22 ago. 2020




En el aire de Radio La Retaguardia se produjo este viernes un encuentro lleno de amor y de fuerza: cuatro madres que comparten el dolor por la desaparición de sus hijos a manos de fuerzas del Estado y que reconvierten esa fuerza para seguir luchando por la verdad y la justicia. Nora Cortiñas, Mónica Alegre y Viviana Alegre se juntaron para bancar a Cristina Castro en este momento de definiciones sobre el caso de Facundo Astudillo Castro. Las cuatro Madres intercambiaron sus sensaciones y experiencias propias, todas con su coraje y fortaleza características. Además de exigir verdad y justicia por Facundo, pidieron por todos los casos de pibes y pibas asesinadas por el Estado a lo largo de los distintos gobiernos constitucionales. (Por La Retaguardia)

🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/Fernando Tebele
✏ Redacción: Diego Adur/Pedro Tato
💻 Edición: Fernando Tebele
📷 Foto de portada: Captura de pantalla


Facundo Astudillo Castro (desparecido en 2020), Gustavo Cortiñas (1977), Luciano Arruga (2009) y Facundo Rivera Alegre (2012), estuvieron presentes a través de sus madres luchadoras. 
Aquellas primeras madres que, como Nora Cortiñas, le exigían al gobierno genocida la aparición de sus hijos e hijas desaparecidas, fueron las referentes de las siguientes Madres que, como Mónica Alegre —mamá de Luciano Arruga— y Viviana Alegre —que busca a Facundo Rivera Alegre—, siguen reclamando saber qué les pasó a sus hijos, desaparecidos a manos de fuerzas de seguridad del Estado. Ellas, entre tantas otras, son quienes han marcado el camino para que más nuevas Madres, como Cristina Castro, puedan enfrentar a quienes puedan ser responsables y participen del encubrimiento de una nueva desaparición forzada en democracia.
Están atravesadas por el dolor que significa la desaparición de un hijo. Comparten la angustia que representa no saber, mezclada con la esperanza incansable de encontrarlos, si no pueden vivos, al menos recuperar sus restos... Viven abrumadas por la desesperación de la búsqueda interminable de verdad y justicia, que a la vez las carga de energía rebelde y contagiosa. A ese sufrimiento sólo lo supera la fuerza que ellas han tenido y siguen sosteniendo para no claudicar en su lucha. Nora, Mónica, Viviana y Cristina, se encontraron en el programa Hasta que vuelvan los abrazos de Radio La Retaguardia.




Nora Cortiñas, la madre de todas las Madres (como la calificó Mónica Alegre: "déjenme ser cholula y saludarla", pidió sonriente), fue quien tomó la posta y puso en palabras los sentimientos que todas querían compartir con Cristina Castro: “No queremos que Cristina siga en la agonía de esta espera. Queremos que pronto tenga alguna respuesta. Quisiéramos que aparezca con vida, como le habían prometido. Estamos esperando la gran noticia. Ya nos vamos a abrazar en la Plaza de Mayo y en todas las plazas donde nos encontremos. La pandemia vino a cortarnos la posibilidad de estar en la calle para  seguir reclamando la aparición con vida de Facundo y estar juntas en un solo grito. Entre todas nos damos la fuerza para seguir la lucha. Decimos no más desaparición forzada de persona, no más persecución a los jóvenes, no más asesinatos, fusilamientos, y torturas de pibes, como los que hubo últimamente en distintos lugares de la República Argentina. Tenemos que terminar con estas persecuciones y estos crímenes terribles”, dijo de entrada Nora Morales de Cortiñas, la mamá de Gustavo Cortiñas, desaparecido el 15 de abril de 1977, a los 24 años de edad, por la dictadura cívico-militar-eclesiástica.
La integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora resaltó la fortaleza de Cristina Castro: “Tiene la decisión de buscar a su hijo. Cada momento del día, las 24 horas, está atenta. Yo la abrazo muy fuerte a Cristina y deseo que pronto termine esta angustia, esta agonía del ocultamiento de la verdad. Deseo que sigan adelante con fuerza por la memoria, por la verdad y por la justicia. Los responsables que paguen con la cárcel”, exigió.
Mónica Raquel Alegre es la mamá de Luciano Arruga, desaparecido por la policía el 31 de enero de 2009, en Lomas del Mirador, a los 16 años. Moni destacó el legado de las Madres de Plaza de Mayo y ofreció el sostén a otras madres que pasaron, como ella, por la perversa experiencia de la desaparición forzada de un hijo. Se generó entre ellas este diálogo:

