10 feb 2021







Durante la cuarentena, la organización “El Reciclador” empezó un proceso de expansión que ocupó veredas de la Ciudad de Buenos Aires, entre ellas la de la calle Roseti al 1000, en el barrio de Chacarita. El proyecto que nació hace 11 años como una huerta de producción agroecológica en una terraza, rompió sus límites y se extendió hacia la calle, donde vecinos y vecinas se encuentran cada semana.. Utilizando como canteros cubiertas de autos que simbolizan el desastre ecológico que implican los pasivos ambientales, la cuadra pasó de ser un espacio de tránsito a un corredor biológico en plena Ciudad de Buenos Aires. Sebastán Briganti, integrante del colectivo El Reciclador y de Acción Huerta Urbana pasó por el programa radial  La Retaguardia y contó acerca de los diferentes procesos que atraviesan en estos momentos. (Por La Retaguardia)

🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Agustina Sandoval Lerner/Fernando Tebele   ✍️ Redacción: Pedro Tato 💻 Edición: Diego Adur
📷 Foto de portada: El Reciclador Urbano



Desde el comienzo de la pandemia por Covid-19 surgieron voces que auguraban un antes y un después en la sociedad. Era una etapa para que repensemos las formas en que vivimos, el hacinamiento, y los problemas que acarrea nuestra forma de vida. Después de casi un año poco parece haber cambiado, salvo algunos espacios como la calle Roseti, donde hoy encontramos veredas con cubiertas de autos pintadas y repletas de plantas en su interior. Esto que vemos es la parte visible del trabajo del colectivo “El Reciclador”, en el que vecinos y vecinas se organizan para mostrar que en la Ciudad pueden producirse alimentos sanos, a contramano de las lógicas del cemento que avanza a pasos agigantados.

Sebastián Briganti es integrante de este proyecto y en su paso por La Retaguardia explicó cómo fue que comenzaron a ocupar las veredas, saliendo de la terraza donde se gestó el proyecto hace ya 11 años: “En época de pandemia decidimos salir a la calle y empezar a practicar el estar puertas afuera, demostrando que en la ciudad podemos producir alimento sano, seguro y sin ninguna práctica dañina para el ambiente. Las huertas las armamos con cubiertas de autos y están intervenidas por artistas plásticos y artistas plásticas; la gente de la cuadra, con niños y niñas, se acercan a pintarlas. Hay un gran trabajo que se fue gestando en esta época de pandemia. Empezó a crecer, los vecinos se empezaron a contagiar, quisieron tener una huerta y así se fue ocupando la calle Roseti al 1000, que ya es un gran corredor biológico donde asoman girasoles, donde se producen tomates, donde vemos que se cosechan zapallitos, calabaza, tabaco Virginia, plantas aromáticas y medicinales”, relató.

Estar en las veredas trabajando de forma comunitaria trasciende las lógicas de habitar la ciudad que habitualmente conocemos. Sebastián contó los cambios que generó el proyecto, muchos de ellos ocultos para el transeúnte de Chacharita: “Hay una gran diversidad y una gran riqueza que no solo lo aporta la naturaleza, sino que se empieza a generar un entramado social que es muy rico, y que no lo veíamos hace mucho tiempo en la urbanidad y en nuestra vereda. Y es que las vecinas y los vecinos empezaron a salir hacia afuera, se empezaron a conocer, empezaron a charlar, a compartir saberes, a hablar de jardinería, de huerta y se empezó a recomponer algo”, celebró Briganti.

