29 nov 2020



La periodista, autora de los libros Malcomidos y Mala Leche, se refirió a la ley de rotulados de advertencia que se está discutiendo en comisiones en la Cámara de Diputados. En su paso por el programa Hasta que vuelvan los abrazos, Barruti explicó la importancia de este proyecto y la fuerte presión que está haciendo la industria para que se modifiquen algunos aspectos. Por su parte, Andrea Graciano, la presidenta de la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (Fagran), dialogó en el programa A mí no me importa. Allí aportó su visión acerca de esta propuesta indispensable para que los consumidores y consumidoras puedan decidir, con información clara, cómo alimentarse. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Julián Bouvier
✍️ Redacción: Pedro Ramírez Otero
💻 Edición: Fernando Tebele


El proyecto de ley de rotulados frontales que implementaría sellos negros de advertencia cuando un producto procesado sea alto en azúcares, grasas, sodio o calorías, obtuvo hace algunas semanas media sanción en el Senado con 64 votos a favor y sólo 3 en contra. Cuando llegó a Diputados/as, Sergio Massa —el presidente de la Cámara— decidió girarlo a seis comisiones para debatirlo. Esta determinación fue, según la lectura de muchas personas que apoyan este proyecto, para dilatar su aprobación. Al poco tiempo, por la presión ejercida, la discusión se derivó a tres comisiones. 
 
Soledad Barruti, la periodista que derribó una y otra vez los mitos de la agroindustria y de los y las nutricionistas que acompañan este modelo de alimentos a base de ultraprocesados, manifestó su postura acerca de los etiquetados: “Es muy importante el proyecto, está muy bien armado y es muy necesario. Tenemos que empezar a discutir qué comemos, qué compramos, y meternos a conocer esa información que hoy en día está absolutamente relegada, oculta”. Explicó también que, de aprobarse los rotulados, implicaría que si un producto tiene al menos un sello de advertencia, no puede ser distribuido o comercializado en las escuelas. “Proteger a las infancias de esta avanzada de la industria en entornos escolares, en publicidades que están pensadas sólo para ellos, y que a través de esta ley estarían prohibidas. Es un paquete de medidas que como está muy bien pensada y muy bien fundamentada tiene muchísima oposición y muchísimo lobby en contra”, dijo. 
 
El poder de lobby del modelo agroindustrial
 
La industria sigue buscando imponerse para modificar la ley, que está basada en el modelo de perfil de nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que establece una clasificación de alimentos y bebidas procesados y ultraprocesados con niveles excesivos de nutrientes críticos como azúcares, sal, grasas totales, grasas saturadas y grasas trans. Bajo esos parámetros, la mayoría de los productos que las principales marcas ofrecen tendrían sellos negros y esto no fue bien recibido por las empresas, que buscan modificar este aspecto del proyecto, entre otros que también les incomodan. Barruti detalló la situación de fuerte presión una vez que el proyecto pasó de recinto: “En Diputados entró a un círculo de lobby y de demoras, promovidas primero por Sergio Massa, que se reunió con azucareros y les prometió trabajar para ellos y para que la industria azucarera prospere en el mundo. Y luego, obviamente, por las interferencias que se sostienen también por las sociedades de nutrición. La Sociedad Argentina de Nutrición, a través de su presidenta Mónica Katz, ya se manifestó en contra de esta ley hace  tiempo y ahora se suma como un actor fuerte Sergio Britos, que es otro nutricionista afín a las marcas, que trabaja frecuentemente para ellas y que viene a contarnos que él tiene la idea de un rotulado mejor a pesar de que este rotulado cuenta con el apoyo de Unicef, de la Sociedad Argentina de Pediatría, de la Organización Panamericana de la Salud. O sea que hay evidencia de sobra para decir que realmente necesitamos esta ley, pero sin embargo aparecen todos estos profesionales de la salud con muchas comillas, muy afines a las marcas que la boicotean”.
 
Poder elegir lo que comemos
 
“El etiquetado que hoy tenemos en Argentina no cumple con su principal función, porque la razón de ser de un etiquetado debería ser informar y que la gente pueda tener en cuenta esa información y, particularmente, la información nutricional para tomar decisiones de compra”, remarcó Andrea Graciano, la presidenta de la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (Fagran) e integrante de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UBA (CaLiSA).

Graciano señaló que esa información debe estar en el frente de los envases, de manera clara, simple, y que la gente pueda tenerla en cuenta cuando elige sus productos a la hora de comprar. “Lo que sabemos es que en Argentina solamente un tercio de la población lee la información de las etiquetas y solamente la mitad, el 13%, comprende la información nutricional. Por eso es tan necesaria esta ley”, aseveró, y planteó que el tema es de suma urgencia. “Lo que venimos viendo en nuestro país es que la malnutrición por exceso es una consecuencia de cómo se vienen transformando nuestros patrones alimentarios: vienen perdiendo lugar en nuestras mesas los alimentos naturales y mínimamente procesados, las preparaciones caseras hechas en el hogar, y lo que viene ganando presencia son estos productos industrializados con el contenido excesivo de nutrientes críticos y por eso es tan necesario tener en cuenta que la transformación de los sistemas alimentarios tiene un impacto en nuestros hábitos alimentarios y también en la nutrición y en la salud”, especificó.

