23 feb 2021




Esther Vivas, periodista y socióloga catalana, es autora del libro “Mamá Desobediente”, donde invita a pensar a la maternidad desde una perspectiva feminista, resaltando la importancia del embarazo, el parto y la lactancia. En una extensa entrevista en el programa A mí no me importa de Radio La Retaguardia, Vivas contó los trasfondos que la llevaron a escribir el libro y apuntó contra el sistema capitalista y patriarcal que condiciona a las maternidades. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Agustina Sandoval Lerner ✍️ Redacción: Diego Adur 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero/Agustina Sandoval Lerner
🖍️ Ilustración: Portada de la edición Argentina


El avance del movimiento feminista en el mundo ha puesto en jaque determinadas cuestiones vinculadas al rol de la mujer en la sociedad. Entre muchas otras, por ejemplo, la de ser madre como institución innegable e incuestionable, soportando la violencia obstétrica, los abusos dentro del mercado laboral y los prejuicios sociales vinculados a la lactancia. Esther Vivas, a través de su libro “Mamá Desobediente - Una mirada feminista a la maternidad” invita a rebelarnos ante esa pasividad y silencio impuesto dentro de un sistema capitalista y patriarcal. La periodista pondera como necesidad urgente respetar las decisiones que cada mujer tome en relación a su embarazo, a su parto y, más importante, a su vida. A lo largo de la entrevista, la escritora reflexionó sobre los estigmas y mitos que rodean la maternidad y resaltó la importancia de recuperar una maternidad natural, propia y distinta en cada mujer.


 

—La Retaguardia: ¿Cómo empezaste a escribir el libro y cuándo comenzó tu investigación sobre la maternidad?

—Esther Vivas: El libro surge de una cierta indignación por cómo la maternidad está invisibilizada por la sociedad y los movimientos sociales que aspiran a transformar el mundo. Hoy en día, la maternidad carga el estigma de ser una maternidad patriarcal que nos han impuesto a las mujeres a lo largo de siglos. En realidad, no nos representa a muchas. Cuando la maternidad es una experiencia libremente elegida es fuente de placer, es un trabajo y una experiencia que debe ser disfrutada, valorada y compartida. Fruto de esta reflexión es como empecé a escribir sobre maternidades y la necesidad de tener un relato propio desde el feminismo. La maternidad es algo que nos imponen, pero también tiene que ser una reivindicación.


—LR: ¿Cuál fue el punto de partida para desarrollar el libro? 

—EV: A partir de mi historia personal surge este libro. Fue escrito a lo largo de los tres primeros años de mi maternidad. Una vez que quedé embarazada empecé a leer e informarme sobre cómo dar a luz y me di cuenta de cómo la atención al parto es un campo plagado de violencia y abuso. El parto es una experiencia muy traumática, donde muchas mujeres sufrimos violencia. Desde aquí comencé a investigar e informarme. Creo que es importante que desde el feminismo reivindiquemos una maternidad con un relato propio. Tenemos que recuperarla, rescatarla de las manos del patriarcado. La maternidad sigue siendo una experiencia donde se da el abuso, por eso me parece muy importante reivindicarla en clave feminista y emancipadora. No se trata de idealizar la maternidad, pero sí es importante reivindicar su valor social, político y económico. Es una responsabilidad de todos, no solo de las mujeres, sino también de los hombres y del Estado. Hay que reivindicar el derecho a la mujer de poder decidir sobre esa experiencia.


—LR: En el libro surge el concepto de ideal materno, ¿de qué se trata?

—EV: Hay una idea de maternidad que es hegemónica: la de que las madres tenemos que ser seres abnegados, sacrificados, al servicio de las criaturas y del marido. Este ideal es útil a los intereses del patriarcado que quiere a las mujeres y a las madres encerradas en sus casas. Es un ideal contra el cual nos tenemos que rebelar. A la vez, hoy en día no sólo tenemos que ser las madres sacrificadas de toda la vida, sino que además tenemos que ser las superwoman, las que dan todo, que están siempre disponibles para el mercado de trabajo, que tienen un cuerpo perfecto. Por lo tanto, a la maternidad patriarcal de siempre se le suma una intensificación neoliberal. Nos tenemos que rebelar tanto a esa maternidad patriarcal que fue impuesta a nuestras madres y abuelas como también a su versión moderna neoliberal que, en definitiva, da la espalda a lo que vivimos las madres y tiene en cuenta los intereses del mercado y del capital.