—Mónica Alegre: Hemos tenido mucha referencia, como Norita, Elia (Espen) y todas esas madres inmensas que nos han enseñado cómo se lucha. Es muy importante estar unidas en este momento y darle fuerza a Cristina. Va a llegar un momento en que va a poner los pies sobre la tierra. Hoy está como con una coraza, fortalecida. Eso es lo que todos admiramos. Todos la vemos con ese temple y firmeza. Vamos a estar pendientes de ella. Cuando ella quiebre nosotras vamos a estar ahí. Yo sé que va a pasar porque todas lo hemos pasado —marcó la mamá de Luciano.
—Nora Cortiñas: No, ella no se va a caer. Ella va a estar con esta fortaleza. El amor de una madre da fuerza desde no sabemos dónde. No se claudica jamás. Esa búsqueda de la verdad y la justicia es permanente. Somos muchas y estamos dispuestas a que en este país no haya impunidad —remarcó Norita desde su experiencia.
—MA: Yo no digo que claudique. Va a llegar un momento que va a flaquear. Ahí vamos a estar nosotras para sostenerla, para darle fuerza y para darle ánimo. Como lo estuvimos con Sergio. En la lucha no va a estar sola. Es un camino muy largo y muy difícil. A todos los familiares se nos han puesto piedras durísimas que tuvimos que pasar. Nos costó, pero seguimos el camino y seguimos la lucha. Lamentablemente, no es con los resultados que nosotros queremos. Este Estado te pone escollos en el camino —reforzó Mónica.
—NC: Por eso hay que estar siempre fuerte, para separar esos escollos y buscar toda la justicia y toda la verdad. Estamos juntas. Este país vive en lucha permanente. Reivindicamos a nuestros hijos con la fuerza que ellos nos dejaron. Es una espera muy trágica. Tenemos que desear que se aclare cuanto antes y aparezca toda la verdad.

La voz de la mamá de Facundo

Al comienzo de la charla ella todavía no estaba. Entre su trabajo y los llamados uno detrás de otro, no había podido sumarse. Pero mientras Mónica y Norita dialogaban vía telefónica, sin que ellas pudieran advertirlo, se sumaba a la virtualidad con imagen Cristina Castro. Guarecida en una de las oficinas de la estación de servicio en la que trabaja, con su ropa laboral calzada, se tomó unos minutos para aceptar la invitación a recibir los abrazos a la distancia, que sólo ellas se pueden dar entre sí. Cristina contó que, debajo de esa madre súperpoderosa que sale en los medios de comunicación, también hay una mujer que permite aflojarse, por la desaparición de su hijo Facundo: “Estamos juntando energía y pilas con la familia. Este es mi refugio. Paso más tiempo aquí que en mi casa. Y me he sacado el poncho de mamá y me he dejado caer. Me he permitido llorar. Hoy, terminando el día y sabiendo que no tengo que volver a trabajar, me volveré a poner ese poncho para salir a pelear de nuevo. Tengo la herencia de las Abuelas, las Madres y cada una de las mamás que están ahí atrás. Entre todas somos muchas. Nos vamos a sostener unas a las otras y no vamos a dejar de pelear. Somos laburantes. Las laburantes, plata y miedo no tenemos. La vamos a pelear hasta lo último, hasta la verdad. Hasta que los culpables estén tras las rejas. Los que se callaron y los encubridores son tan desaparecedores como los que se llevaron a Facundo. Merecen la misma pena”, afirmó Cristina.


