12 abr. 2020



Eso le dijo Hugo Miedan a su mamá Elia Espen, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, poco antes de que lo secuestraran. Espen reflexionó sobre sus 43 años de lucha en el programa radial Oral y Público y recordó a su hijo, detenido desaparecido. (Por La Retaguardia)

🎤 Entrevista: Fernando Tebele
✏ Redacción: Andrés Masotto 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto de portada: Natalia Bernades


Hace varios jueves que las Madres no caminan la ronda debido a la cuarentena obligatoria. Pero la memoria, como ellas enseñaron, nunca se detiene. Para Elia Espen podemos seguir haciendo cosas para alimentar la memoria incluso desde nuestros hogares: “Lo que hay que hacer es quedarnos en casa, pensar y analizar qué se puede hacer o qué podemos hacer muchos y seguir peleando por los desaparecidos, porque nos contesten, para que no se sigan burlando de nosotros. Lo que pienso es que esas baldosas que nosotras pisamos por 43 años están ahí, y que nuestras voces no podrán hacerlas callar. Nadie las va a poder callar, porque me parece que han quedado impregnadas en las baldosas. Y ojalá se elevaran en el aire, traspasaran los edificios y quedaran ahí para siempre nuestras voces de 43 años atrás. Nosotras no olvidamos, no perdonamos y pedimos el juicio y castigo a todos los genocidas y encubridores por los 30.000 detenidos desaparecidos. Eso es lo que creo que, aunque estamos en nuestras casas, seguimos pidiendo”.
Elia habla despacio y con pequeños intervalos de silencios, pero siempre se muestra segura de lo que quiere decir. “Pedimos juicio, pedimos que se abran los archivos que no se abren, que mienten y dicen que se han roto. Lo que pasa es que no quieren que esto salga a la luz y se sepa la verdad. Porque acá hay un grupo muy grande que ha estado encubriendo a los genocidas. Es por eso que no sabemos la verdad y es por eso que no van a sacar ni abrir los archivos, que es lo que tendrían que hacer. Esto no se va a terminar nunca mientras las Madres tengamos vida. Vamos a seguir peleándola. No es fácil sobrellevar todo esto porque han quedado secuelas muy dolorosas y ya somos todas muy grandes. Y hasta ahora para mí no han aparecido políticos del gobierno,-de este, del otro, del otro y del más allá, de 43 años atrás, aclara- que realmente hayan puesto las pilas, como dicen los chicos, y digan ‘bueno, vamos a tomar partido por esto, vamos a aclararlo de una vez por todas’, pero pienso que no pueden y no quieren. No quieren porque son también culpables", denunció.

Son 30.000

"Los juicios me parecen mal, ¿sabés por qué? Yo pude declarar, por suerte. Bah, por suerte es una forma de decir. Pude declarar y pude llevar a declarar a mis hijas. Porque en casa ha sido terrorífico todo lo que hicieron con mis dos hijas y conmigo, aparte de haberse llevado a mi hijo. Pero los genocidas siguen sueltos. Quisiera que alguien me dijera cuántos genocidas hay detenidos. Y si hay algunos detenidos, alguien sale diciendo que habría que dar vuelta la página y habría que empezar a... no sé si habrá querido decir perdonar, pero a olvidar un poco. Pero ninguna de nosotras vamos a olvidar nunca jamás porque se han llevado a un hijo. Nosotras tenemos que estar siempre recordando a nuestros hijos, siempre atrás de nuestros hijos. Ellos están adelante, ellos son los que nos ayudan a seguir, a hablar, a hacer cosas que tenemos que hacer. Por ellos tenemos que seguir reclamando hasta que no tengamos más palabras para decir y no podamos hablar. No debemos olvidar nunca a nuestros desaparecidos. No como quisieron decir, que era 2.000 3.000: son 30.000. Y si no son 30.000, son 29.300. Pero son muchos los desaparecidos”, expresó Espen.

