4 oct. 2020



Diana Maffía, Doctora en Filosofía y a cargo del Observatorio de Género del Consejo de la Magistratura de CABA, participó del programa radial Sueños Posibles. Habló sobre las violencias de género en contexto de pandemia. Además, compartió sus pensamientos acerca de la dicotomía de aislamiento social o aislamiento físico. También reflexionó en torno de cómo podemos repensar el concepto de seguridad. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Alfredo Grande/Irene Antinori
✍️ Redacción: Nicolás Rosales
💻 Edición: Fernando Tebele


En los medios tradicionales de comunicación es bastante común encontrarnos con noticias referidas a la pandemia que ponen el foco en la cantidad de personas contagiadas con coronavirus, como si fueran meros números. Personas deshumanizadas, vaciadas’ de subjetividad. Otras tantas noticias se ocupan de la economía, fríamente. Algunos pocos medios les dan lugar a las miradas más humanas de la crisis social y psicológica que engloba la pandemia.

 

Sobre miedos y violencias

Diana Maffía dio su opinión en una dirección distinta a los análisis habituales, una mirada microsociológica. “Hay una discusión acerca de si se lo debe llamar aislamiento social, porque eso te predispone de una manera tremenda. La idea de que todo el resto de la sociedad es un peligro, una amenaza, que se refleja en la conducta cotidiana: no subís al ascensor si hay otra persona, o lo hacés con la sensación de que estás haciendo algo que te pone en riesgo. Y no por cuestiones de violencia de género, que es uno de los motivos que te puede poner en riesgo, sino que puede ser cualquiera que se acerque demasiado, en un negocio, en la calle. Todo esto está sumiéndonos en una distancia que es mucho más grande que una prevención. Es algo que va redefiniendo a los otros sujetos, y cómo me relaciono. No sé qué va a pasar cuando la pandemia termine, si es que termina. Quedarán seguramente algunos resguardos que habrá que mantener”, expresó. 

Maffía cuestionó “la idea del aislamiento social” en desmedro de lo que nombró como un aislamiento físico: "Es otra cosa. Podés compartir espacios, actividades. A mí me parece que es algo cuestionable cómo nos predisponen como sujetos y cómo vamos redefiniendo el lugar que los otros sujetos ocupan. No son nuestros socios, no son nuestros amigos, son alguien que me pone en riesgo, no alguien que no me ayuda o alguien al que pude recurrir. Alguien que me amenaza estando ahí, no es que me amenaza con una conducta física”, sostuvo. 

Pandemia y violencia de género

Por otro lado, hizo mención al recrudecimiento de la violencia de género en este contexto: “El aislamiento supone que el lugar de riesgo es la calle y aquellos con los que convivo no me ponen en riesgo. Y bueno, todas las cifras de violencia de género; de femicidios, que son espantosas, muestran que para las mujeres la casa y la pareja son espacios realmente poco seguros. Que hay que tomar allí también muchos resguardos. Hubo una reacción un poco tardía con respecto a esto por parte de las políticas públicas. Así que creo que es un daño psíquico,  y tratar de revertirlo es retomar redes, vínculos. Pero no todo el mundo tiene acceso a la tecnología, por brechas materiales, porque no tienen computadora, wifi, internet o teléfono, pero también por brechas de conocimiento, de acceso a lo digital como conocimiento. Estamos juntándonos con las personas que podemos y cómo podemos. Hay muchas que no pueden”, remarcó.   

La pensadora remarcó la ausencia de una mirada de género para pensar la cuarentena: “Este aislamiento no lo pensaron previamente. Porque hay que ver quienes se sientan a pensar en la sociedad y a qué intereses y puntos de vista representan. Hay gente que se ha sentado muy a menudo a ver qué pasa con la pandemia, algunos especialistas en virología, economistas, empresarios, sindicalistas, pero las mujeres y el tema de la violencia no han estado presentes allí”, agregó. 

Otro concepto de seguridad

“Hay una concepción represiva de la seguridad. Porque podríamos tener otro concepto positivo,  diciendo que la seguridad es la capacidad que nos brinda el entorno, el gobierno, para el ejercicio de todos nuestros derechos humanos. En cambio tiene que ver con el cuidado, con las políticas públicas para protegernos, para asegurarnos el acceso, y no es ese el sentido, sino que es represivo, donde parece que hay una confluencia social de acuerdos peligrosísimos, no es solo de un ministro. A la policía, en todo caso, le compete que las personas no estén en conflicto con la ley, e intervenir para disuadir. La idea de que te tiren balas de goma en la cara o que te repriman con armas, secuestren, que te torturen, o que te violen, te maten, te desaparezcan, etc, cosas que hemos visto en toda esta temporada demasiado a menudo. Esa no es, obviamente, una idea de seguridad ni siquiera para las fuerzas de seguridad”, dijo.

Maffía recuerda que durante su mandato como diputada porteña aportó ideas para pensar en otra policía, más vinculada al concepto de cercanía. En aquel momento se deslizó la propuesta de comprar nuevo armamento, como las pistolas Taser, a las que repudió. En este sentido aportó su reflexión:  “La idea de que te van a inmovilizar con una pistola es algo inconcebible en este país, pero finalmente las compraron y las usan. Siempre pasan abusos de las llamadas fuerzas de seguridad que tienen que ver con esta índole, con la expectativa, con las órdenes que reciben. Cuando pienso la seguridad de otra manera, los agentes de seguridad no son solamente la policía. Los agentes de seguridad que te protegen para que puedas ejercer tus derechos son: la justicia, los hospitales, las escuelas. Tiene que ver con el cuidado de la sociedad, que la sociedad se sienta segura en el modo de ejercer sus derechos. Que todos tengan acceso”.

En el cierre, señaló algunas de las cuestiones que, desde su punto de vista, no se tuvieron en cuenta a la hora de pensar una estrategia sanitaria de distanciamiento: “Hay muchas cosas que pasaron por alto quienes planificaron el aislamiento. Pasaron por alto los barrios populares, a las personas que no sobreviven si no salen a hacer una changa, y todo eso empezó a manifestarse en términos de abandono y muerte. Se olvidaron de cómo están los viejos en la sociedad, de cómo está la gente en situación de calle. La sociedad había decidido que esas personas no contaban en la convivencia, no tenían un valor. Entonces cuando se pensó la seguridad, se pensó para ese pequeño conjunto que tienen una vivienda, un salario, y una serie de condiciones que no todas las personas compartimos”, aseveró. 


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