11 ene 2021



“Una laguna negra”, dirigida por Maricarmen Sordo y con guión e investigación del periodista Patricio Eleisegui, registra el desastre ambiental que producen en México las granjas porcícolas que se pretende instalar en Argentina. En diálogo con el programa A mí no me importa, Eleisegui habló del proceso de investigación que realizaron y detalló los riesgos que genera este modelo. Entre la contaminación del ambiente y la mala alimentación. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Julián Bouvier
✍️ Redacción: Pedro Ramírez Otero/Agustina Sandoval Lerner
💻 Edición: Fernando Tebele


Desde mediados de 2020 se conoció un acuerdo entre Argentina y China para producir cerdos en nuestro país. Rápidamente llegó el repudio por parte de organizaciones, especialistas y también por una amplia parte de la sociedad, porque el modelo que se quiere instalar genera altos riesgos en el medioambiente. Por la presión que se ejerció, el acuerdo se pospuso. Mientras tanto, los sectores que buscan que se firme y comience la producción de cerdos, siguen insistiendo: el representante especial para la Promoción del Comercio y de las Inversiones, Sabino Vaca Narvaja, aseguró que el acuerdo propone “instalar Granjas Inteligentes en nuestro país, que son granjas seguras, sostenibles y sustentables, y no la instalación de megagranjas”. Basta con buscar ejemplos de lo que sucede en otros países que adoptaron este modelo de producción para refutarlo. 


 

Patricio Eleisegui, autor de libros como Agrotóxico y Envenenados, viajó a México en octubre para comenzar con la investigación y filmación en la zona de Yucatán, donde están instaladas las factorías de chanchos similares a las que se establecerían en Argentina. “El modelo mexicano es uno de los que en su momento enarboló por parte de las asociaciones de producción de carne porcina en la Argentina como el ejemplo a seguir, como el modelo exitoso de comprobado efecto positivo desde la ecología, de no afectar el medioambiente. Todos aspectos que la cadena estuvo resaltando en los últimos meses como para darle cierto aval social al acuerdo con China”, comenzó a explicar el periodista. 

—La Retaguardia  En Argentina se armó una fuerte oposición a este acuerdo con China,  ¿allá hubo alguna resistencia? ¿Sabes cómo se instalaron las factorías?

—Patricio Eleisegui: Sí, es muy especial realmente por la idiosincrasia también y las situaciones que se dan acá en el mismo territorio. Las zonas afectadas por las granjas en México ahora están en el área de Yucatán, que es donde todavía están muy consolidadas las poblaciones y las comunidades mayas. Este pueblo todavía tiene alrededor de un millón de habitantes, son muchos, y todas las poblaciones de Yucatán, fuera de las ciudades grandes como Mérida, son poblaciones mayas. Ellos son quizá los que más están encarnando la resistencia porque son afectados directos también. Lo que ocurre en México es muy parecido a lo que ocurre en América Latina, donde el hombre blanco urbano suele no acompañar en gran medida los reclamos de las comunidades indígenas. Entonces, hasta tanto no exista una afectación directa en la ciudad, que es lo que estamos tratando de mostrar porque esa carne también se come acá en Mérida, lo ven como algo lejano. Y al mismo tiempo, México enfrenta tantas complicaciones en temas de seguridad; en temas ambientales por la contaminación del agua, por la entrada del maíz transgénico, el uso de agrotóxicos. Ahora están discutiendo la posibilidad de activar el fracking. Hay realmente un descalabro tan grande y estas empresas se manejan con tanta impunidad a partir de la caja económica, que han logrado hasta ahora mantener muy separadas las luchas. Digamos que no ves un movimiento nacional. Esta situación de lo que vive el territorio en Yucatán, en Argentina sería un escándalo porque imagínense que estamos hablando de más de 250 granjas que están instaladas en 43 reservas naturales y están usufructuando el agua subterránea. Acá no hay ríos. Esto es lo particular, no existe otra fuente de agua que no sea los cenotes que son subterráneos, que están interconectados, y ellos están extrayendo esa agua y la están devolviendo totalmente contaminada por el volumen de animales que tienen concentrados en las granjas, y porque hacen un vertido de todos los residuos directamente en la selva. 

