7 sept. 2020




La co-fundadora de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, de 95 años, presentó el escrito el 27 de agosto, al cumplirse 44 años del secuestro de su hija Ana María y su yerno Julio César Galizzi. También quiere saber qué pasó con su nieta o nieto nacido en cautiverio. La jueza de San Martín, Alicia Vence, rechazó el pedido por improcedente. (Por La Retaguardia)

✍️ Redacción: Paulo Giacobbe
💻 Edición: Fernando Tebele
📷 Foto de portada: Mirta Baravalle en la Ronda de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora (Archivo Natalia Bernades/La Retaguardia)

El Juzgado Federal en lo Correccional y Criminal Nº2 de San Martín rechazó por improcedente un nuevo pedido de hábeas corpus presentado por Mirta Baravalle, co-fundadora de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. “Es manifiestamente improcedente por no encuadrar en los supuestos del artículo 3 de la ley 23.098”, dijo la jueza Alicia Vence en los considerandos  de su respuesta, el pasado 31 de agosto. “La acción de hábeas corpus reviste el carácter de excepcional, y debe ser utilizada ante una limitación o amenaza actual de la libertad ambulatoria que requiera un tratamiento inmediato y que no sea subsanable por otro remedio procesal, lo que no se advierte en este caso en concreto”, analizó la jueza, que rechazó el pedido por improcedente y con costas.
El pedido de Mirta Baravalle es por su hija, Ana María Baravalle, su yerno Julio César Galizzi y la hija/o de ambos, Camila o Ernesto. Ana María fue secuestrada el 27 de agosto de 1976. Estaba embarazada de 5 meses. La presentación se realizó exactamente cuando se cumplieron 44 años de su desaparición.
En el escrito firmado por Gabriela Conder y Eduardo Soares, de la Gremial de Abogadxs, se relata el martirio al que es sometida la madre y abuela desde el momento de los secuestros. En 1976, alrededor de 30 o 40 sujetos ingresaron a su vivienda en San Martín, fuertemente armados, con ropa de fajina del Ejército, algunos con pasamontañas de colores para cubrir su rostro. También ingresaron a las casas contiguas, amenazando, robando y golpeando a esas familias. Se llevaron a un joven que apareció a los tres días. Ese grupo se va, pero vuelve otro a los veinte minutos.
Ahora la patota vestía de civil. Entra a la casa de los Baravalle forzando la puerta. “Ellos me toman violentamente de un brazo y me arrojan contra la mesa, mientras me apuntan por detrás con un arma en la cabeza. Estaba presente un hermano mío al cual le taparon la cabeza a la vez que le pasaban un arma por el pecho y le decían: ‘Mirá, flaquito, si se me escapa un tiro de la Itaca’. Sacudiéndome, me preguntan quién es ANA y mi hija, para protegerme, se hace presente y dice que ella es ANA”, relató Mirta Baravalle en su presentación. 
A Ana la interrogan en otro sector de la casa. Mirta, presionada contra la mesa, solo puede escuchar voces. Alguien dice que el operativo terminó pero continúan revisando la vivienda. Así lo encuentran a Julio César Galizzi. “Según versiones posteriores de los vecinos, me dijeron que uno le decía al otro: 'dale, tirale, matalo' y que se escucharon disparos. (Luego encontraría los casquillos por el fondo de mi casa). Yo pude verle los pies al momento que se lo llevaban mientras decía: 'Yo soy JULIO CÉSAR GALIZZI'. Por testimonios visuales de mis vecinos (que miraban desde sus casas), supe que mi hija fue introducida en un Ford Falcón, mientras Julio César fue metido en otro vehículo”.
A partir de ahí comenzará la búsqueda de su hija, su yerno y su nieta o nieto. Un arduo camino que recorrerá con hidalguía y templanza, convirtiéndose en faro para otras luchas. No podía imaginar la huella que dejaría en la historia argentina cuando en septiembre de 1976 presentara el primer hábeas corpus  en el Juzgado Nº3 de San Martín. Va a buscarlos en todo lugar de encierro imaginable y recurrirá a los organismos de derechos humanos existentes en ese momento. “Cuando llegó la fecha aproximada en la que mi hija debía dar a luz y sin esperanzas que me entregaran al bebé, comencé a ir en busca de datos a las casas cunas, orfelinatos, juzgados de menores y hospitales infantiles”, y entonces presenta el primer hábeas corpus por su nieta o nieto. Organismos internacionales, iglesias y  la Corte Suprema de Justicia  no podrán ignorar su derecho a saber la verdad. Caminará la Plaza de Mayo desde el primer día y la tornará más simbólica, más histórica. Desde el 30 de abril de 1977 será la Plaza de las Madres.  

Un pedido 

“La desaparición forzada se trata de un delito continuado”, explicó Mirta Baravalle en su presentación. Lo mismo pasa con el niño o niña que nació en cautiverio y fue robada su identidad. “Respecto a mi nieto o nieta manifiesto la necesidad de satisfacer el derecho a la verdad y determinar la verdadera identidad biológica, pues no solo ese delito fue cometido por el Terrorismo de Estado en el pasado sino que el Estado ha favorecido a ese ocultamiento, sea con conductas positivas u omisivas, provocando los efectos que se multiplican y perviven al día de hoy, ‘desapareciendo’ “a Camila o Ernesto de sus familiares, oculta/o tras una falsa identidad inventada y consolidada gracias a la acción del propio Estado“. Así, el Terrorismo de Estado tiene anclaje real en democracia, privando a esa persona de conocer a su familia biológica y a su familia biológica del encuentro añorado.
Al enterarse de que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAFF) incorporó un software de identificaciones masivas, Mirta Baravalle solicitó análisis masivos de ADN en la franja etaria respecto de su nieta o nieto y el cese de toda documentación “emitida por el Estado de toda persona que pertenezca a la franja etaria de los nietos y nietas que han sustraído para evitar la continuación y la perpetración del delito de lesa humanidad”, que se mantiene en democracia. 

A sus 95 años, Mirta continúa la búsqueda de su nieta o nieto. La búsqueda por el derecho a saber qué pasó con su hija y su yerno. Por Memoria. Verdad y Justicia. Nunca en soledad. Pero con la necesidad urgente de un abrazo reparador.


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