14 feb 2021




Con el fallecimiento de uno de los curas que acusó a Jorge Bergoglio de haberlos entregado durante la dictadura, los medios tradicionales salieron presurosos a escribir necrológicas que van desde la idea de que Jalics se desdijo hasta las más atrevidas que muestran al Papa Francisco convertido en una suerte de Oskar Schlinder. Las reuniones con Massera ("le dije que no estaban en nada raro"), la misa a Videla y la declaración en la megacausa ESMA. (Por La Retaguardia)


✍️ Redacción: Paulo Giacobbe
💻 Edición: Fernando Tebele
📷 Foto: Captura de pantalla de la declaración de Bergoglio extraída de YouTube




Falleció en Budapest el cura Francisco Jalics, que integró la Compañía de Jesús durante el Terrorismo de Estado en Argentina. Tenía 93 años dicen los diarios, pero es necesario aclarar algunas cosas. La primera, su muerte no se trata de un típico caso de impunidad biológica. Jalics no fue parte del engranaje cívico militar eclesiástico que durante el genocidio llenó su cáliz de sangre y brindó perdonando pecados. Todo lo contrario, fue secuestrado por un grupo de tareas, estuvo en la ESMA y en una quinta que fue anexo de ese centro clandestino de detención tortura y exterminio.  
Lo segundo que es necesario aclarar ya está escrito en todos los diarios, pero en esas tintas se deslizan deformaciones de los hechos. 

Mire, Massera

Vestido de negro, como corresponde a sus hábitos. Ojeroso, de cara avinagrada, por momentos entrecierra los ojos cuando habla, como si estuviera intentando recordar lo que dice, pero en verdad tiene estudiada cada palabra. Por momentos se aleja del micrófono y el sonido apenas propaga su declaración. Jorge Bergoglio, en ese momento Arzobispo de Buenos Aires, no parece el actual Papa Francisco, de blanco y casi siempre sonriente. 

Fue en 2010 cuando el Tribunal Oral Federal Nº5 se tuvo que trasladar hasta la sede del Arzobispado para tomarle declaración testimonial en un tramo de la causa por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA. En ese momento, el futuro Papa Francisco dijo que le dio misa a Jorge Rafael Videla en la casa y que se entrevistó dos veces con Emilio Eduardo Massera. En la primera oportunidad con el marino, remarcó “que esos padres no estaban en nada raro”. Massera no le respondió pero le dio una segunda entrevista “que fue muy fea, no llegó a los diez minutos”. En esa reunión, Bergoglio contó que se enojó con el genocida y se fue del lugar pegando un portazo, exigiendo la aparición de Jalics y Orlando Yorio, el otro sacerdote secuestrado en el mismo operativo. Las reuniones con Videla también fueron dos, la de la misa y otra. “Me dio la impresión que él (Videla) se iba a preocupar más y que iba a tomar las cosas más en serio, pero no fue violenta (la reunión) como la de Massera”. 
Todas esas gestiones, incluida la misa a Videla, obviamente las realizó para pedir por la libertad de los curas que estaban bajo su protección y fue solo. Una vez liberados, Yorio y Jalics lo acusaron de entregador. 
Un ejercicio entretenido para realizar sobre la testimonial de Jorge Bergoglio en la causa ESMA es mirarle las manos. Sus movimientos. Seguir el anillo. Esas inquietas manos, en un silencio, se sacarán algo de la nariz y lo llevarán a la boca. 

Habemus 

Una vez alcanzada la fumata blanca que nombró a Jorge Bergoglio Jefe de Estado de Ciudad del Vaticano, se desplegó una campaña con el objetivo de limpiar el pasado del nuevo Santo Padre. Quienes recordaban su pasado fueron acusados por el vocero del Vaticano como integrantes de ser parte de una "izquierda anticlerical".
“Estoy reconciliado con los eventos y considero el asunto cerrado” fueron las palabras que, mediante una carta, se le atribuyeron a Francisco Jalics cuando Bergoglio se convirtió en Francisco. 

Luis Zamora, abogado querellante en la causa ESMA, en el documental “VOX POPULI, dictadura cívico militar eclesiástica” que realizamos junto a Ignacio Liang, contó: “Aparece un comunicado, no firmado por Jalics, donde dice que está reconciliado con esos hechos. Reconciliación no significa que los hechos no ocurrieron, sino que no tiene cuestionamientos que hacer, que ha perdonado. No dice que no ocurrieron en el primer comunicado, finalmente, sale un comunicado firmado por él o que dicen que son expresiones de él, donde dice que las sospechas que tiene sobre los primeros tiempos eran infundadas”. Zamora fue tajante, esas declaraciones no podían ser tenidas en cuenta por el vínculo que en ese momento tenía Jalics con la iglesia, viviendo en un monasterio propiedad de la Compañía de Jesús en Alemania.  




Zamora no se equivocaba. En 2018, el periodista Horacio Verbitsky, que ya había difundido documentación probatoria sobre el rol de Bergoglio durante el genocidio, dio a conocer una carta personal de Jalics a Graciela Yorio, hermana de Orlando. 
“No creo que los militares hayan hecho algo verdaderamente gravemente injusto con él ni conmigo cuando siguieron las informaciones que habían tenido. No puedo decir lo mismo de la Iglesia ni de la Compañía”, escribió Jalics. 
“Confío que de esta carta nada se hace público, ni siquiera el hecho de que te escribí. Eso me pondría en una situación muy desagradable”. Es el final del escrito, que tomó estado público y da cuenta de las presiones que ejercía la Iglesia. 
Yorio, que falleció en el 2000, responsabilizó a Bergoglio de su secuestro hasta el último de sus días.




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