8 abr. 2020



Lo dijo Florencia Guimaraes García, activista travesti y principal referencia de la Casa de Lohana y Diana, en diálogo con el programa radial Hasta que vuelvan los abrazos. Guimaraes se refirió a la realidad que vive la comunidad durante la pandemia de coronavirus y denunció una vez más la situación crítica que atraviesan cada día. (Por La Retaguardia)

🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/María Eugenia Otero ✏ Redacción: Andrés Masotto 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto: Valentina Maccarone


Las palabras de Florencia Guimaraes nunca son ensayadas. Detrás de su verborragia aguda no hay un libreto: es pura elocuencia cocinada al fuego de la lucha en la calle. “La población travesti trans en este momento está en un grito de auxilio. El 90% de las compañeras subsiste de prostitución, entonces el único recurso que tienen es ir todas las noches a buscar el peso a la esquina. Estamos en esta cuarentena obligatoria y lógicamente las compañeras tienen que quedarse encerradas y no pueden ir a buscar esos pesos para sostenerse, para pagar la pieza, el alquiler, simplemente para comer”, apuntó la activista desde el principio.
La enumeración de la falta siguió: “Nos encontramos con muchas ausencias. Si bien tenemos el nuevo Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad que ha demostrado que viene trabajando con la población y les han acercado varias cosas a las compañeras, son cosas paliativas y momentáneas. Tiene que haber un Estado presente que tome cartas sobre el asunto. Se están haciendo relevamientos porque las compañeras, al ver que se abren nuevos planes sociales, van desesperadas a anotarse y ahí van teniendo dimensión de la cantidad enorme de compañeras que no tienen trabajo, que no tienen acceso a nada. Y esto también tiene que ver con la ausencia del Estado tantas décadas, tantos años. Cuatro años y medio de una Ley de Cupo Laboral que nunca se llegó a cumplir, que recién se implementó a fines del año pasado, pero nunca se aplicó. Porque si las compañeras hubieran podido acceder a esta ley, muchas situaciones serían diferentes. Porque el acceso al trabajo significa que puedas tener una obra social, que puedas tener algo tan básico como un sueldo fijo y mensual. Todo eso hoy no sucede y está puesta sobre la mesa la situación terrible de las compañeras. Compañeras que a través de las redes sociales piden auxilio, piden una bolsa de mercadería. Están pidiendo comida, en ese punto estamos".

Florencia sabe la importancia del calor de un abrazo a tiempo y por eso se puso al frente de La Casa de Lohana y Diana, un refugio para travestis y trans. Pero la pandemia y la posterior cuarentena preventiva y obligatoria potenció el aislamiento que la mayoría de estas personas padecen históricamente. Acerca de esto, Guimaraes contó: “Es duro porque estábamos acostumbradas a estar dos, tres o cuatro veces por semana juntas, compartir el almuerzo y con eso compartir muchas otras cosas: risas, tristezas, alegría, esperanza, abrazarnos y contenernos entre nosotras. Lógicamente eso se vio interrumpido. Pero nosotras seguimos en contacto con nuestras compañeras a través de las tecnologías. También estamos entregando bolsones de mercadería que hemos podido armar gracias a la ayuda de un montón de personas independientes. Es impresionante la mano que siempre nos ha dado la Asociación Civil Infancias Libres, sumado a lo que mandó el Ministerio de la Mujer y Géneros, y un puchito que pudimos obtener del municipio, pudimos armar unos bolsones bien potentes para patear el hambre de las compañeras”.
A la segregación sufrida se le agrega otro factor: la violencia y el abuso de las fuerzas de seguridad sobre sus subjetividades. Violencias que se intentan romper manteniendo fuertes los lazos de solidaridad. “Tenemos que tener en cuenta que nosotras somos un grupo de riesgo por nuestras condiciones de salubridad. Entonces venimos tratando de ir una vez por semana a la casa de las compañeras a acercarles esto porque tampoco queremos que se expongan a salir a la calle por todo lo que está pasando. Además está toda la zona militarizada, que era de esperar. Hace mucho que La Matanza está militarizada, pero ahora más fuerte que nunca. Notamos cómo la policía está reprimiendo constantemente, abusando, torturando, humillando. Entonces para nosotras eso da mucho temor porque estamos acostumbradas históricamente a salir a la calle y tener que pagar con nuestro cuerpo, ser abusadas, pagar coimas a la policía, a la gendarmería o a quien sea del brazo armado del Estado. Entonces las compañeras tienen pánico hasta de salir a un comedor del barrio a buscar un poco de comida porque no sabés qué te puede pasar cuando te cruces con la yuta. Como siempre no estamos ayudando entre nosotras, y con ayuda de personas que donan y nos escriben todo el tiempo. La verdad que el abrazo nosotras lo sentimos desde el primer día como Casa de Lohana y Diana”, expresó.

