25 sept. 2020

 
 

A contrapelo de las adjetivaciones negativas que algunos medios tradicionales utilizan con las vecinas y vecinos de la toma de tierras de Guernica, visitamos a las personas que están resistiendo al desalojo para conocerles y acompañarles en el reclamo de tierra para vivir. (Por La Retaguardia)

📷 Fotografías: Agustina Salinas 

✏ Redacción: Agustina Salinas

💻 Edición: Fernando Tebele


 

“No tenemos llave”, dice la señora, y larga una carcajada cuando le pregunto si puedo pasar a su terrenito a conocerla. Graciela y Nicolás son una de las dos mil quinientas familias que habitan la toma de Guernica desde el 20 de julio. Él es un jubilado de 67 años. Ella todavía no se jubiló y no sabe si algún día podrá hacerlo, porque durante toda su vida trabajó sin que los patrones la registren. Por ahora se mantienen con la pensión de Nicolas, que cobra unos pocos pesos para sobrevivir. Llegaron hace tres años desde Formosa para trabajar como caseros en una quinta de Monte Grande. Cuando comenzó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, los patrones decidieron hacer la cuarentena en esa casa, lo que implicaba que ellos salieran a buscar un alquiler. Pudieron alquilar un tiempo en Longchamps, hasta que la plata no alcanzó y apareció la oportunidad de ocupar un terreno en el Barrio San Martin de la Toma, junto con otra familia que tiene 10 hijos. Graciela habla pausado, con tono suave, tranquila, mientras su marido asiente a todo lo que dice y apenas mete bocado. También está Maira, una vecinita de 10 años que cuando te mira te descoloca. Tiene la piel morena y ojos color miel, que miran al cielo seguramente pensando en un mundo más habitable. Caminó en patas los metros que separan su terreno del de Graciela y Nicolás, y les llevó un bidón con agua porque, como dice Graciela: “somos los más viejos y todos se ocupan de nosotros. Nos preguntan si comimos o no, si necesitamos algo, si amanecimos bien”. Historias así hay de sobra. Cientos de personas en la toma trabajaban en casas ajenas, y cuando se decretó la cuarentena se quedaron sin casa. Nicolás y Graciela, hasta marzo, trabajaban en la quinta de Monte Grande, mantenían el lugar, les daban mercadería y ropa y “un poquito de sueldo”, dice Graciela, demasiado amable con esos patrones que piensan que hacen favores “dando trabajo”.

Ante el posible desalojo, que se programó para el próximo 1 de octubre, comentan: “Tenemos esperanza, que es lo último que se pierde. Pedimos que se solucione, acá hay mucha gente buena y sobre todo los niños. Si el gobierno nos da el IFE podemos pagar, no queremos robar. Queremos llegar a un arreglo, pero que no nos dejen en la calle. No tienen que tratarnos con violencia. Yo me volvería loca si veo una criatura correr, porque los persiguen con un caballo o a los escopetazos, acá se escuchan ruidos de tiros. Estamos realmente mal, nos sentimos culpables si a los chicos les pasa algo, pero los responsables son los del gobierno. Si hubiera alguna solución real ya la hubieran mostrado.”
Comparten el terreno con una señora y sus 10 hijos. El más chiquito tiene dos años y el más grande es el que se queda cuidando el lugar. Algunos de los pibes son asmáticos, por eso vienen de día a jugar al sol, pero no se pueden quedar a la noche porque hace frío. Todas las familias de Guernica se bancan las adversidades que implica una toma. “Hoy Amanecimos con mucho frío, anoche nos congelamos. No te imaginás, era todo blanco, hielo, impresionante. Ahora estoy aprovechando para intentar dormir porque me da el sol y calienta el Nylon." A veces el frío es el peor enemigo cuando no hay con qué cubrirse. 


 
 
Empleadas domésticas en la calle

Mercedes trabajaba cuidando a un señor de 90 años. Su ex patrona dice que la vio por la tele en la toma. Decidió echarla “por romper la cuarentena” y la dejó en la calle. Ahora vive ahí con su hijo de 7 años, que sufre de asma.
Daniela hacía changuitas, de todo. Trabajaba limpiando, haciendo alambrados, contrapisos, columnas para tanques, pozos ciegos. Desde que empezó la cuarentena no tiene nada de trabajo. Vive en la toma con su hijo y su hermana y  sus hijas mellizas de 9 años, que llegaron desde el país que le dio la tonada guaraní cuatro días antes de la cuarentena. Desde marzo solamente hizo una columna de tanque como changa. Pudo cobrar el IFE pero no la tarjeta alimentaria y, entre tantos gastos del día a día, como a la mayoría de las personas, no le alcanza la plata. Comenta que invierte el dinero en asegurarse que su hijo pueda estudiar por internet.
Rosalía tiene 20 años, trabajaba como empleada doméstica sin estar registrada, cuidando a una señora de 90 años, en Capital. “No me llamaron más, me dieron una liquidación pero ya me quedé sin nada.” Vive en el barrio 20 de Julio con su compañero. Comparten el terreno con otra vecina. La echaron de la casa que alquilaba. Tiene pocas cosas, porque estos últimos años estuvo viviendo “de alquiler en alquiler, de prestado”, y fue dejando sus cosas en distintos lugares. Su pareja está haciendo changuitas y pasan el día a día con la plata que junta, porque no cobran el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) ni ningún subsidio.

