21 oct 2020





Lo dijo Patricio Eleisegui, periodista especializado en temas medioambientales, en su columna mensual en el programa radial A mí no me importa. Se refirió a la aprobación para la comercialización de una variedad de trigo genéticamente modificado, que Argentina comenzará a producir y que también incorpora resistencia a un nuevo agrotóxico más potente que reemplazaría al glifosato: el glufosinato de amonio. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Julián Bouvier
✍️ Redacción: Gabriela Suárez López
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero
🖍️ Ilustración: Lorenzo Dibiase para La Retaguardia Papel


El periodista Patricio Eleisegui habló acerca de la vía libre para la manipulación genética del trigo, un producto tan esencial en el consumo de los argentinos y argentinas, tras la habilitación que se conoció hace algunas semanas para impulsar la producción de este nuevo transgénico: “Es la quinta velocidad de los transgénicos, porque teníamos de repente una aprobación sistemática de soja desde mediados de los años 90, después se fue sumando el algodón, el maíz. La última novedad había sido la papa, una variedad de papa en particular. Pero ahora, el Gobierno tomó la decisión de habilitar finalmente la primera variedad de trigo genéticamente modificado. Es un producto que es inédito en el mundo. Pero no inédito porque estamos hablando de un desarrollo entre comillas que de repente viene iluminado desde la ciencia argentina, a nivel político, sino que el mundo entiende que el trigo es un tema muy sensible y que no se puede jugar con genética en un producto que se consume tanto. Y acá, acorde con la promoción que se hace del agronegocio, del extractivismo, y justamente de la agricultura de laboratorio, se ha ido más allá y se ha terminado aprobando un producto que no tiene mercado siquiera. Porque básicamente la resolución que oficializó el Gobierno dice que la expansión de este trigo está atada a la aprobación que haga Brasil de esta semilla. Porque Brasil compra casi el 50 por ciento de la exportación argentina de trigo y hay mucho temor a perder ese mercado. Entonces, por las dudas, no lanzan una siembra masiva, pero fijate lo perverso del sistema, lo perverso de la dirección que toma todo esto porque en ningún momento se habla de los consumidores locales”, manifestó.


 

“En principio, esto fue aprobado por la Secretaría de Alimentos y de Economía, que es dependiente del Ministerio de Agricultura. Estamos hablando de la cartera que encabeza Luis Basterra, por poner una responsabilidad directa. La oficialización en el Boletín no está firmada por Basterra sino por Marcelo Alós, que es el Secretario de Alimentos, y es un poco el que pone la cara, pero la realidad es que esto no se puede hacer sin una venia del mandamás de la cartera que es justamente Basterra. Un Basterra que siempre sale indemne de todos los cuestionamientos, un tipo que siempre parece un poco simpático en un punto, pero que omite o no participa en las discusiones importantes como el acuerdo con China, todas cuestiones que tienen que ver con agricultura, con su cartera”, sostuvo sobre la Resolución 41/2020 de la Secretaría de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional. 

Jugar a ser Dios

Eleisegui se refirió a las consecuencias desconocidas del consumo de estos productos alterados: “Lo transgénico en sí es una tecnología que lo que hace es incorporar genética de una especie en otra, básicamente. En este caso, se juega sobre el ADN, se inserta un gen de una especie diferente en ésta y básicamente se tiene un desconocimiento total sobre cuáles son los efectos de esa nueva combinación de genes y qué ocurre también cuando tu genética interactúa con este nuevo producto. Cómo va a responder tu cuerpo al consumir esto, es un misterio total. Esto es un experimento a cielo abierto. Como se hizo con la soja en su momento. Qué pasa cuando vos consumís esto en 5 años o 10 años. Bueno, este experimento no existe, lo van a hacer con la gente, lo van a hacer con nosotros”, denunció. 

Ciencia e ideología: relieves de una relación en puja

Sobre el modo de pensar la modificación genética de los alimentos, el periodista agregó: “Es un producto que no incorpora ninguna mejora nutricional. Porque muchas veces se dice ‘la transgénesis no tiene la culpa’, eso es una lectura ideológica. No existe la ciencia sin ideología, como no existe nada que hagamos nosotros sin ideología. Esto responde a un interés determinado, en este caso el interés de una empresa, Bioceres, que es la Monsanto argentina. El interés no es mejorar el trigo para que nosotros estemos mejor alimentados. La particularidad que tiene este trigo, es que supuestamente se adapta mejor a suelos con menor cantidad de agua. En una instancia de sequía el trigo tendría casi el mismo rendimiento que un trigo tradicional en una instancia climática normal. El famoso estrés hídrico como le dicen a esta genética, o resistente a sequía. Pero lo que no se dice es que incorpora una resistencia a un producto que es el sucesor del glifosato que la industria agroquímica quiere imponer desde hace unos años, y que lo viene haciendo bastante bien, que es el glufosinato de amonio”.

