3 feb 2021



El pasado domingo se cumplió un nuevo aniversario de la desaparición forzada y asesinato de Luciano Arruga en manos de la policía y otros actores del Estado, el 31 de enero de 2009. Su cuerpo apareció cinco años después enterrado como NN en el cementerio de Chacarita. Compartimos la crónica de una jornada sin marcha, pero con muchos abrazos a través de la transmisión de radio y tv que realizaron Familiares y Amigos de Luciano Arruga desde el exdestacamento de Lomas del Mirador donde el joven fue torturado, ahora convertido en espacio de memoria y acción. (Por La Retaguardia)


✍️ Crónica: Rodrigo Ferreiro
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero
📷 Fotos: Daniel Calabrese


Por primera vez en mucho tiempo, el 31 de enero llueve. El cielo está gris, plomizo, hace frío. Un peque corre por el pasto, desafiando a la garúa que comienza a caer. Tiene una remera blanca, mangas cortas, y una sonrisa de oreja a oreja. Va y viene por el jardín plagado de paltas, bananas y árboles. Un adulto lo mira a los ojos, se lleva el dedo índice de la mano izquierda a sus labios y pide silencio, en el cuarto donde finaliza la huerta hay radio. El pibe lo mira, cambia el rumbo pero no la canción que entona, a viva voz: “Nunca seré policía, de provincia y de capitaaaal”. 

Luciano Arruga desapareció hace 12 años, pero en ese gesto irreverente del niño vuelve, se hace carne, es eterno en el Espacio recuperado del oeste que lleva su nombre. Es presente. Es futuro, también, por prepotencia y provocación. 





La radio comienza puntual como cita inglesa. A las 15, la voz de Rosaura Barletta comanda la actividad principal de un domingo extraño, donde sobran barbijos y falta pavimento. El Espacio Luciano Arruga, exdestacamento de Lomas del Mirador donde Luciano Arruga fue torturado en 2008, acoge la primera entrevista de la tarde, a Martina Noailles y Antonella Álvarez, periodistas de los medios alternativos Sur Capitalino y Revoluciones.Net. Ambas resaltan la importancia de los medios no tradicionales en la cobertura de casos de represión estatal. Tienen experiencia reciente: Martina en el caso Chocobar y Antonella en la Masacre de Pergamino. Minutos más tarde, y luego de escuchar la voz grabada de Cristina Castro y Leandro Aparicio sobre la desaparición y el asesinato a manos de la Policía bonaerense de Facundo Astudillo Castro; Fermín Martínez y Nadia París copan la escena para contar lo que sucede en el sur del país, en el juicio Escuelita 2, sobre Centros Clandestinos en la última dictadura. La dureza del tema se endulza al final, arrancando las primeras carcajadas de la jornada: se cuela Lifko, el hijo de Nadia y Fermín, y el meet que conecta Buenos Aires con Neuquén se convierte en un analgésico para lo que resta de la transmisión. 





Mientras afuera del improvisado estudio radial se cuelgan banderas que recuerdan momentos pasados y banners rememorando diferentes casos de represión estatal, los audios sobre Santiago Almirón, víctima de una causa armada por la policía, y la China Cuellar, mujer asesinada en prisión y recordada por su padre, Alberto, Oscar Castelnovo, Adolfo Pérez Esquivel y compañeras del penal, ocupan la escena. Finalizado este difícil momento, Matías Bregante, uno de los integrantes de Familiares y Amigos de Luciano Arruga y co conductor de la radio, prepara la técnica para que Flavia Piraino dedique una adaptación del tango Naranjo en Flor a Luciano. Flavia protagoniza uno de los momentos más emotivos de la jornada, provocando lágrimas en los ojos y el abrazo profundo y sentido de Vanesa, la hermana de Luciano. Todo queda registrado en la transmisión audiovisual, supervisada hasta el mínimo detalle por Camilo Romano, otro integrante del colectivo. 