—LR: Se habla mucho del desastre que generaría este modelo en nuestro país. En México debés haber visto estos riesgos en el territorio, ¿no?

—PE: Nosotros estamos haciendo un trabajo en Kinchil, que es donde está una de las sedes de la mayor porcícola mexicana exportadora que se llama Kekén. Para que se den una idea, el dueño de esta factoría es es un tipo que se sienta en la misma mesa que Carlos Slim, el megamultimillonario que maneja Telmex y Claro hasta en Argentina, y es uno de los siete tipos más ricos del mundo. En esa mesa chiquita acá en México se sienta el dueño de estas granjas y una de las bases está instalada en Kinchil en donde tienen más de 5 mil cerdas mamás, el volumen es bestial realmente. Imagínense que cada cerda da alrededor de 20 lechones por año, así que el volumen de animales que se está generando es una locura, es una auténtica fábrica de lechones. Y la realidad es que la empresa se instaló hace 12 años con todas las promesas que nosotros conocemos hoy en Argentina, que se están impulsando con China:  que iba a generar trabajo, de que el impacto ambiental es mínimo, de que el tratamiento que se le da a los animales es bastante bueno. Todos estos aspectos fueron los mismos. Que usaban tecnología para reciclar los residuos y con eso generaban su propia energía. La realidad es que cuando uno va y visita la comunidad se encuentra con que es una absoluta mentira, y entrevistando a extrabajadores uno entiende que el régimen es una explotación cercana a la esclavitud. Estas granjas requieren agua, sobre todo agua. En el proyecto argentino se habla de un millón y medio de litros por día que van a demandar estas granjas. Acá la instalación que se produjo hace 12 años de estas compañías en la zona de Yucatán, responde a que han ido secando distintas zonas de México. Secan o contaminan el agua, entonces se van trasladando y la última gran reserva es Yucatán por este tendido de los cenotes, de los pozos subterráneos. Al poco tiempo que ellos llegaron empezaron a exponerse los casos de explotación laboral con personas que trabajan más de 12 horas en condiciones infrahumanas. Hay gente trabajando con Covid dentro de la planta. Nosotros tenemos certezas de que eso ocurre y obviamente que se instalan en los lugares donde hay mano de obra barata, por eso eligen esta zona y por eso en Argentina no se van a instalar en la zona de La Pampa sojera. Un poquito más alejados, porque necesitan sueldos bajos, agua con mucha disponibilidad. Y al mismo tiempo la alimentación de estos cerdos es a base de, en este caso, maíz transgénico y sorgo. Pero es una alimentación a base de balanceado, que hace que en una semanas un lechón pueda pesar 100 kilos, cuando vos entrevistás a los productores locales, que hacen sus cerdos como desde el principio de los tiempos mayas, tardan 6 u 8 meses. 

—LR: ¿Cómo se dieron cuenta de los daños que estaban generando las factorías?

—PE: El disparador justamente tiene que ver con la aparición de distintas lagunas acá en la zona de la selva, donde encontraron los pobladores que eran lagunas con el estiércol de los animales. Quizás en Argentina hay que ver donde se instalan, y si no van a usar los bosques para eso. Lo que hicieron acá fue instalar tendidos de kilómetros de cañerías que nadie sabe adonde van, y resulta que terminan en la selva y están permanentemente tirando el agua mezclada con el estiércol de los cerdos, con la orina, con los descartes de cuando hacen parir a las cerdas, placenta. Todo el material va a parar a la selva directamente. Eso está matando todos los ecosistemas, está limpiando animales, bosques. Acá en esta zona la apicultura ancestral es la actividad básica de las comunidades y se están quedando sin árboles. Aparte no hay ríos. Toman el agua de los cenotes y en esos cenotes ya está entrando este líquido fétido, podrido. Esta empresa Kekén ha hecho desmonte a diestra y siniestra con su propia maquinaria. Se apropian de los terrenos de los productores. 