Acerca del origen del uso de este producto, expresó: “El glufosinato de amonio es un agrotóxico que comienza a despegar en vínculo con la soja, con el maíz. Porque el glifosato ya no genera el mismo efecto en el campo, porque las malezas se volvieron resistentes, después de tanto tirar millones y millones de litros de glifosato. Entonces, la industria dice ‘¿cómo combatimos estas malezas que compiten con los cultivos?’ Aplicando otra molécula, mucho más tóxica, mucho más potente que el glifosato y es este glufosinato de amonio. Nosotros tenemos hoy entre 10 y 15 semillas transgénicas que ya resisten glufosinato de amonio. La realidad es que hay ciencia que se ha hecho en el país: Rafael Lajmanovich fue uno de los primeros que investigó la toxicidad del glufosinato de amonio. Él comprobó en anfibios que genera daño celular, que genera daño genético, que eso se traslada a las distintas generaciones y eso, por supuesto, siempre deviene en malformaciones. Eso es lo que genera este producto que se va a aplicar sobre el trigo y que después vamos a comer. Todo este combo beneficia a una sola empresa que es Bioceres, integrada por Hugo Sigman, quien está detrás de la comercialización de la vacuna del Covid-19, esta que promociona Oxford. Está Gustavo Grobocopatel, del grupo Los Grobo. Está el director de Clarín Rural como accionista. Son todos actores que se ven beneficiados a través de esta aprobación de un producto que no tiene salida comercial porque ni siquiera el principal comprador del trigo argentino lo está pidiendo. Nadie lo está pidiendo”.

El pan nuestro de cada día

El autor de libros como Agrotóxico y Envenenados, también remarcó la implicancia que este cambio trae aparejada en la alimentación de la población: “Para colmo nosotros tenemos una idiosincrasia de muchísimo consumo de trigo, por una cuestión de raíz. Vienen justamente con la tradición del consumo de trigo, pan, la pasta. Por supuesto, el principal tema es en la soja y el maíz, que se utilizan mayormente para forraje de los animales, muchas veces la excusa o la manera de amortiguar un poco la crítica que tenían las empresas era alegando, argumentando, que el animal primero se come eso y después vos vas, te comes la carne y que entonces no estarías haciendo un consumo directo de ese producto fumigado. La excusa que se daba antes era que el animal hace su proceso, como si el animal fuese una maquinaria de convertir genética en otra cosa. En este caso, viene directo a la mesa. Acá no hay intermediación de ningún tipo, no hay discusión respecto de que vamos a consumir el transgénico de forma directa”.

A su vez, explicó cómo será la situación del trigo transgénico para las y los consumidores cuando se empiece a producir y distribuir: “Lo que es particular, es la imposibilidad de elegir. Porque primero en la Argentina no hay una ley de etiquetado de transgénicos. Y, por otro lado, la gente de la cadena molinera, que son los que hacen la harina, procesan el cereal, que son tremendos opositores al transgénico, no quieren saber nada. Y el titular de la Federación de Molineros (FAIM) me decía que es imposible determinar de forma visual la diferencia entre un trigo y el otro. La única manera de distinguir si el producto tiene transgénico o no, es enviando el producto a un laboratorio. Y vos no vas a ir a comprar un kilo de pan y te vas a ir a un laboratorio para ver si tiene el transgénico que es tratado con glufosinato de amonio. O sea, básicamente vamos a comerlo de alguna manera en algún producto, porque esto no se va a poder distinguir. Y una vez que vos liberás eventos transgénicos al ambiente, y esto está hiper-comprobado, se produce una contaminación con las producciones tradicionales y el resultado de eso es que las plantas que vienen son todas transgénicas. Entonces, esto es ya un daño irreversible desde el mismo momento en que siembran el primer trigo”, detalló. 

Ruidos y tertulias de los medios hegemónicos

Hacia el final de la entrevista, respecto al tratamiento que algunos medios tradicionales le dieron al tema, Eleisegui comentó: “El otro día veía una columna que salió en La Nación, donde decían que algunos expertos se oponían y alertaban sobre los peligros de perder mercados, obviamente. La exportación son 3.500 millones de dólares. Fíjense ustedes el nivel de lobby de esta compañía, en un Gobierno que está ahogado porque no recibe inversión extranjera, que estuvo al borde del default en un momento. Se pega un tiro en un pie, liberando un evento que te puede hacer perder un negocio de 3.500 millones de dólares. Ni siquiera cierra desde el punto de vista económico. Pero me llamó la atención que esta crítica apareció en La Nación. Entonces la explicación más simple es que evidentemente la cadena molinera pone más plata que la que puede poner Bioceres. Porque donde Bioceres ejerza su rol de patrocinador, automáticamente se acaba cualquier tipo de discusión sobre el trigo transgénico. De hecho, la discusión está más que nada entre quienes son los que de repente promueven el negocio o la nueva alternativa: Clarín, La Nación, son multimedios que están totalmente a favor de los transgénicos y nunca van a poner en discusión la tecnología. Quizá sí el tema de los intereses privados, pero no vamos a ver nunca una discusión sobre esta agricultura de laboratorio que nos está llevando al desastre”.

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