ver con la información y las noticias que no están, que desaparecieron de los medios, la cuestión de las violencias contras las mujeres. Se habían ganado esos espacios y ahora no están. Una lectura facilista diría que si las mujeres que están encerradas en sus casas con sus agresores y los niños y niñas comparten la casa con sus abusadores, la están pasando peor ¿Es así?
No solo es así, sino que lamentablemente, es lo que nos devuelven los números duros y las informaciones que nos llegan una vez que ya todo el proceso que podía haber sido prevenido llegó al clima de las violencias. Me refiero específicamente a esto que ocurre, que paradójicamente, independientemente de lo que el pensamiento ingenuo podría haber supuesto, la tasa de femicidios no sólo se mantuvo, sino que creció, por lo menos en la primera quincena de la cuarentena, lo que es una muestra de que lamentablemente el Estado no está haciendo lo que tiene que hacer. Hay una cosa básica, absolutamente elemental, cuando hablamos de las violencias contra las mujeres, y de las violencias contra la niñez hay algo que ya hace muchos años que está claro que el hogar no es lo más seguro para las víctimas de las violencias. Hay algunas teorías facilistas que dicen que el encierro exacerba.  No, lo que hace el encierro es facilitar y dejar sin salida a las víctimas, por eso crecen las tasas de estos delitos.

LR: Hay propuestas como la del “barbijo rojo” que sostienen que las mujeres pueden acercarse a las farmacias para pedir ayuda ¿Son situaciones que sirven? Por lo pronto creemos que es saludable que se hayan puesto a pensar desde el ministerio de la Mujer y Disidencias en cómo denunciar las violencias.

JG: Son herramientas que suman pero lamentablemente, no resuelven. Suman con algunas dificultades. La cuestión de llamar por teléfono con que solo digas el nombre ya sería suficiente. Ahí se abre un mecanismo y se ha publicitado tanto que el agresor sabe que si está diciendo esto, lo está denunciando. Como herramienta suma, no resuelve. Creo que algunas medidas no se tomaron antes, por ejemplo, cuando se empezó a pensar en una posible cuarentena, el Ministerio de las Mujeres tendría que haber intervenido de  alguna manera para lograr protección por lo menos en situaciones que están denunciadas de riesgo, con antecedentes de violencia. De las cosas malas de la cuarentena, algunas cosas nos han dado la razón felizmente. Cuando decimos que no se trata sobre una cuestión de presupuesto, cuando pedimos una serie de medidas para tratar de combatir el abuso contra la niñez, la violencia contra la mujeres, se nos suele decir que no hay presupuesto. Lo que yo planteo siempre es que creo que es mentira, lo que no hay son decisiones de poner o no poner el dinero. Hay que pensar en intervenir de manera sumaria (valga lo horrible de esta palabra) ante el más mínimo vestigio de violencia. El Estado tiene que intervenir sin cuidar tanto las garantías de los agresores porque se supone que son supuestos agresores, recién se puede intervenir una vez que intervenga el juez pero estamos en emergencia donde se han suspendido una serie de garantías en función del bien común entonces creo que también esto hay que repensarlo en la temática de las violencias contra las mujeres y niños. Esto exponencialmente sigue creciendo y no hay señales que nos hagan pensar que esto se va a detener si no se toman otro tipo de medidas.

LR: Como psicólogo, ¿cómo estás trabajando a la distancia? Porque es un momento en el que mucha gente necesita no quedarse sola y la terapia suele ser una contención en este país. ¿Cómo se trabajan en las cuestiones del miedo, la angustia, el miedo a la muerte que ahora se hace más evidente, a la muerte cercanas y propia?

JG: Agrego la cuestión del temor a la proximidad de la muerte,  que puede generar conducta de negación y cuando uno tiene conducta de negación acerca de un peligro real, abandona los cuidados imprescindibles. Hay que ser absolutamente cuidadoso en eso. Algo importantísimo que me parece bastante inédito, es el grueso de colectivo de psicólogas y psicólogos que  espontáneamente decidió ponerse a disposición de la población, independientemente de que hubiera o no aranceles. Abundaron en las redes sociales los ofrecimientos individuales para aquellas personas que necesitaran algún proceso terapéutico, una charla, una palabra, una oreja. Ese primer paso fue muy importante, y a partir de ahí  tanto desde la Federación de Psicólogos como la Dirección Nacional de Salud Mental y los distintos colegios y asociaciones, se pensó en canalizar eso para no generar una demanda de difícil resolución. Entonces se centralizó en los distintos organismos de psicólogos. El trabajo es fuerte, es intenso, apunta a compartir con quienes consultan que están angustiados, compartir que la angustia no es de ellos, que no es personal, es normal y tiene que ver con esta problemática y sobre todo, tratar de ver de qué manera se puede crear rutinas que permitan que no haya desorganización mayor y que esto puede durar muchos días más pero en algún momento se termina. Esto es lo fundamental: ayudar a bajar la ansiedad y la incertidumbre. Si bien no sabemos cuándo será el final, sí sabemos que esto pasará y después vendrán otras cosas que ya son producto de la reflexión terapéutica sino productos de reflexión social, acerca del Estado, otro tipo de reflexiones. Pero con el paciente hay que acortar la angustia, y la incertidumbre ya es un paso fundamental. Hay evidencias de que cuando uno comparte en esta situación tan especial con el paciente, la propia incertidumbre, puede involucrarse de otra manera, porque es una situación que en la que en muchísimas cosas hay que barajar y dar de nuevo. Tenemos experiencias catastróficas  en nuestro país, he trabajado con víctimas de la represión, con Malvinas, con Cromañón, 2001, tenemos demasiada experiencia catastrófica.

LR: ¿Atendes a través de zoom?

JG: Trabajo con la plataforma que más cómoda le resulte al paciente, la mayoría está acostumbrada a Whatsapp, también Skype, empezamos a incorporar Zoom, que da resultados muy buenos. Algunos pacientes prefieren el llamado telefónico clásico. Otros prefieren los mails ida y vuelta. En este momento hay que ser abierto y creativo, pero sobre todo hay que escuchar a quien está del otro lado de la línea, la cámara, la computadora, etc.

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