—LR: Tomando estas definiciones de maternidad patriarcal y maternidad neoliberal, donde una es la sacrificada y la otra responde al sistema en el que estamos inmersos, ¿cómo surge la Mamá Desobediente?

—EV: La madre desobediente es la que se rebela contra estos ideales de maternidad que nos han impuesto. Tanto a ese mito de la madre perfecta, abnegada y sacrificada como también contra ese mito de la súper mami que básicamente es útil al mercado. Reivindica poder vivir la maternidad como experiencia libremente elegida y poder decidir sobre esa vivencia. Es fundamental que las mujeres podamos decidir sobre nuestros partos, crianzas y lactancia. Esa madre desobediente sabe que para poder decidir es necesario cambiar el modelo de sociedad. Para que haya otra maternidad es necesario que haya otro modelo de sociedad. Es aquella que se reconcilia con su propio cuerpo, que sabe que puede parir y que puede dar de mamar, que es algo que nos ha sido secuestrado.


—LR: ¿A qué se debe que las licencias por maternidad y paternidad sean tan dispares y escuetas?

—EV: En España hay debates acerca de los permisos de maternidad y paternidad. Aquí, desde hace 30 años tenemos 16 semanas de baja por maternidad. Es un permiso muy escaso, apenas llega a los cuatro meses y es incompatible con la lactancia materna, exclusiva durante los primeros seis meses de vida de la criatura. Es imposible llevar a cabo esta lactancia si te tienes que reincorporar a tu trabajo luego de 16 semanas. El permiso de los padres en los últimos años ha aumentado de manera significativa. Hoy en día es de 12 semanas. Es un permiso que ha ido en aumento los últimos años a raíz de estas demandas de los movimientos feministas. Esto ha hecho que en cuatro años el permiso de paternidad haya aumentado casi un 500 por ciento. Es positivo porque es importante que el padre participe en la crianza. Es un derecho y un deber. Es fundamental, pero lo que no tiene sentido es que aumente el permiso del padre y no el de la madre, cuando éste es tan limitado. Por lo tanto, la debilidad de todo el debate es que pone el énfasis en aumentar el permiso del padre esperando que sea igual al de la madre, argumentando que esto reducirá las desigualdades de género del trabajo. En realidad, las desigualdades en el mercado de trabajo si eres madre no sólo están vinculadas al permiso de maternidad, sino que tienen que ver con una sociedad patriarcal que considera que la responsabilidad del cuidado es de las mujeres. Por lo tanto, de lo que se trata es aumentar el permiso del padre, pero también el de la madre, y luchar contra las desigualdades en el mercado del trabajo que no sólo tienen que ver con la diferencia en el permiso de maternidad y paternidad de mujeres y hombres sino que tiene que ver con un sistema patriarcal.


—LR: ¿Hacia quienes está enfocado el libro?

—EV: Puede parecer que sólo está enfocado hacia las madres, pero en realidad la maternidad es una cuestión que nos ocupa a todos. Todos tenemos relación porque fuimos hijas o hijos, al margen de haber tenido una criatura o no. Tenemos experiencias de cuidado y de crianza a nuestro alrededor. Apela más a aquellas mujeres que son madres y es una reflexión sobre la maternidad y las dificultades de ser madre en una sociedad que da la espalda al cuidado y a la vida. También se plantea la compleja relación entre maternidades y feminismos, la violencia obstétrica y las dificultades que tenemos las madres para elegir nuestra experiencia. Intenta sacar a la luz los silencios y tabúes. Por ejemplo, los problemas de infertilidad, la depresión post parto. Plantea los debates sobre la lactancia materna y su importancia. Va dirigido a las mujeres y a las madres, pero también hay muchos profesionales de la salud que han adquirido el libro. Hemos podido entrar en debate acerca de nuestras posiciones. A muchas mujeres jóvenes y feministas también les interesa charlar sobre la maternidad que es un tema estigmatizado y silenciado en el seno del movimiento feminista.


—LR: ¿Cuál es la importancia de la lactancia y cómo influye el mercado laboral en la maternidad?

