4 ago. 2020




Desde que se decretó la cuarentena obligatoria por la pandemia de COVID-19, en los barrios periféricos de todo el país se profundiza la crisis y la desigualdad. Al mismo ritmo, aumenta la solidaridad entre vecinos y vecinas, crecen los comedores, las ollas populares y los merenderos. De esta manera llenan un vacío que deja el Estado y resuelven situaciones urgentes y necesarias: dan de comer a los pibes y pibas del barrio, quienes muchas veces sólo tienen alimento gracias a esas personas. (Por La Retaguardia)


✏ Redacción: Agustina Salinas 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Fotos: Agustina Salinas


En Lomas de Zamora, a pocos minutos de la estación y en la intersección de las avenidas Oliden y Frías del Municipio que conduce Martín Insaurralde, desde hace más 30 años que se levantó el Barrio la Chatarra, bautizado así por ocupar los alrededores de un local abandonado de compra y venta. Entre las calles Sirito y Richieri, lindante con el arroyo del Rey que atraviesa la avenida Oliden, los y las vecinas organizan la cena y merienda para repartir en el barrio. Comenzaron a fines de abril cuando se alertaron por la necesidad de las familias sin ingresos, en particular por una pareja con 7 hijos e hijas que vivían en un colectivo. Fue así que Claribel, su marido Maxi, sus cuñadas y suegra, y su vecino Elías levantaron la olla que sostienen desde hace más de 3 meses los lunes, miércoles y viernes. Los días martes y jueves preparan la merienda para repartir en el barrio. "El hambre no espera", dice Claribel al remarcar la importancia de darles un plato de comida a más de 40 familias y la copa de leche a más de 30 pibes y pibas.



La olla se sostiene con aportes solidarios, donaciones, o con plata que juntan entre ellas para comprar lo necesario, ya que no reciben partidas de alimentos ni desde el Municipio que conduce, ni desde el Ministerio de Desarrollo Social. A través de las redes solidarias y del boca en boca, también lograron conseguir una casilla para ayudar a la familia de Maxi y Ximena, que desde esta semana habitarán su nuevo hogar, que recibieron gracias a la difusión de su problemática habitacional.



Además de padecer la pandemia de coronavirus, los vecinos y vecinas de La Chatarra denuncian la contaminación del arroyo en el que varias empresas cercanas desechan sus residuos químicos y contaminan el agua.  Esto genera erupciones y problemas respiratorios, y perjudica principalmente a los niños y niñas.. Desde el Municipio y la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) dan por finalizada la obra que nunca llegó a ese barrio, a pesar de la evidente falta de canalización y limpieza del arroyo.  No hay respuestas a pesar de la insistencia y denuncias que realizan desde hace varios años.



De lunes a viernes, Claribel y sus vecinas se preparan para llevar algo que a esta altura es esencial pero parece un privilegio: un plato de comida a sus vecinos y vecinas.








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