9 nov 2020



En la villa 21-24, ubicada en el corredor sur de la Ciudad de Buenos Aires hay una gran invasión de ratas. María, vecina del barrio e integrante de La Garganta Poderosa, en diálogo con el programa radial Hora Libre, relató este problema con detalles y puso el foco en las demoliciones producto de la reubicación de vecinos y vecinas a viviendas de urbanización. Además, denunció los problemas estructurales del el barrio ante la ausencia del Estado, y el desinterés por visibilizar este hecho por parte de los medios tradicionales. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Rodrigo Ferreiro/Matías Bregante
✍️ Redacción: Nicolás Rosales
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero
📷 Foto de portada: Facebook La Garganta Poderosa


Hoy, la villa 21-24 se encuentra llena de ratas. Según sus habitantes, las demoliciones de algunas casas para las relocalizaciones a cargo del Instituto de Vivienda de la Ciudad, fueron las que generaron la plaga.

Casi un año sin un plan de control de plagas y sin respuestas

“Nos encontramos con el problema de las ratas en el barrio. Dentro de la villa no se desratiza desde el 21 de diciembre de 2019, esto está provocando un aumento en la población de ratas y también de plagas. Además, tenemos que vivir hacinados sin servicios básicos ni urbanización. En nuestro posteo de Facebook e Instagram publicamos que una nena de cinco años tiene más mordeduras de ratas que años de edad. Tiene seis mordeduras. Ya no podemos aguantar más esto”, detalló María, integrante de La Garganta Poderosa.

También denunció que nadie se hizo cargo: “La respuesta que tenemos del Gobierno de la Ciudad es que no hay presupuesto. Encima con el tema de la pandemia es como que se agravó. Los problemas de salud crecen también porque vivimos con ratas por las demoliciones que está haciendo el Gobierno y porque no hay un plan integral de control de plagas. Ya va a ser un año que venimos así”.

Invisibles

“Ningún medio de comunicación se acercó a nuestro barrio. Sabemos que cuando pasan cosas, como cuando a alguien le pegan un tiro, ahí sí vienen como si fuera un problema urgente. Pero en realidad también pasan otras problemáticas en los barrios: falta de urbanización, tendido eléctrico en malas condiciones, falta de agua. Si bien la nena tenía un pie sangrando (por las mordeduras de la rata), por suerte la atendieron y está bien. En esa misma casa vive un bebé de seis meses”, relató con crudeza. 
María ubicó donde se encuentra el foco de invasión de ratas, y también contó cómo vive con su familia en la parte más olvidada del barrio: “Esto pasó del lado fondo de nuestro barrio, vendría a ser el camino donde hubo relocalizaciones. Yo vivo del lado de Iriarte, donde nuestros pasillos están hechos mierda. Estaban haciendo los arreglos de cloacas, pluviales, y quedó en la nada, porque lo hicieron mal. Tengo una nena que se llama Mía, tiene cinco años y una discapacidad motriz. Vive con las rodillas raspadas porque no puede apoyar el pie, porque lo tiene inclinado 90 grados. No podemos tomar agua porque está contaminada, nos hace mal, vomitamos y nos duele la panza. Mi otra hija de dos años está en la misma situación. Tenemos que vivir cuidándonos, la zanja nos está inundando los pies, y también hay ratas”, precisó. 

Además, la vecina mencionó otros problemas estructurales aún no resueltos: “Por el mal tendido eléctrico, en un mes se prendieron fuego cuatro casas. De la noche a la mañana te levantás y perdés todas tus cosas, que cuesta un montón conseguirlas. Laburamos mucho para eso. Como no podemos tomar el agua del barrio tenemos que comprarla. Es un peso más que tenemos que gastar y nos sale cara. Tenemos necesidades básicas no cubiertas y que hoy no podemos garantizarlas”.

Más ollas organizadas y solidarias

“Tuvimos que aumentar nuestras ollas populares. Veníamos haciéndolas dos veces por semana desde que empezó la pandemia. Pusimos dos días más de ollas. La fila llega casi a las dos cuadras.  Hay muchos vecinos y vecinas que son changarines que salen a buscar el pan y hoy no pueden. Estas son las necesidades que sufrimos en el barrio, que nadie las ve, y no las quieren ver. Somos nosotros los que nos tenemos que organizar para que nuestros vecinos no pasen hambre. Eso es lo que más me toca a mí. Yo estoy en un espacio alimentario, la necesidad hizo que tengamos que abrir un comedor, y no nos pone contentos”, manifestó la integrante de La Garganta Poderosa.
Por último, mencionó que el uso de las redes de la organización trajo resultados positivos: “Se pueden contactar con cualquiera de las redes de la Garganta Poderosa. Tuvimos que hacer hashtags creativos, campañas  como #ContagiáConectividad o #ContagiáSolidaridad, para que nos llegue ayuda al barrio. La gente donó. Para cuidarnos con alcohol, tuvimos que organizarnos para garantizarlo nosotros. Al hacer la olla como organización, nos dimos cuenta de que no nos estábamos ocupando de nuestra seguridad en salud”, finalizó.


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