EV: Miramos al mercado de trabajo como un espacio de realización y de libertad. A las mujeres, trabajar nos aporta independencia económica y es fundamental reivindicar la igualdad. Pero para muchas personas su empleo no es un lugar para la realización personal, sino que muchas veces es un espacio de precariedad y el interés está en tener una remuneración que les permita vivir. El problema no es que tengamos que adaptar la maternidad, la lactancia, al mercado de trabajo, sino en cómo adaptamos este mercado de trabajo y este empleo a la maternidad, a la crianza y a la vida. El cuidado es el centro de la economía y no como pasa en el sistema actual. En lo que respecta a la lactancia materna siempre digo que ni la teta ni el biberón nos hará libres. La generación de mi madre, por ejemplo, era una generación donde las mujeres le tenían que dar el biberón a sus criaturas. Que básicamente alimentó a sus criaturas con mamaderas. Eso no las hizo más libres, no permitió que hubiera más igualdad en el trabajo. La igualdad en el mercado de trabajo se consigue a través de otras medidas. Detrás del biberón hay una serie de intereses económicos muy importante de parte de grandes industrias de la alimentación y de la lactancia artificial. Por eso durante muchos años y hasta el día de hoy se hizo creer a las mujeres que dar el biberón es mejor que dar la teta para sus hijos. Esto es falso. El alimento que necesita una criatura y un bebe es la lactancia materna exclusiva y ésta se tiene que apoyar y recomendar. No dar el pecho es una decisión que tienen las mujeres por distintas cuestiones. Se tiene que respetar y apoyar, pero esto no quita que desde un punto de vista objetivo podamos decir que la lactancia materna es la mejor opción.


—LR: También alrededor de la lactancia materna hay un estigma gigante que intenta esconder la práctica, y eso se contrasta también con la cuestión del consumo sexual.

—EV: Sí, la teta lactante es la antítesis de la teta cosificada por el mercado. Socialmente la gente se escandaliza cuando en una publicación salen mujeres enseñando los pechos alimentando a una criatura, pero no se ve de la misma manera si esos pechos están cosificados y sexualizados. Hay casos de mujeres que han amamantado en público y se han sentido incomodadas por miradas obscenas o no les han permitido dar el pecho en una cafetería porque se considera algo obsceno cuando en realidad es la manera de alimentar a las criaturas y eso no cumple con la función sexualizada que le otorga y le impone el mercado. La OMS (Organización Mundial de la Salud) reclama y señala la importancia de dar la teta hasta los dos años o más como algo que complementa la alimentación de la criatura para acompañar también emocionalmente. Es importante normalizar la lactancia materna a edades más avanzadas.


—LR: ¿Por qué es necesario que la medicina tradicional que atiende a mujeres que van a ser madres tenga un enfoque con perspectiva de género?

—EV: La evolución en las sociedades modernas ha expropiado a las mujeres de su capacidad de decisión y de sus saberes. La atención evolucionó en manos de los profesionales de la salud, de los médicos, los ginecólogos, obstetras, y menospreció el saber de las mujeres, de las comadronas que tienen una mirada del parto como un proceso natural. Un obstetra o un ginecólogo ve a la mujer gestante, que da a luz, como un ser infantil al que se le menosprecian sus necesidades y sus deseos. Se ve a la mujer como un sujeto pasivo. Necesitamos una medicina que sepa que la mujer es un sujeto activo con capacidad de decisión. Por eso, es muy importante que se plantee esta mirada feminista al embarazo, al parto y la lactancia. Es fundamental y tiene que partir en crear una alianza entre el movimiento feminista y los movimientos en defensa del parto respetado, con aquellos que trabajan en el ámbito sanitario para cambiar prácticas que son obsoletas y que, a la vez, niegan la capacidad de decisión a las madres.


—LR: ¿Por qué llamás “La cara oscura de la maternidad” a la depresión post parto?

—EV: Hay una serie de temas alrededor de la maternidad que son tabú. Básicamente son aquellos temas en los que la experiencia materna no se corresponde con lo que la sociedad espera de esa experiencia. Esta problemática también es una cuestión social, política y económica. La infertilidad es uno de los grandes tabúes. La depresión post parto es el tercer pilar de estos tabúes que rodean la maternidad. En esta idea romántica que tenemos alrededor de la maternidad, se espera que la madre sea feliz y apegada a su criatura, pero la depresión post parto se da mucho más a menudo de lo que se dice, de lo que se habla. Es importante reconocer que existe y no es culpa nuestra. A lo mejor no nos sentimos apegadas a nuestra criatura. Esto puede tener que ver con cómo ha sido nuestro parto. Si hemos tenido un parto traumático, si nos han separado de nuestro bebé, si hemos temido por su vida en algún momento. También tiene que ver con antecedentes, con temas de depresión, familiares, etcétera. La depresión post parto existe y no tenemos que escondernos ni sentir tener vergüenza si la sufrimos. Es importante reconocerla y poder pedir ayuda.


