22 abr. 2020



Continúa el debate sobre la posibilidad de los adultos mayores de salir a la calle. El Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, estableció mediante DNU que los residentes mayores de 70 años deberán solicitar permisos de circulación obligatorios para la Ciudad de Buenos Aires. Al respecto, Ricardo Iacub, jefe de cátedra de la materia Vejez de la Facultad de Psicología de la UBA, habló en el programa radial Hasta que vuelvan los abrazos. Iacub criticó el plan de Larreta por su inoperancia, mientras que la medida ya fue frenada por la Justicia porteña. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/Fernando Tebele
✏ Redacción: Diego Adur
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero

Larreta definió mediante un DNU que las personas mayores de 70 años deberán pedir obligatoriamente un permiso para circular por la Ciudad de Buenos Aires llamando a la línea de atención 147. La idea del Jefe de Gobierno porteño era disuadir a los ancianos y ancianas que pretendieran salir de sus casas para abastecerse de comida o comprar medicamentos. Como era de esperar, las líneas telefónicas no estaban preparadas para recibir los llamados de 490 mil personas y colapsaron. Ricardo Iacub, jefe de cátedra de Vejez en la facultad de Psicología de la UBA, dijo que “fue desafortunadísima la idea que tuvo el Gobierno de la Ciudad” y agradeció que “por suerte, el Poder Judicial con el juez (Lisandro) Fastman frenó esta idea absurda y ridícula de atender a los viejos y que consulten si tienen que salir”, declarando inconstitucional esa medida.
Iacub opinó sobre cómo trataron los medios tradicionales de comunicación este tema y elogió a determinados personajes públicos que defendieron al grupo de personas mayores de 70 años: “Medios como Clarín tienen, a veces, un enfoque más abierto que Página 12. Sobre la vejez Página 12 no tiene una posición tan armada como Clarín, que responde a una línea más liberal en el sentido filosófico del término vejez. Hay temas donde se fue construyendo una opinión política, de izquierda o derecha, y hay otros que quedaron a la retaguardia sin una posición política demasiado clara. Me llama la atención como distintos personajes se manifestaron frente a esto teniendo que decir que tienen más de 70 años, teniendo que incluirse desde una noción de edad que parecía mucho más volitivo o que se asociaba más a un estado de ánimo que a una edad determinada. Hubo expresiones maravillosas, como la de Nacha Guevara y Moria Casán, divertidas y graciosas. Esto llevó a que un grupo de gente que hasta ahora no se manifestaba con reclamos particulares o necesidades especiales tomara posición”, expresó el psicólogo.

Para Iacub, esta medida que había decretado Larreta revelaba una fuerte discriminación para con el grupo de personas adultas mayores por parte del Gobierno y de la sociedad: “El viejismo es un conjunto de prejuicios, equiparable al machismo, al antisemitismo o a cualquier otro conjunto de prejuicios. Quedó en claro que todo esto que está sucediendo no es solamente un deseo de protección sino que esconde un serio prejuicio que tiene que ver con considerar que a los viejos hay que vigilarlos y controlarlos como un grupo particular, que hay que retenerlos y manejarlos porque no pueden solos. Más allá que hoy son un grupo de riesgo, es un grupo de riesgo que sabe cuidarse y por eso llegó a la edad que tiene”, manifestó.

¿Qué vida vale más?

A partir del desarrollo de la pandemia mucho se habló sobre el interrogante de qué hacer en caso de no tener los recursos necesarios para atender a toda la población. La teoría del descarte que reciben los ancianos implicaría que su vida vale menos que la de una persona más joven. Sin embargo, el psicólogo de la UBA explicó que no se trata de priorizar una vida sobre la otra por su juventud sino que es preciso evaluar la probabilidad de salvar esa vida que está en juego: “Decidir qué vida vale más es un tema casi fascista. Si vale más la vida de un joven de 20 que la vida de una persona de 70 es algo que debemos rechazar de por sí. Lo que sí uno puede llegar a tener en cuenta es qué vida es más salvable que otra. En este sentido hubo diferentes posiciones. Todos los países como Israel, que tienen todas estas cuestiones muy candentes por el tema de sus guerras, tienen muy claro que ninguna vida, por edad, vale más que otra sino por la capacidad de ser salvada. En Europa, mucha gente de 80 años y más se salvó la vida. Es incómodo decidir quién. Estamos hablando de situaciones extremas en donde hay un respirador para dos personas. En este sentido, tenemos que aplicar una racionalidad para ver a quién le damos qué”, aportó.

