14 nov 2020



A la docente Estela Lemes, las fumigaciones con agrotóxicos realizadas en los campos cercanos a la escuela donde trabaja, en Entre Ríos, le provocaron una neuropatía. Ahora, un fallo de la justicia rechazó su pedido para que la ART (Aseguradora de Riesgo de Trabajo) y el Gobierno provincial se hagan cargo de su tratamiento. En diálogo con el programa Tengo una idea, Lemes repasó su historia. También contó que le mandó una carta al gobernador de la provincia de Entre Ríos y detalló cómo sigue su estado de salud. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Graciela Carballo/Nicolás Rosales
✍️ Redacción: Nicolás Rosales
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero


Estela Lemes, además de docente es directora de la Escuela Provincial N° 66 Bartolito Mitre de la zona rural del departamento Gualeguaychú, de Entre Ríos. En 2012, su cuerpo fue literalmente fumigado con agrotóxicos por un mosquito que pasaba cerca de la escuela un día de clases. A raíz de esto tiene una discapacidad. Una enfermedad que requiere tratamiento, del que no se hace cargo ni la ART ni la justicia. Lemes luchó desde un principio, y se convirtió en una referente contra el modelo de agrotóxicos.

El gobernador Gustavo Bordet

“He decidido hacer una carta abierta al gobernador porque de otra manera la causa no se iba a conocer. Entonces, cuando supe que la justicia fallaba a favor de la ART, del Consejo de Educación, y del Consejo Superior de Entre Ríos, apelamos con los profesionales abogados que están de mi parte. Con la carta quise que la gente se entere de lo que estaba pasando. Espero, y quizá sea un poco ilusa, una respuesta del gobernador, deseo que me conteste”, explicó Lemes.

Mosquito venenoso

La docente se refirió a la denuncia penal que realizó por fumigaciones con agrotóxicos en las cercanías de la escuela donde trabaja:  “La hice en el 2012, pero vengo haciéndola desde el 2010. Una  por año. Porque en septiembre es la época en que fumigan. En 2010 fue la primera, 2011 la segunda. Es septiembre del 2012, fue la vez que estuve más expuesta. Porque me acerqué al aplicador para que deje de hacerlo, diciéndole que estábamos en una escuela. Y el veneno cayó sobre mí. En esa oportunidad, era con un mosquito, esas máquinas aplicadoras, las anteriores fumigaciones habían sido desde avionetas”, volvió a denunciar.

Lucha y conciencia

La pelea de la docente valió la pena, porque las prácticas de fumigación algo han cambiado: “Cuando yo hice las denuncias a la sociedad le costaba creer que esto pasara, y no se sabía lo perjudicial que era. Hoy en día la gente sabe que un porcentaje muy alto de casos de cáncer de niños que van al Garrahan (hospital público de la Ciudad de Buenos Aires) son de Entre Ríos, y que han sido expuestos o viven en lugares donde se fumiga. La sociedad está ahora más compenetrada en el tema y lucha por el ‘No a la fumigación’. Por otro lado, en la escuela nuestra han dejado de fumigar hace más de tres años porque se han dedicado a la ganadería. Pero en las zonas aledañas sigue, podríamos decir que un poco más responsablemente. Porque avisan unas 24 horas antes, te muestran una receta, te dicen que si el viento está fuerte y corre para la escuela no se va a fumigar, etcétera. Nosotros conocemos tanto el olor (del veneno), que directamente buscamos donde está la máquina aplicadora”, planteó.

¿Banderilleros del agronegocio?

Aunque describió anteriormente algunos avances, la gobernación propone algunas ideas un tanto extrañas: “El Gobierno está preparando mediante decreto que los directores de  escuelas rurales, seamos un poco los centinelas, los banderilleros de los aplicadores. Cosa que me parece un disparate, no sólo porque nuestro trabajo es otro, sino que tenemos que hacer el trabajo que deberían hacer ellos, el dueño del campo o los aplicadores. Nosotros tenemos que proteger a los niños y que no nos fumiguen”, aseveró la docente.

Una luchadora incansable

Estela Lemes explicó cómo sigue su tratamiento en este contexto de pandemia por Covid-19 y agregó una nueva preocupación: “Durante todo este año he seguido con la medicación. Pero no he podido viajar a hacerme los controles durante todo ese mes que hago de internación porque tengo que atravesar el departamento Gualeguay, y las medidas son estrictas. Además el CENER (Centro de Neurología y Recuperación Psicofísica) es un lugar donde las personas no pueden andar por sus propios medios, entonces yo no puedo ocupar un lugar. Voy a ir en cuanto se pueda. Creo que ya estamos en condiciones de poder ir. En cuanto económicamente pueda afrontar el gasto, voy a ir. Pero lo que más me preocupa hoy es que la doctora perito descubrió una nueva enfermedad que yo no la conocía porque tiene los mismo síntomas de la neuropatía. Es un síndrome químico múltiple que ella me dice que me dá una discapacidad del 35,57%. Cosa que yo no pido porque no me quiero jubilar, quiero seguir trabajando y tratar esta enfermedad. Tengo que conocer más la enfermedad, ver dónde y cómo me puedo tratar”.
Por último, afirmó: “La causa en sí, me angustió mucho al comienzo. Pero al haber apelado, ya presentamos un escrito, y estamos esperando que presenten las otras partes. Esto ha tenido muchísima repercusión, es imposible que el gobernador no sepa de esta carta. Recibo adhesiones de todas las provincias, han salido notas en diarios, radios.. Hasta la última instancia vamos a seguir judicialmente, pero en estos momentos me preocupa mucho esta nueva enfermedad que no sabía que tenía”.

  

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