16 jul. 2020


El comienzo del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio trajo una escalada represiva que puede corroborarse fácilmente tan solo mirando el material que circuló. Videos y fotos de varios puntos del país donde se ve a distintas fuerzas de seguridad hostigando, amenazando y torturando a personas que, según el relato policial, habrían roto la cuarentena. Mientras los hechos se multiplican exponencialmente, el Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, se presenta cargando un arma aparatosa en medio de un operativo en un barrio popular, se pasea por cuanto programa de televisión lo invitan, y aprovecha para relegitimar el accionar de las fuerzas que comanda. Porque no olvidemos que además de un ministro, Berni es también un militar.

✏ Redacción: Sofía Labriola, Alan Dufau,
 Antonella Álvarez (Revoluciones)- Andrés Masotto, 
Rodrigo Ferreiro (La Retaguardia) 
📷 Foto de portada: Agustina Byrne



Pasaron más de 110 días desde que Alberto Fernández anunció las medidas de aislamiento para enfrentar la pandemia de coronavirus. Por un momento, la feroz represión ejecutada por las fuerzas de seguridad en todo el país para hacer cumplir la cuarentena pareció mermar. Por algunas semanas no hubo registro de casos de gatillo fácil o abuso policial.

Pero esa calma fue el silencio que precedió una tormenta de violencia uniformada que desató toda su potencia cuando el 15 de mayo, en el interior de Tucumán, Luis Espinoza fue golpeado, asesinado y su cuerpo desaparecido por la policía local. Exactamente una semana después, su cuerpo apareció envuelto en bolsas, apenas unos metros pasando la frontera con Catamarca, en una zona de montes, precipicios y niebla baja y espesa que, sin la familia y amigos de Luis presionando la búsqueda, hubiera sido imposible rastrillar.

En esos días, mientras se hurgaba tierra, agua y aire por Luis Espinoza, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, visitó la provincia y se reunió con el gobernador Luis Manzur. No hubo mención sobre la desaparición. Tampoco nadie les preguntó.

Los últimos días de mayo -la noche del 30-, varios policías de la comisaría de Fontana, en Chaco, llegaron a la comunidad Qom de Banderas Argentinas y reventaron a patadas la puerta de una de las casas. Al ingresar, la familia que dormía fue golpeada, detenida y arrastrada a la comisaría donde, según consta en la denuncia, fueron rociados con alcohol y amenazados con ser prendidos fuego.

Mayo cerró con broche de plomo: un policía federal, Osvaldo Rendichi, se dirigió al límite entre Villa Tranquila y la Isla Maciel a comprar una PlayStation. Al llegar se encontró con Lucas Barrios, de 18 años, que le iba a vender la consola. Según la versión del policía, mientras ingresaban por un pasillo apareció una persona armada que intentó robarle. Pero Rendichi vació el cargador de su Bersa 9mm sobre el cuerpo de Lucas, sin que una sola de las balas hiriera al supuesto atacante. Lucas recibió 18 tiros y murió en el lugar. Recientemente, la carátula de la causa fue cambiada a “exceso de legítima defensa” y Rendichi obtuvo la excarcelación.

A lo largo del mes de junio, el asesinato a manos de la policía volvió a ser protagonista. Augusto Iturralde y Diego Arzamendia andaban en moto en Hudson, Buenos Aires, cuando un Policía de la Ciudad disparó su arma once veces. Uno de esos tiros le atravesó el pulmón a Augusto, que murió en el lugar. Dos días después, según un video que circuló, varios efectivos de la policía bonaerense cercaron a Diego en el centro comercial de Berazategui. Rodeado y reducido, a plena luz del día y al alcance de ojos y celulares de transeúntes, lo fusilaron.

Esa misma semana, Facundo Scalzo caminaba por el Barrio Rivadavia, en el Bajo Flores, en dirección a la casa de su mamá cuando se topó con un operativo de Gendarmería. Uno de los gendarmes le pegó cuatro tiros por la espalda. La ambulancia del SAME tardó 50 minutos en llegar y Facundo murió esperando el auxilio. Mientras tanto, la misma Gendarmería que lo asesinó por la espalda reprimía a vecinos y vecinas e incluso a su mamá, que rogaba a gritos que le permitieran acercarse al cuerpo de su hijo. En el hospital Piñero, donde llevaron el cuerpo de Facundo, la escena represiva se repitió. En los últimos días el gendarme Diego Rocha fue procesado por el asesinato de Facundo.

Lucas Nahuel Verón fue asesinado por la policía bonaerense alrededor de las 01:50 hs. de la madrugada del 10 de julio, en el barrio de Villa Scaso de La Matanza, cuando junto con su amigo se trasladaban en moto y festejaba sus 18 años recién cumplidos. La policía comenzó a perseguirlos y a realizar varios disparos, uno de ellos atravesando el pecho de Lucas. Habían ido al maxikiosco de 24 hs. ubicado en Calderón de La Barca y La Bastilla, cuando minutos después Lucas Verón sería fusilado por la bonaerense en la calle Llerena, entre Achaga y Céspedes. Un vecino accionó la alarma vecinal y varios salieron a la calle donde se observaba el patrullero junto al cuerpo en el suelo de Lucas, mientras su amigo gritaba que la policía les había disparado varias veces. Luego, avalados por el accionar del fiscal Juan Pablo Tahtagian, que encubrió el hecho, le tomaron declaración al amigo de Lucas en sede policial y lo presionaron para que declare que venían de robar.

Hace algunos días se conoció la denuncia por la desaparición de Facundo Astudillo Castro, un joven de 22 años que el 30 de abril salió a dedo de la localidad bonaerense de Luro en dirección a Bahía Blanca, pero nunca llegó a destino. La última vez que se lo vio con vida fue mientras dos policías lo subían a la parte de atrás de una camioneta policial. Así lo afirmaron tres testigos que se presentaron voluntariamente a prestar declaración en la causa que se investiga como desaparición forzada de persona, a cargo del fiscal federal Santiago Ulpiano Martínez. Según versiones policiales muy contradictorias, a la altura de Mayor Buratovich se le labró un acta por romper la cuarentena, pero se le permitió continuar. En las últimas horas circuló una foto de Facundo, de espaldas, junto a una camioneta de la Policía Bonaerense y un uniformado con barbijo. Esa fue la última vez que se lo vio y continúa desaparecido. Los policías que están en el ojo de la investigación son: Jana Jennifer Curuhinca y Mario Gabriel Sosa, que habrían tenido contacto con Facundo en el primer retén que pasa, donde le labran el acta y le avisan a la madre. Siomara Ayelén Flores, que declaró que ella lo llevó desde Buratovich hasta Origone y Alberto González, que, siempre según la versión policial, lo interceptó a Facundo en Origone, pero lo dejo ir. Con un detalle, se contradijo: primero declaró que Facundo se fue en una camioneta blanca y luego declaró que se fue a pie. El 8 de julio Sergio Berni le aseguró a la mamá de Facundo Astudillo Castro, Cristina Castro, que su hijo está vivo y lo van a encontrar. Pasó una semana. Y Facundo no aparece.


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