—LR: ¿El Estado avala esta apropiación de los terrenos por parte de la empresa? 

—PE: Acá el sistema es ejidal, en donde de repente si vos tenes intenciones de una explotación de miel y demás, podes pedir la tierra a la municipalidad y te la dan por equis cantidad de años. Por ende, no existe el papeleo de la titularidad porque son tierras comunales. Estas empresas por supuesto lo que hacen es moverse a nivel gobernación, a nivel nacional y de repente aparecen un día con que tienen 1000 hectáreas y vos estás dentro. Y te fuerzan a salir, con matones, con armas, destruyen las colmenas, hacen realmente desastres. Y en esa expansión, aparte del desmonte, han construido sus propios caminos, hacen carreteras. Se manejan realmente como los dueños del territorio y esta es una zona donde llueve muchísimo, donde en este año hubo una infinidad de huracanes, hay muchas tormentas tropicales, entonces se produce un fenómeno de inundación repetido pero las aguas generalmente escurren hacia la costa que está muy cerca, y la realidad es que las carreteras que ellos construyeron terminaron transformando todo en piletas. Bloquearon las salidas de las aguas y ahora todas las comunidades cercanas a Mérida se están inundando todos los años por estas elevaciones para hacer carreteras que han hecho las compañías.

—LR: Hemos visto que estás comunicando lo que tienen para decir las personas afectadas por esta situación, ¿hay algo que te hayan contado que pueda ilustrar lo que nos espera en Argentina si se instalan estas megagranjas?

—PE: En el trabajo nosotros tenemos un guía maya que es Alberto, que es experto en serpientes y camina mucho la selva. Él fue de los primeros que encontró las lagunas que están todas contaminadas. Es pescador también en la zona de Celestún, que es un puerto que está muy cerca, donde toda la contaminación también termina en ese lugar, y encuentran que las especies se están alejando de la costa ante este vertido permanente de los residuos que generan las granjas porcícolas. Así que les está complicando mucho la actividad pesquera que es tradicional de las comunidades. Al mismo tiempo, el consumo de cerdo es muy grande en México y más en la zona de los pueblos mayas porque es algo que está en su cultura, lo tienen desde siempre, y ellos consumían históricamente un cerdo que se llama "pelón", que es un cerdo negro muy particular, chico, no es el cerdo que nosotros conocemos que es el americano. Y lo que ocurrió cuando llegó Kekén, nos contaban, es que las personas lo que hacían era criar su cerdo en el patio de la casa, y le daban la alimentación de verduras, de los restos de comida de la casa. Entonces Kekén comprometió su inversión en el distrito si se erradicaban las otras especies para evitar que haya una contaminación a nivel enfermedades, y la gobernación del Estado procedió al sacrificio de todos los cerdos pelones que encontraron. Les modificaron el hábito a estas personas, en un territorio donde la soberanía alimentaria no es algo que resulta desde lo ideológico sino que es algo concreto: la gente genera su propio alimento, tiene su maíz, su plátano, su cerdo. Bueno, su cerdo no lo tienen más. Y lo que es muy interesante, es que en una de las grabaciones y caminos por la selva encontramos a un apicultor, que se llama Roque, que es un señor como de unos 60 años y yo le pregunté qué encuentra en las personas, en el consumo, en la vida sanitaria del pueblo hoy. Y me dijo que no suelen pasar los 70 años, a partir de esta alimentación que tienen ahora. Me comentaba la cantidad de personas que mueren entre los 60 y 70, con muchos problemas estomacales, gastrointestinales, vinculados, según él, a la dieta. Y me decía: "Ahora nosotros estamos comprando permanentemente la carne en las carnicerías que tienen la misma empresa porcícola". Las granjas están instaladas en su propio entramado de venta directa al público, en donde ofrecen el cerdo que no pueden exportar, que es el cerdo que ya tiene determinada edad, las madres que no sirven más para dar lechones o que están enfermas. Toda esa carne es la que consume el pueblo, el descarte básicamente. Y eso está incidiendo directamente en la edad de la población. Él me comentaba: "Mi mamá tiene más de 100 años y mi tío tiene 103 años". Entonces la pregunta era qué alimentación tienen. Y nos decía que ellos siguen comiendo a la antigua, comen muchas verduras, el cerdo lo hacen a escondidas en sus casas de alguna manera. Entonces no interactúan con el supermercado, con la carnicería industrial, y de esa manera es como que, según este hombre, siguen teniendo una salud muy fuerte. Eso me pareció muy interesante, cómo de repente el pueblo está cayendo en el supermercadismo que nosotros conocemos en la Argentina en detrimento de un logro al que nosotros estamos tratando de alcanzar o de volver, que es la soberanía alimentaria. Acá está pasando lo inverso y lamentablemente tiene una afectación directa en la salud y en la manera en que se nutren las personas.