—NC: Te estamos apoyando desde el corazón. Estamos todas en ese pedido de cárcel para todos los cómplices. No solamente los que cometieron el crimen, sino también para los cómplices que miran para otro lado tratando de ocultar. Estás acompañada. Seguimos peleando, hasta vencer  —se despidió Nora Cortiñas.
—MA: Yo quiero recalcar la fortaleza que tenés, Cristina —le dijo la mamá de Luciano—. Lo bien plantada que estás. Admiro esa entereza que tenés. Yo hubiese querido tener esa fortaleza al principio y salir a pelear. Salir a hablar. Agarrar una cámara y decir lo que tengo que decir como vos lo decís. No la tuve. Me costaron muchos años de dolor. Todos los que me acompañaron lo saben. Acá estoy para decirte que cuentes con esta madre.
—Viviana Alegre: Cristina, como dice Moni, acá estoy. Te vamos a acompañar. Me hubiese gustado conocerlas en otras circunstancias, pero nos tocó esta. Nos caemos, nos levantamos, nos apoyamos. Pasamos mil y una. Mi Facundo (Rivera Alegre) está desaparecido hace 8 años. Nosotrosvamos a ir la Comisión Interamericana (de Derechos Humanos, CIDH) —avisó Viviana Alegre. Su hijo tenía  19 años cuando lo desaparecieron, el 19 de febrero de 2012, en la Ciudad de Córdoba.

La intuición de madre y las macabras similitudes

Los restos del cuerpo de un joven que aparecieron en una bahía pantanosa del Partido de Villarino están siendo analizados en Buenos Aires por el Equipo de Antropología Forense (EAAF)  y forenses de la Corte Suprema. Si bien todavía no hay ninguna confirmación oficial, la mamá de Facundo está segura que se trata de su hijo, desaparecido desde el 30 de abril: “Yo tengo la certeza de que esos restos son de mi niño. Encontrar esa zapatilla ahí fue un cachetazo de realidad y un quiebre total en mi persona. Esa zapatilla es de mi hijo, estoy acostumbrada a verla en mi casa. Los restos son de Facundo, me lo dice mi corazón”, presintió Cristina.
Mónica y Viviana, coincidieron en que el caso de la desaparición forzada de Facundo Astudillo Castro tiene muchas coincidencias con las desapariciones que sufrieron sus propios hijos: “El de Facundo es un caso calcado al de Luciano. No puede ser así: el mensaje de texto, que lo habían visto en otro lado, la falsa pista que han plantado en la comisaría… Le quise decir a Leandro (Aparicio), a quien admiro y respeto mucho, que no se guiaran por esa pista. Se iban a enganchar en esa pista e iban a tardar años, como hicieron con Luciano. Es tiempo valioso que van a perder. No se enganchen en esa. Es todo muy calcado. Y ahora el cuerpo. Tratan de decir que se cayó de ahí. No se puede caer. No criamos estúpidos ni tarados. Criamos chicos conscientes, normales y sanos. Chicos que sabían cómo andar por la vida. Un chico de 21 o 22 años no se puede caer (por Facundo Astudillo Castro). Un chico de 16 años no puede cruzar una vía rápida. Un pibe que milita no se puede ahogar en un río (por Santiago Maldonado). Un pibe que sabe la noche no se puede perder en una discoteca (por Facundo Rivera Alegre). Un pibe que lucha por sus derechos y su trabajo no puede estar perdido hace 9 años (por Daniel Solano). Un padre de familia que maneja un taxi no puede estar perdido (por Carlos Painevil, desaparecido en 2012). Seamos realistas. Seamos conscientes. No seamos tan necios. Veamos la realidad. Esto no es un problema institucional. Estos son crímenes estatales. Es un crimen del Estado. La desaparición es el crimen de crímenes. Lo ha dicho Norita.  El otro día dije: escuchen a esa madre. Está diciendo a gritos que a su hijo lo llevó la policía, lo desapareció la policía. Esa madre sabe. No hagan lo que hicieron conmigo, con Vivi, con Gualberto Solano. Escuchen a la familia. La familia sabe. Las madres saben por intuición. Yo supe desde un principio que a mi hijo lo había llevado la policía y no lo iba a ver más. No era porque sabía algo. Era porque tenía una intuición”, explicó Mónica Alegre.
Desde Córdoba vía imagen, Vivi Alegre tiene que esforzarse para que su tocaya la deje hablar. Se ríen juntas, con complicidad. Quiere reforzar la idea de su tocaya y compañera: “Son de manual, como dijo el Doctor Aparicio. Tienen las mismas prácticas. ¿A todos nuestros hijos les pasa lo mismo? Uno salió corriendo de una avenida y ahí murió. Ahora Facundo se cayó. De mi Facundo era que salió del baile y tomó un colectivo. Son prácticas que no vienen solo de este gobierno sino de todos los gobiernos anteriores también. Son crímenes estatales. No es violencia institucional. Acá en Córdoba movieron la cúpula policial por el asesinato de Blas Correa. ¿Va a cambiar algo? Cuando pasó lo de Facundo, sacaron a algunos de abajo. En la misma investigación metieron un director del narcotráfico, no apartaron a la propia policía de esa investigación por Facundo Rivera Alegre. Pasaron 8 años. Yo y todos tenemos que seguir buscándolo. A todos los chicos y a todas las chicas. No importan los años. A mí, aunque me lleve la vida, lo voy a seguir buscando. Ahora cambió la cúpula policía porque desde marzo que querían cambiarla. (El asesinato de Blas Correa) les vino como anillo al dedo. Ya habían matado a otros pibes de barrios populares. No suenan si son de barrios populares. Son negros. Son laburantes. Todo el apoyo a la familia de Blas. Lo que yo cuestiono es eso. Hay una depuración que hay que hacer también en la justicia, no solo en la policía”, agregó Viviana.
Cristina las escuchó con atención. Con su uniforme rojo, y todavía en la sala de repuestos de la estación de servicios, les da fuerzas a las otras mamás: “Hay levantarse. Hay que salir. Hay que pelearla. Los hijos son nuestros, los parimos nosotras. Por un hijo uno tiene que dar vuelta el mundo si es necesario. Nuestros hijos no pueden desaparecer. Yo me horrorizo de saber lo que está pasando en la Argentina. La policía de Berni está suicidando a los chicos dentro de las comisarías. Yo no quiero que Facundo sea un caso más. Yo voy a pelear las veces que tenga que pelear. Mi hijo era militante de Jóvenes por la Memoria. Eso me enfurece muchísimo. Mi hijo reclamó por sus derechos y por eso le pasó esto. A mí me van a tener que dar muchas respuestas y son muchas las personas. Va a tener que haber una limpieza en el gobierno, que se está haciendo bastante el pelotudo. Los pibes no se suicidan, los suicida la policía. No comemos vidrio. Han cambiado los Falcon por las Hilux, no nos olvidemos de eso”, manifestó Cristina.