Llegando a las cuatro de la tarde, y con una hora de transmisión encima, la pieza radial preparada para recordar el caso de la desaparición de Johana Ramallo se hace presente en el éter, en la voz de su mamá, Marta. Es el preludio para una de las entrevistas más extensas de la transmisión: al abogado del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Tomás Griffa. Vanesa y Mónica, hermana y madre de Luciano, participan de una entrevista que, pese a contar con algunos inconvenientes técnicos surfeados impecablemente por Natacha Bianchi, la operadora radial y también integrante de Familiares y Amigos de Luciano Arruga, deja en claro el proceso de Jury de Enjuiciamiento hacia el juez Gustavo Banco y las fiscales Roxana Castelli y Celia Cejas Martín. 

Afuera, el sol se asoma, para luego dar paso a la lluvia. Así, una y otra vez. Hay empanadas y tortas para hacerle frente a un estómago que poco a poco comienza a pasar factura del tiempo transcurrido. No hay muchas personas en el Espacio, lo que da cuenta de que el mensaje de cuidado de la familia, replicado en redes sociales, surtió efecto. Los vasos de vidrio tallados preparados especialmente por Celeste, otra integrante del colectivo, se van llenando de agua, y la transmisión prosigue. Llega el momento para Karina Olivares, maestra y secretaria de Derechos Humanos del gremio Ademys. Karina habla acerca de la importancia de tratar el tema de represión estatal en las escuelas, las resistencias que aparecen y el trabajo que tienen los sindicatos para preparar material. Promedian las siete de la tarde. El tiempo se ajusta, y solo restan dos temas antes del cierre: Pandemia en los barrios, un completo informe preparado por Nazareno Roviello, periodista del portal Posdata; y la entrevista con las fotoperiodistas Lidia Barán, de Ancap y La obrera, y Agustina Salinas, de Cítrica, acerca de la cobertura en la represión en Guernica. Alrededor de las siete y media todo está preparado para el bloque final: Vanesa, Mónica y Pablo Pimentel, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza (APDH). 





Pablo Pimentel fue el primer referente de derechos humanos en hacerle un lugar al reclamo de la familia de Luciano. Y comienza con ese dato, el recuerdo de la llegada de Vanesa a la APDH La Matanza, poco más de 40 días después de la desaparición de su hermano. Sin embargo, no es en ese punto, el recorrido histórico del acompañamiento de la APDH, donde el intercambio se vuelve más fructífero. Sino en un debate político intenso y respetuoso. Pimentel aún guarda esperanza en algunos funcionarios, en convencerlos, generar conciencia e invitarlos a revisar sus decisiones. Vanesa no, y esa discordancia condiciona el método. Vanesa lo plantea en palabras que tienen la densidad política de un manifiesto: “No creo en los funcionarios estatales, he perdido toda esperanza”, carga. “Las familias nos vamos a cansar de hablar de una forma respetable, pacífica, humilde, y vamos a empezar con otras acciones que van a estar bien”, apunta. Y dispara: “Y va a estar bien prender fuego una comisaría, va a estar bien prender fuego un patrullero, va a estar bien escrachar a jueces, fiscales, funcionarios, diputados y presidentes. ¡Va a estar bien!”. No se mueve una mosca en el estudio. El silencio es tal que se escucha el sonido de una lágrima estrellarse en el suelo. 





El sol ya se ha ocultado sobre los techos de la Loma, del Barrio 12 de octubre y más allá. Se acerca el final, la bandera gigante hecha por Guiye y Toto, la foto cerca de la huerta hacia el fondo del Espacio y la histórica quema del patrullero en la plaza Luciano Arruga. La gente sale por Indart, y enfila para la izquierda. Un peque corre por el pasto, saltando. Desafiando la lluvia que, insistente, no pudo empañar nada. “Nunca seré policía, ni de provincia ni de capitaaaal”, canta extasiado. Pero no está solo. El grito se multiplica en tres, cuatro, seis pibes y pibas que agitan el brazo, entonando el himno antirrepresivo. Siguen a la muchedumbre y se pierden en la noche. 

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