20 may. 2020



Hace varias semanas que Matías Paradiso cerró la fábrica de alfajores La Nirva. Para mantener sus puestos e impedir el vaciamiento de la empresa, los trabajadores y trabajadoras iniciaron un acampe en la puerta de la fábrica en Lomas del Mirador, haciendo ollas populares, vendiendo golosinas y productos para tener ingresos. El último lunes tras semanas de acampe, también reclamando en el Sindicato de Pasteleros y el Ministerio de Trabajo, y 7 meses sin cobrar sus sueldos, obtuvieron respuesta y la empresa se dispone a pagar los sueldos adeudados y retomar la producción en junio. (Por La Retaguardia)


✏ Redacción: Agustina Salinas/Andrés Masotto
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero
📷 Fotos: Agustina Salinas/Andrés Masotto

En Lomas del Mirador se escuchan aplausos. No son programados, ni desde balcones. Son en respuesta a las donaciones que reciben las y los 65 trabajadores de Alfajores La Nirva, que acampan en la puerta de la fábrica, sobre la calle Dorrego al 800, desde hace ya tres semanas, cuando el dueño Matías Paradiso decidió cerrar las puertas. La empresa que produce el alfajor Grandote arrastra su primer conflicto desde hace casi dos años, cuando el actual dueño la compró y echó a más de 80 trabajadores y trabajadoras, reduciendo turnos. En noviembre del año pasado dejó de pagar los sueldos y en diciembre entregó cheques a 90 días que resultaron no tener fondos.

Estas maniobras de Paradiso son respaldadas por el Sindicato de Pasteleros, dirigido por Luis Hlebowicz, que a lo largo del conflicto no dio respuestas en defensa de sus afiliados hasta este lunes que, con intervención del Ministerio de Trabajo bonaerense, se instó a la empresa a abonar los sueldos adeudados. Luego de tres semanas de acampe, mientras exigían respuestas tuvieron que hacer venta ambulante por el barrio y asegurarse algunos ingresos.

Hace unos días atrás fueron presionados por una patota, con amenazas diciendo que iban a “pegarle dos tiros a cada uno” si no levantaban el acampe. Pese a esto, siguen resistiendo, turnándose para las guardias cuidándose entre todas y todos porque no confían en la patronal y, más allá del cobro de sueldos, temen que el dueño quiera llevarse las maquinarias de la planta. En una de las banderas que cuelgan en las paredes de la fábrica se lee: Ocupar, Resistir, Producir. Y con apoyo de muchos trabajadores y trabajadoras que se solidarizan con su lucha, van en ese camino.












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