No todo fueron flores en la huerta del Reciclador Urbano. El mes pasado debieron enfrentar una amenaza de desalojo por parte del Gobierno de la Ciudad: “A partir de que un vecino denuncia que había mosquitos, se desata una situación en que el día 8 de enero de 2021 se acerca un inspector de muy mala manera, sin dar nombres ni nada y sin entrar en diálogo, de una manera muy violenta, nos amenaza que el día lunes se ibamos a tener que levantar la huerta o la iban a tener que levantar ellos. A partir de esta situación nos organizamos, damos aviso las vecinas y vecinos y en un fin de semana planteamos una estrategia de estar en vigilia en una jornada de reflexión y concientización con actividades de huerta, donde se acercó muchísima gente, y se empezó a gestar un espacio de reflexión e intercambio de ideas terminó en el día martes, con la gente del Gobierno de la Ciudad ahí para entablar un diálogo”, explicó.. “De esa manera empezamos a hablar con ellos hasta que conseguimos que un funcionario se comprometiera a que, si ocurría algún intento de desalojo por parte de la comuna, él se hacía responsable para que llamemos y deje sin efecto esa acción. A partir de ahí quedamos a disposición y empezamos a charlar con la gente del Ministerio.” explicó Sebastián, dando un panorama completo de cómo continúa el conflicto hasta la actualidad.

En el colectivo “El Reciclador”, piensan la huerta como una forma de ejercitar la ciudadanía, un espacio para pensar qué ciudad queremos y poner el cuerpo para conseguirla. En este sentido, el proyecto cuenta también con composturas comunitarias para que las y los vecinos puedan separar los residuos orgánicos: “ No puede ser que a esta altura estemos tirando basura, que si separamos esas fracciones el 50% es orgánico y se composta. Y otra cosa del valor de la calle Roseti es que tiene dos composteras de 200 litros, bajo la sombra de un palto, que pertenecen a Frutas de la Ciudad y son parte de nuestro colectivo. Con ese compost, 14 vecinos separan en origen sus orgánicos y gente de la cuadra también separa su cartón, su plástico y su papel. Es decir que de ese kilo promedio de basura que se dice que tiramos por persona, en la calle Roseti se tira mucho menos. Realmente hay que pensar una política porque a esta altura estamos llenándonos de basura viviendo en la ciudad, y esto da para largo. Vamos a vivir cada vez más gente, esto va a crecer para arriba, y tenemos que pensar ya en políticas que vayan directamente a la temática de la basura. Estamos en un problema ambiental tremendo y seguimos sin separar en origen”, argumentó.

Pero las huertas de la calle Roseti no son las únicas que resisten en la ciudad: “Los 14 emprendimientos que tenemos en la ciudad de Buenos Aires están funcionando sin ningún problema, pero junto a Interhuertas y Acción Huerta Urbana vamos a ir en defensa y a la ampliación de todas esas huertas que están dando vueltas y tienen la misma impronta: visibilizan esta problemática del pasivo ambiental, demuestran que se puede producir alimento en la urbanidad de cercanía, de forma segura y van con la naturaleza, sin veneno y militando la soberanía alimentaria”, sostuvo.

Para cerrar, Briganti trató de condensar todo lo que implica el proyecto y algunos motivos que dan ganas de acercarse a sumar manos: “La práctica de la huerta unifica, une, abuena, y todas las cosas buenas que se imaginan porque no nos juzgamos si pensamos distinto, no hay partidismo, hay rangos etarios amplios. Entonces se convive de una manera maravillosa, se aprende muchísimo observando la naturaleza, teniendo paciencia. Y a partir de ahí te empezás a involucrar en un montón de prácticas que tienen que ver con la acción concreta, y eso es lo que caracteriza a este colectivo y a las organizaciones de huerteros y huerteras de la ciudad, la acción, el compañerismo y la voluntad. Es una invitación a que se acerquen a estos espacios porque realmente son transformadores y revolucionarios. Hay líderes que dicen que cultivar tu propio aliento es revolucionario. Al tener tu propia huerta, iremos hacia esos lugares. Vamos a empezar a entender un montón de estas cuestiones ambientales que nos están rodeando y tanto mal nos están haciendo. Empecemos a cambiar las cosas, pero desde la acción. La conciencia ya está, ahora hay que accionar colectivamente desde la base, porque está demostrado que desde la base las cosas se pueden cambiar. Tenemos la convicción, las voluntades y vamos hacia adelante a defender todas las huertas de este país hasta que se repliquen por todas partes”, concluyó Sebastián Briganti. 

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