Un problema de salud pública

Aunque no en todos los casos el exceso de peso es por mala alimentación o un riesgo para la salud, la nutricionista expresó que las consecuencias de los cambios en nuestros patrones alimentarios, basados en una dieta de productos ultraprocesados, generan en Argentina un incremento en la obesidad. “La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo mostró que entre el 2005 y el 2013, la obesidad aumentó un 42%. Pero entre 2005 y 2018, que fue la cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, aumentó un 74%. Es un problema que viene creciendo de manera sostenida, y viene aumentando a valores estadísticamente significativos, viene creciendo a una velocidad que cada vez es mayor y por eso es urgente poder avanzar con este tipo de marcos regulatorios que lo que permiten es que la población pueda tener garantizado su derecho a la información y tomar decisiones de compra informadas al momento de elegir qué productos llevar a sus mesas”, argumentó.

“Es un momento histórico y como sociedad civil lo celebramos y también exigimos que el Estado garantice que podamos tener en nuestro país el mejor estándar posible. El derecho a la alimentación está incorporado en nuestra máxima norma que es la Constitución Nacional, al igual que el resto de los derechos humanos; a la salud, a la información. Son derechos que el Estado tiene la obligación de garantizar, y nuestro país debe avanzar soberanamente en garantizar el máximo nivel de bienestar posible para todos y todas sus habitantes. Esperamos que sea ley”, expresó la presidenta de Fagran.
 
La lucha sigue

El camino hacia la Soberanía Alimentaria y para derribar un modelo de producción que continúa envenenando y destruyendo el medioambiente es todavía muy largo. Una vez que esto sea ley, sostuvo Graciano, habrá que seguir avanzando con otros aspectos. “Perú tiene la Ley de Advertencias Publicitarias, tiene un proyecto de ley que regula el etiquetado frontal, y hoy la sociedad civil está alzando la voz para que los productos lleven en sus etiquetas adviertan respecto a la presencia de transgénicos (semillas genéticamente modificadas) dentro de sus ingredientes. Entonces ahora alcemos la voz por el etiquetado claro ya, breguemos porque este proyecto se transforme en ley y luego levantemos otras banderas como está haciendo Perú en este momento”, ejemplificó. 

Si nos referimos al rol del Estado, el actual Gobierno nacional implementó algunas medidas positivas como la creación de la Dirección de Agroecología o el nombramiento de Nahuel Levaggi, de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) al frente del Mercado Central. Aun así, no parece suficiente porque el agronegocio sigue obteniendo beneficios y facilidades. “El problema no son los gobiernos, el problema es el modelo económico. Esto va más allá de las ideologías y de las promesas de campaña, porque en la medida que se sostenga el agronegocio como la base económica del país es imposible que contemple a la vida como parte, y a la naturaleza. La verdad es que tenemos que poder salir y generar otro sistema, que es posible y que está desarrollándose y gestándose desde hace mucho tiempo en distintos lugares de nuestro país. No hemos visto más que profundización del desastre. Y esto se lee en la aprobación del trigo transgénico, en este plan de granjas de cerdo para China, en la deforestación récord que hemos atravesado acompañada por incendios. Todo es desastroso, brutal y violento”, denunció Soledad Barruti. 
 
La periodista hizo hincapié en que se necesita apoyo del Estado para un crecimiento sostenido de la agroecología y en que también es necesaria una retracción del modelo del agronegocio, porque los dos no pueden convivir. “La agroecología no puede crecer entre campos fumigados y expansión de los transgénicos. Entonces, abrir una Dirección de Agroecología y al mismo tiempo habilitar el trigo transgénico, más allá de que pareciera esquizofrénico, es inhabilitar una de las dos cruzas. Porque quien está produciendo hoy trigo agroecológico, enseguida va a pasar a estar amenazado por la contaminación del trigo transgénico, y no al revés. Es una guerra absolutamente desigual y perversa, que es totalmente conocida y hace falta subrayarlo una y otra vez porque sino parece que nos olvidamos y nos conformamos con poquito”, agregó.  
 
Por último, Barruti se refirió a la esperanza que le genera el crecimiento del modelo agroecológico y de las redes de gente que produce, distribuye y consume estos alimentos: “Los movimientos maravillosos que van surgiendo, junto con los movimientos de los jóvenes y con muchísimo laburo desde los territorios, desde las asambleas y los movimientos ciudadanos de nuestro país, todos tienden hacia la agroecología, todos comprueban en cada uno de los lugares que, a medida que va tomando espacio una realidad mejor, con mejores alimentos, con menos promesa y con más buen vivir, es posible”, resaltó. 


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