Madres que crean historia y se fortalecen mutuamente


Cualquier persona que haya asistido a alguna Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil es capaz de comprobar que la unidad de las madres que buscan a sus hijos, a sus hijas, que persiguen saber la verdad de qué fue lo que les ocurrió y exigen justicia, las ha potenciado mucho más que cuando peleaban cada una por su lado. Se han curtido y han aprendido de los distintos casos de desaparición forzada, de gatillo fácil, de tortura. Hoy son mucho más fuertes de lo que  podrían ser individualmente. Eso las convierte en referentes de las siguientes madres, esas que quisiéramos no ver llegar nunca, pero sabemos que es probable que sigan surgiendo, mientras continúe operando ese macabro aparato de poder capaz de desaparecer personas con total impunidad.
Cristina Castro es, sin dudas, una mujer de una fortaleza incuestionable. Cuando le consultamos qué sabía de las otras madres antes de la desaparición de Facundo, responde con franqueza: “Este tiempo he empezado a investigar, a averiguar. Me he puesto en contacto para poder saber quiénes son esas personas, que les ha  pasado a ellos, para poder comprender lo que me estaba pasando a mí. Veo que no soy la única, que somos muchísimas mamás. Cuándo a mi me dicen: ‘vos rompiste mucho las pelotas, por eso te están devolviendo a tu hijo’, digo que no. Una mamá da vuelta al mundo, nunca se da por vencida. Hay que seguir buscando a los chicos. Quizás en su momento otras mamás no han tenido las mismas posibilidades. El dolor no nos pega a todas de la misma manera. Mi dolor, el que yo siento hoy en día, lo tengo hace casi 27 años y lo llevo conmigo, y lo voy a llevar toda la vida. No es de ahora. Me hace más dura, más fuerte quizás”, dijo Cristina, que abandonó la charla para continuar con su trabajo. Luego nos aclararía a qué se refería con ese dolor de 27 años, la muerte de un bebé recién nacido. “Hace casi 27 años enterré a mi hijo Franco. Nunca pude sacarlo de neonatología. Cuando pude sacar a Facu lo veía como un milagro. Facu es mi milagro y hoy me lo arrebataron”.


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