—LR: Tenemos uno de los riesgos más grandes que es la transmisión de una enfermedad zoonótica, por otro lado lo que genera el desecho de los cerdos, también que revientan la selva y las aguas y los animales se alejan y trasladan otras enfermedades… ¿no son pruebas suficientes? 

—PE: Por un lado está la enfermedad misma que se genera por el modo de producción, de tener a todos los cerdos dentro de las granjas, sin movimiento, eso genera un exceso de antibióticos que después terminamos comiendo. Hay probada experiencia médica y científica, de hecho Damián Verzeñassi, por ejemplo, o el doctor Damián Marino, han estado exponiendo muchos detalles respecto de estas experiencias. Los animales se van alejando. Nada dice que en Argentina eso no pueda ocurrir, lamentablemente. La realidad también es que depredan las fuentes de agua. Hay un colectivo maya de personalidades que se han organizado para combatir este modelo, y en el colectivo lo que sacaron como conclusión es que en términos de pocas décadas el agua va a estar totalmente contaminada y lo que va a ocurrir es que el pueblo va a tener que emigrar hacia otro territorio. La ciudad se va a volver inhabitable y eso es lo que ellos entienden porque el modelo de producción porcícola no puede convivir con otros. Requiere de todos los recursos disponibles y eso es lo interesante de poner en evidencia cuando se habla de las posibilidades de generar esta producción de manera agroecológica, de alimentar de otra manera a los cerdos. Acá está la prueba máxima de que esto es imposible, no hay forma porque este modelo requiere de todo: de toda el agua, de todos los empleados baratos que pueda, de que la gente se coma la carne descartable que no pueden mandar a otros territorios, complicidad política y quedarse con todo el territorio posible. Realmente es un modelo depredador que consume todos los recursos y después se va a trasladar a otro lugar. Este modelo viene desde el norte bajando por México y ahora está acá, quizá después cuando consuma los recursos de la selva y de la zona de Yucatán, se traslade a otro lugar donde sigan encontrando grandes reservas de agua, alimento balanceado relativamente barato y una disponibilidad de mano de obra precarizada elevada. Eso es lo que se va a instalar en Argentina. La pregunta que le hago siempre a las personas en el territorio es la misma: ¿qué mensaje pueden darle a la población en Argentina respecto de este modelo? Y todos dicen que no vayan a firmar ese acuerdo, que no se vaya a avanzar con una cosa así porque es un suicidio socioambiental directamente. Y una vez que se instalan esas granjas de usos capitales, no los sacas más. 

El documental “Una laguna negra” puede verse en las redes y en el canal de YouTube de Patricio Eleisegui. También en la página de Facebook de Una laguna negra



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