Los cuerpos travestis

La comunidad travesti está inserta en una sociedad y un sistema que espera y exige ofrendas a cambio de la pertenencia, pero que no garantiza las condiciones materiales para acceder a servicios básicos como la salud.  “Nuestros cuerpos están intervenidos para encajar en el estereotipo que se espera. Porque como a las mujeres se les exigen cánones y estereotipos de belleza a seguir, a las travas también. Entonces para poder llegar a tener esas corporalidades, para poder ‘parecer’ lo que la sociedad espera, que parezcamos mujeres, para que no molestemos y no tengan que estar pensando ‘¿qué es eso?’. Para intentar llegar a esa ficcionalidad de ser mujer tenemos que recurrir a intervenciones clandestinas: aceite industrial, silicona, aceite de avión. Y en este momento donde muchas estamos en nuestras casas y no podemos salir vemos cómo esos dolores que padecemos todo el año, se incrementan. Por tener que estar sentadas mucho tiempo y que te duelan todas las siliconas, que te duela la cola. Es muy preocupante porque estamos en esta cuarentena y no podés ir al hospital”, explicó Guimaraes.
El desborde que sufre actualmente el sistema de salud es anecdótico en comparación de los motivos por los cuales las travestis muchas veces prefieren evitar los hospitales. Ir a una consulta médica, cuando es posible, significa someterse a más violencia: “Nos encontramos con un sistema de medicina que sigue siendo binario y no conoce nuestros cuerpos. Entonces cuando vamos siempre son las mismas respuestas, tirarnos la culpa: ‘¿Quién te mandó a hacer eso? ¿Por qué hiciste eso?’, constantemente el castigo. Entonces la medicina sigue siendo una institución hostil. Y por eso nuestra comunidad es tan arisca, por ponerle alguna palabra, a ir a un hospital o a un médico, porque hemos sido maltratadas. Por eso las compañeras van a un hospital cuando ya no dan más, y muchas veces ese no dar más es cuando ya no hay tiempo. Entonces esto también tiene que cambiar, pero desde las instituciones que siempre han sido hostiles, no desde nosotras”.

Infancias travesti trans

No fue hace tantos años cuando, de la mano de una nueva ola feminista, se conocieron y se les dio lugar a las infancias travestis y trans. “Nosotras, muchas veces, desde muy chicas ya sabemos lo que queremos. Tienen que dejar de subestimar a las infancias y adolescencias travestis y trans. Por lo general desde muy chicas descubrimos o sabemos que tenemos otra identidad, a veces no tenés palabras para ponerle. Y por más que lo descubramos más tarde, hay que romper con ciertas cosas", expresó Guimaraes. Y continuó: “Hay que concientizar a las nuevas generaciones de travesti trans que están en el camino de auto descubrirse y descubrir su identidad de género. Yo venía pensando que el tema de las siliconas y todo esto debería estar incorporado en la ESI. Hay que hablarlo porque muchas de nosotras nos ponemos este aceite siendo niñas y adolescentes. Porque siendo niñas y adolescentes somos expulsadas de nuestros hogares y eso es un trampolín directo al sistema prostituyente. Y el sistema prostituyente te pide varias cuestiones: te quiere con tetas, con cola, con boca, con la nariz de tal forma. Y es muy difícil romper con todo esto, en nuestra comunidad está muy legitimado el uso de aceites. Está legitimado porque si no tenés determinado cuerpo no sos trava, no sos trans. Hay que romper, hay que derribar todo esto, hay que hablarlo y hacer una fuerte campaña de concientización hacia las compañeras que vienen atrás para que no caigan en esto, porque lamentablemente muchas terminamos cayendo”.

¿Cómo sigue la lucha?

Florencia Guimaraes García, además de referencia del movimiento travesti, fotógrafa, radialista y militante, es sobreviviente de prostitución. Y de su supervivencia construyó la lucha por un mundo libre. "La batalla por la aceptación y visibilización de todos los cuerpos es una batalla muy fuerte, es una batalla cultural, donde hay imposiciones, en una sociedad que es ‘flacocéntrica’ y todo lo que se sale de la delgadez es considerado una monstruosidad, o parece que las personas gordas no pudiéramos ser deseadas por un otre. Que no tuviéramos deseo, no tuviéramos sexualidad, o que estuviéramos enfermas. Siempre la patologización, la anulación, el desprecio a las cuerpas que somos disidentes. Ni que hablar de las discapacitadas. Tenemos que romper un montón de estructuras. Tenemos niños y niñas que sufren trastornos alimenticios porque no pueden llegar a esos cuerpitos que te muestran en la tele. Es muy grande la batalla que tenemos que dar porque ahí están los medios hegemónicos, las publicidades, en todos lados vemos esas corporalidades a las que es muy difícil llegar. ¿Y por qué tenemos que llegar a esos cuerpos? ¿Por qué no querer, amar, desear nuestros cuerpos como son? Que otre también los desee. Tenemos muy instalado un modelo de belleza, un modelo de esos cuerpos que son deseables. Ni que hablar de las genitalidades. Todo eso hay que empezar a deconstruirlo”, denunció.
Al cierre de la charla, le preguntamos qué le gustaría que hicieran otras personas para visibilizar su identidad y su militancia: "Me encantaría que todes podamos subir videos, compartir textos de compañeras travestis y trans. En lo personal me gustaría que fueran de Diana Sacayán, de Lohana Berkins, de Maite Amaya, eso me parece que estaría muy piola. Que otras personas puedan conocer nuestras voces, ver sus caras, conocer la lucha que venimos dando hace tantas décadas. Saber que esas compañeras están muertas como muchísimas otras compañeras, y por qué están muertas. Empezar a comprender y entender que cuando hablamos de travesticidio social estamos hablando de muertes evitables. Me parece que ese sería un lindo gesto”.

0 comentarios:

Publicar un comentario