El acatamiento de la norma

Iacub planteó un problema: en una primera instancia, la respuesta de la sociedad frente al objetivo de cumplir los requerimientos que se impusieron tanto a nivel nacional como en cada provincia y en la Ciudad de Buenos Aires fue alta y efectiva. Ahora bien, si las decisiones comienzan a tomarse a la ligera, sin contemplaciones o, como en este caso, con muchísimas probabilidades de fracasar, la reacción de la sociedad puede volverse negativa. La solución para el psicólogo es tomar medidas más sencillas de acatar y siempre en pos de proteger al grupo de riesgo más vulnerable: “El hecho de poder tratar de cuidar a una población particular que va a tener más riesgos no es el problema. El problema es hasta qué punto llegamos. Uno de los puntos más problemáticos de lo que pasó con esta normativa es que probablemente ahora la gente responda menos a la norma que antes. Es decir, veníamos con un alto apoyo a la norma. El presidente tiene un gran apoyo popular porque hizo comprensible esta norma y la gente lo aceptó. Lo que no aceptó es este nivel de obligación y la mentira que construyó el Gobierno de la Ciudad. Incluso cuando dijo que no iban a ser penalizados, igual había que seguir llamando por teléfono para que les dijeran si podían resolver lo que necesitaban. Quién puede pensar que van a resolver las demandas de 490 mil personas mayores de 70 años con una cantidad de personas que ni siquiera son trabajadores sino que son voluntarios. Lo que quisieron hacer es una verdadera patraña queriendo controlar a la gente. Uno de los temas más candentes hoy es cómo sostenemos una mayor cuarentena cuando, en realidad, este país tiene muchas dificultades para mantenerlo. La persona mayor tiene el hábito y costumbre de estar más tiempo en la casa. Tienen dificultades cuando tienen que pagar una cuenta o ir a comprar cosas. Tienen miedo a que le traigan las cosas. Hay mucha gente que queda afuera porque no tienen la capacidad para adaptarse a esta nueva situación. Cuando no tenés redes sociales de apoyo, no tenés un hijo o alguien que te vaya a comprar tenés más dificultades de hacer esto. Era obvio que no se iba a poder atender a 490 mil personas. No hay que tomar medidas antipáticas para la gente ni medidas imposibles de realizar. Es preferible ser más cauto e ir de a poco que prometer cosas que después no se pueden realizar”, pidió Ricardo Iacub.

Por último, el catedrático propuso medidas que sean factibles de realizar para proteger y ayudar a los adultos  y adultas mayores: “La cuarentena es inobjetable en muchos sentidos para salvaguardar nuestra vida, pero también tenemos que saber que la vida transcurre y tenemos que amoldar los mecanismos para que se haga más sencillo poder estar en las casas. Hay que ver cómo hacer para que no haya problemas con las vacunas, con ir al médico y para poder asistirlos. Son cuestiones que tienen que ver con el cuidado a lo largo del tiempo en las personas mayores. Desde un espacio llamado Comunidad Pami, se acompaña a las personas en los trámites y se toman medidas de seguridad para que las residencias (de ancianos/as) no se conviertan en focos de infecciones. Las decisiones se van tomando día a día. Sabemos que los mayores no van a poder salir probablemente hasta agosto, hasta noviembre o, en algunos países, hasta el 2021. Vamos a tener que generar espacios de asistencia”, concluyó Iacub.

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