11 sept. 2020




12 personas que trabajaban bajo relación de dependencia decidieron hacer una toma de los lugares de trabajo para preservar sus puestos laborales y mantener abierto el Bar Piazza, en el barrio porteño de Congreso. En el programa Hasta que vuelvan los abrazos, al aire en las mañanas de Radio La Retaguardia, Analía González contó cómo transitan el proceso para llegar a ser una empresa recuperada. (Por La Retaguardia)


✍️ Texto 👉 Diego Adur
💻 Edición  👉 Fernando Tebele
📷 Fotos 👉  La Negra Ríos



El Bar Piazza está ubicado en la calle Luis Saez Peña 24, entre Avenida de Mayo y Rivadavia, a paso de la Plaza Congreso. Hace por lo menos cuatro años que sus 12 trabajadores y trabajadoras padecen las por lo menos desprolijidades del dueño del lugar, que les pagaba los salarios de manera incompleta y fuera de término, al tiempo que no realizaba los aportes sociales. Analía González, una de las dos mujeres que trabajan en el bar, contó que a partir del lunes iniciaron la toma de sus puestos de trabajo. Es decir, no están simplemente ocupando el lugar sino que van a trabajar como cada día de sus más de 15 o 20 años de desempeño laboral: “La toma tiene que ver con nuestros puestos de trabajo. Dentro de Piazza tenemos entre 15 y 30 años de antigüedad de trabajo. La trabajadora con menos antigüedad tiene 6 años. Han cambiado los dueños. Ayer (por el lunes) le dijimos que nos cansamos y que no ingresara más. Los últimos 4 años cambiaron la razón social y nos cortaron la antigüedad a todos y a todas. No nos pagaban cargas sociales ni aportes, ni sueldos. Los sueldos enteros no nos los estaban pagando desde hace mucho. Nos pagaban por día, a veces $300 o $500”, contó la trabajadora.


 

La situación empeoró aún más por la pandemia: “En marzo se cerró el lugar. Después, volvió a abrir con un grupo de gente muy reducida. Nosotros no percibíamos salarios, menos en esta situación. Al estar en negro y solamente declarados como trabajadores, también nos privó de recibir cualquier beneficio que el Estado nos podía llegar a otorgar y agudizó mucho más nuestra condición”, explicó.
Por lo tanto, se organizaron y recurrieron a la Dirección Nacional de Empresas Recuperadas, a cargo de Eduardo “Vasco” Murúa, referente de la legendaria metalúrgica recuperada IMPA y parte del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), con el objetivo de mantener sus puestos de trabajo: “Nos fuimos reuniendo entre los compañeres y asesorando. Estamos junto con el Ministerio de Desarrollo Social, con la Dirección Nacional de Empresas Recuperadas. El director es el Vasco Murúa. Nos acercamos a ellos y nos recibieron muy bien. Hoy, la parte legal la tienen ellos para ir continuando esta lucha. Lo único que pedimos nosotros es preservar nuestra fuente de trabajo. La mayoría tenemos 40 años para arriba. El rubro gastronómico sabemos que viene decayendo bastante, sobre todo en esta situación. Conseguir laburo es dificilísimo. Necesitamos entrar y preservar nuestra fuente de trabajo, que es lo que sabemos hacer”, reclamó Analía.

En estos momentos, el Bar Piazza se encuentra en funcionamiento gracias a sus trabajadores y trabajadoras. El lugar realiza delivery de comida, se puede comprar y retirar en el local y también cuenta con mesas en la calle, respetando los protocolos establecidos por el Gobierno de la Ciudad: “Estamos trabajando con todos los recaudos y el protocolo que sabemos que hay que tener. A nosotros nos importa nuestra salud y la de nuestras familias y todos los cuidados para los clientes también”, aseguró.



La parte más difícil para quienes intentan recuperar una fábrica o una empresa vaciada por sus dueños es la de hacerse cargo de todas las deudas que esas personas contrajeron hasta el momento, por ejemplo, el pago de servicios y el alquiler del lugar: “El local pertenece a una inmobiliaria. Nos van a recibir. Planteamos la situación de abandono de esta persona (el dueño). No solo no nos pagaba los sueldos sino que tiene una deuda terrible de gas y de luz, arriba de 1 millón de pesos. A su vez, también debe 12 meses de alquileres. Esos gastos los vamos a tener que afrontar nosotros, los trabajadores”, asumió González. 

En los pocos días que llevan de toma, los trabajadores y trabajadoras del bar ya recibieron la visita de la policía, presenciaron “la huída” del dueño del lugar, y recibieron el apoyo de los vecinos y vecinas de la zona: “Para nosotros era la primera vez. Había muchos nervios e incertidumbre. Han mandado a la policía. Como no fue una toma hacia el lugar sino que apunta a preservar nuestros puestos de trabajo, ya que nos centramos en hacer lo que hacemos todos los días, no lo consideraron toma. Esta persona ingresó a retirar sus pertenencias. No nos interesa nada de él. Simplemente queremos trabajar. Los vecinos y vecinas tuvieron una respuesta excelente. Conocían a esta persona y sabían cuál era la situación. Siempre nos decían que hagamos algo y que lo manejáramos nosotros. Ayer nos dieron su apoyo. Fue hermoso escucharlo. Muy emocionante todo. Más allá de los trabajadores y trabajadoras, somos 12 familias que dependemos de esto”, argumentó.

De todos los empleados y empleadas que trabajan en el Bar Piazza, el 100% decidió quedarse a participar del camino hacia la autogestión, algo que no es habitual en las empresas recuperadas, en las que siempre hay personas que prefieren buscar otro trabajo en relación de dependencia. Las pésimas condiciones laborales que ya tenían se intensificaron por la pandemia. Eso llevó a la organización y lucha que hoy tiene al Bar Piazza gestionado por quienes lo trabajan: “Nunca se nos cruzó por la cabeza accionar de esta manera. Creo que el agotamiento y la incertidumbre de la pandemia agudizaron aún más la situación que estábamos viviendo. Nos llevó a organizarnos entre los trabajadores y a tomar la decisión. Éramos 12 y nos quedamos los 12. Venimos trabajando en relación de dependencia y uno no sabe cómo es pasar a ser autogestionado. Fue una decisión de los 12 trabajadores y trabajadoras del lugar”, concluyó Analía.





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