“Yo estoy tan orgullosa de él”

Hugo Miedan tenía 27 años cuando fue secuestrado. Estudiaba arquitectura, era artesano y militaba por un mundo mejor.  “¿Querés hablar de Hugo?”, le preguntamos. Y empezó a recordar: “Hugo fue un chico muy inteligente. En la primaria, bárbaro; la secundaria, otro tanto. Y después estuvo en la Facultad de Arquitectura. Así que yo tengo muy buenos recuerdos de mi hijo. Aparte las charlas que teníamos eran sobre todas estas cosas. Sobre la falta de trabajo, sobre la humillación por la pobreza, por todo lo que ellos lucharon. Porque ellos lucharon por todo eso. Para poder ver si se mejoraba, o si alguien podía entender lo que ellos querían. Pero no, lo que hicieron fue desaparecerlos y se creyeron que eso iba a terminar. No termina. Hay gente como ustedes que la siguen peleando y siguen diciendo lo que piensan. Por eso siempre digo que hay que decir lo que piensan, yo lo aprendí de mi hijo. Teníamos charlas muy interesantes cuando él estaba en la facultad. Yo sabía que había desaparecidos antes de que él desapareciera porque me contaba. Cuando estaba en la facultad yo lo esperaba a la noche porque venía tarde, me contaba cosas de los chicos que habían desaparecido. Y yo le dije un día que me salió la madre, que es lógico: ‘¿Hugo no te querés ir?’ No sé de dónde sacaría la plata para ayudarlo, no tengo la más pálida idea, pero algo iba a hacer. ‘No, mamá’, me dijo. ‘Tenemos muchos compañeros desaparecidos y yo no me voy a ir’. Ese era mi hijo. Yo estoy tan orgullosa de él y tan contenta de que haya siempre hablado así. Y por eso digo que mi hijo está delante mío. Yo no voy a ser una Madre que saca ventaja. No, querido. Primero está él, así debe ser".

Además de sufrir y soportar la desaparición de un hijo, Elia fue espiada por el programa de la inteligencia de Gendarmería “Proyecto X” debido a su constante acompañamiento a distintas causas. “Es lo que yo sentía que había que hacer, eran mis pensamientos, lo que yo sentía”, dijo al respecto. “Se pensaron que con eso me iba a ir para atrás, muy equivocados. Y lo voy a seguir defendiendo, siendo la voz de Hugo que siempre me dice ‘adelante mamá’. Y tenemos las mismas ideas él y yo. Entonces yo no voy a aflojar. Mientras pueda andar voy a seguir diciendo lo que pienso. Después quizá vengan algunos reclamos, pero no me interesa en lo más mínimo. Es el honor que le puedo brindar a Hugo por lo que él fue”, agregó.
“Un día me llama y me dice ‘mamá, vení, sentate’. Sacó sus hojas grandes, su escuadra y todo lo que tenía y empezó con un montón de rayas. Yo no entendía nada. Y me dijo ‘mamá, esta va a ser tu casa cuando me reciba’. Imaginate que me emocioné muchísimo. No pudo ser. Ese era Hugo: un gran hermano y un gran hijo. Y te lo puede decir cualquiera que lo haya conocido”, recordó Elia.

Escuchar a las Madres genera una mezcla de sensaciones: ellas son historia viva al mismo tiempo que encarnan una lucha ejemplar. Para muchas personas sus huellas son el camino a seguir. Sin reconocerse ejemplo, Elia preguntó: ¿tenés tiempo para que te diga alguna cosa más? Y claro que hay tiempo: "Yo crecí en un lugar donde siempre se hablaba de los trabajadores, de las cosas que le faltaban a los trabajadores, de lo que eran las multinacionales, de lo que eran los grandes empresarios. Siempre se habló de eso, crecí con esa idea. No es que me la inventé. Crecí en ese ambiente. Entonces, después con Hugo estábamos de acuerdo en todo. Así que no estoy arrepentida de nada de todo lo que hice. Lo volvería a hacer. Estar con todos los trabajadores a costa de cualquier cosa no me importaba. Algunos pensarán que estoy equivocada, pero para mí no. Para mí fue el mejor homenaje que le pude brindar a mi hijo, a mis hijas y a todos los desaparecidos".
"No aflojen, que nosotras seguimos adelante”, finalizó.

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