 
 
 
 
Comida para el barrio

Gabi, Brandon, Ale, Tomi y  El Polaco están de sobremesa. El humo de la leña donde prepararon el guiso de fideos codito se va apagando con el viento de la siesta. El Polaco encandila con sus ojos, que se destacan aunque se tape con la sombra de su gorrita.  Los pibes son jóvenes, tienen entre 17 y 23 años. Por la tarde arman copa de leche para los pibes y pibas de la cuadra; en realidad, “para los que alcance”, dice... y muchas veces no alcanza. Sacan plata de su bolsillo para comprar la carne, para comprar la leche y llenarle un poco la panza. Estos chicos, adolescentes, “de gorrita”, los pibes pobres y privados de cualquier derecho pero cargados con estigmas desde la sociedad y los medios, que construyen estereotipos y enemigos. Los chicos duermen ahí desde el primer día, se van rotando los días para dormir en la pieza porque cuidan la mercadería que juntan y que compran, con los pocos pesos que tienen, para compartir con el barrio. Hacen una olla popular y copa de leche. Muchas veces amanecen con el pecho tomado por el frío, pero se la bancan, hasta conseguir su tierra y poder traer a sus hijos a vivir a la toma.





 
 

Las niñeces

Tiziano cumplió 6 años adentro de la toma. Va y viene tirando patadas con los puñitos en guardia. Pelea con otro Tiziano, su primo de 8, que lo único que quiere es prender la cocina para hacer unos mates para las visitas. Benja es de pocas palabras: "sacame una foto", dice, y posa con las manos haciendo pistolita, como si fuese un afiche de película de acción. Disfrutan el espacio del terreno que comparten entre primos y primas. Son protagonistas de la apropiación de la tierra como derecho arrebatado. En esta toma se definen muchas cosas, entre ellas el presente de las niñeces habitando la tierra y bajo techo. Tiziano de 8 dice que quiere ser policía. Cuando le advertimos sobre las cosas malas que hacen las fuerzas de (in)seguridad, abre los ojos, sorprendido. La Policía Bonaerense, que hace varias semanas exigía a punta de pistola un aumento salarial, es la fuerza que tiene a cargo la tarea de desalojar a las 2500 familias. Se esperan 500 efectivos para el operativo de desalojo que ordenó el Juez Martin Rizzo para el próximo 1 de octubre. Tiziano de 8 quizás no lo sepa aún, pero hay mejores cosas para ser antes que policía. Entonces usa la cámara de fotos y juega con Tiziano de 6 a ser fotógrafo. No sabemos qué pasará con él, pero al menos dejó ese deseo de lado por un rato. 

 
 
El poder político

La intendenta de Presidente Perón, Blanca Cantero, del Frente de Todos, se posicionó desde el primer momento  en contra de la recuperación de tierras. Denuncia que los y las vecinas son habitantes de otros municipios y se niega a negociar. Ante los pedidos de mesas de diálogos con los vecinos de Guernica mostró su rechazo, e incluso intenta generar riña diciendo que brindará soluciones solo a quienes demuestren ser habitantes de su municipio, repartiendo las responsabilidades a los demás intendentes del Conurbano, quienes ya se manifestaron en contra de las tomas puntualizando que se trata de “delitos”. El Gobernador de la Provincia, Axel Kicillof, presentó una prórroga al juez Rizzo y logró posponer el desalojo por una semana. Por ahora solo hay rumores de una posible solución que no contemplaría a las 2500 familias, ni tampoco resolvería la problemática habitacional que se sufre, no solamente en Guernica, sino en toda la provincia. Las últimas respuestas ante las tomas de tierras fueron desalojos, tanto en Victoria como en Ciudad Evita, que dejaron un saldo alto de personas heridas, y la pérdida de un ojo de una vecina que recbió balas de goma por parte de la policía al grito de “esto te pasa por robar tierras, negra de mierda”. 

 

Los usurpadores legitimados

En el predio de 100 hectáreas viven alrededor de 2500 familias. Según una investigación del Grupo EdIPo, uno de los que se adjudican la propiedad del lugar es la empresa Bellaraco S.A. que debe al Estado más de 100 mil pesos de impuestos. El titular de esa empresa que realiza “todo tipo de operaciones inmobiliarias” es Guillermo Perez Pesado, parte de una de las familias adineradas de la Ciudad de La Plata.
Nidia Edith Desplats, quien es titular de LIORSEL S.A.,  denuncia que le cortaron el alambrado de su terreno. Su hijo, Guido Giana, es concejal de Presidente Perón por Juntos por el Cambio. Acompaña la denuncia de su madre y promueve el desalojo, además de alentar la criminalización del vecindario.
Vilma Alicia Enriquez, María Jacinta Medina Romero y Andrés Ríos, también dicen ser los dueños de las tierras, sin ningún respaldo fidedigno. Coinciden en defender la propiedad privada. Exigen el desalojo y la criminalización. Piden policía y represión para los vecinos y vecinas, a quienes califican de “usurpadores”. Detrás de esas adjetivaciones hay historias, con nombres y particularidades, que reclaman un pedazo de tierra para vivir, un derecho vulnerado para los pobres y legitimado por la propiedad privada, exclusiva para los ricos.
 


 

2 comentarios:

  1. hablan muy lindo pero no dicen la verdad.. hay gente q roba aca los chicos andan en bicicleta y ahora les roban las bicis cuando nunca paso eso aca.. ahora empesaron a robar las ruedas de loa autos q se dejan en la vereda por a en barrio san martin nunca se escucho q robaran un auto a los vecinos..desde q llegaron los paraguayos hay crimenes de mujeres. nadie los controla vienen y hacen lo q quieren .. en el predio hay gente armada se los ve llegar en la mañana en los trenes son de otros partidos del conurbano.. la gente de guernica no los queremos espero cn ansias q dios nos escuche y se lleven esa mierda a otro lado

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