—LR: ¿Los avances médicos y tecnológicos alejan cada vez más al parto del proceso natural?

—EV: Tenemos cesáreas, partos instrumentales. Cuando estas prácticas son necesarias, son fundamentales e importantes. El problema es que se realizan de manera rutinaria. Cuando estas prácticas se realizan y no son necesarias son constitutivas de violencia porque pueden tener consecuencias físicas y emocionales en la salud de las mujeres. El parto es un proceso natural, no es una enfermedad. Lo que necesita un parto es respeto, acompañamiento a la madre, a la criatura. Esta violencia obstétrica está completamente aceptada socialmente. Es una de las fronteras de la violencia de género porque la hemos normalizado. Es fundamental denunciar la violencia obstétrica que existe, luchar para erradicarla y crear puentes con los profesionales de la salud para acabar con ella.


—LR: ¿La maternidad es política?

EV: Sí, porque tiene determinada incidencia en el contexto social y económico en el que nos encontramos. En este contexto es donde hay que construir la maternidad, el embarazo, la lactancia. Por más que se insista en que la maternidad es una cuestión privada e individual es falso. Es una cuestión pública y colectiva. Es muy importante cambiar esta mirada y, a la vez, señalar que la maternidad es una responsabilidad de todos. Tenemos que desindividualizar y desfeminizar la maternidad. No es sólo una responsabilidad femenina. También es responsabilidad masculina y del Estado garantizar el derecho a ser madre y poder vivir una maternidad digna que acompañe a la criatura a lo largo de su proceso.


—LR: Respecto de la fertilidad, ¿existe una relación en cuanto a los problemas ambientales y la industria alimentaria?

—EV: Sí, en el libro planteo unos paralelismos entre los problemas de infertilidad y la crisis ecológica. Del mismo modo que históricamente se ha mecanizado la producción agraria y se ha dado la espalda a lo que es la producción, al derecho a decidir de los campesinos, la medicalización del parto también ha dado la espalda al derecho de decidir de las mujeres en este proceso. Si nos metemos de lleno en el tema del mercado y la alimentación hay una cuestión clave en la maternidad que está ligada con la leche de fórmula. El sistema nos vende algunas “facilidades” y la realidad es que a los niños y niñas se les quiere imponer un producto ficticio y lleno de azúcar. Imponen la principal herramienta del sistema agroalimentario desde que uno nace. Cada vez hay más voces críticas sobre lo que comemos y en la mala alimentación, pero en realidad lo que se anteponen son intereses económicos de estas grandes empresas frente al derecho de las personas a comer de una manera sana, saludable, al derecho de los campesinos a tener acceso a la tierra, a los recursos naturales. Y así como tenemos una mirada politizada sobre la alimentación de los adultos, muchas veces esta mirada se obvia cuando hablamos de la alimentación infantil o de recién nacidos cuando en realidad son los mismos intereses económicos detrás. Hoy en día se promueve mucho más la lactancia materna, de una manera más significativa que en generaciones anteriores, pero igualmente hay muchos prejuicios cuando las mujeres dan el pecho. Este es un problema evidente. Vivimos en un sistema que da la espalda a la lactancia, a la maternidad y a la crianza. Esto no implica que cada mujer pueda decidir sobre su lactancia, si quiere dar el pecho o el biberón, pero es importante que sea una decisión libremente elegida. Hay que señalar que detrás del biberón hay una industria, un negocio que quiere lucrar con la alimentación de los bebés. 


—LR: ¿Por qué se debería leer este libro?

—EV: Es un libro que invita a rebelarse contra los ideales que nos han impuesto, que son útiles a un sistema patriarcal que tiene a la maternidad encerrada en casa y también es neoliberal porque tiene a las madres trabajando y no tiene en cuenta las necesidades de las criaturas ni la propia experiencia materna. Invita a rebelarse contra este modelo de maternidad y a la vez también reclama el derecho a decidir de las madres, sobre su embarazo, su parto y su lactancia. Es también una apelación a empoderarnos a lo largo de este proceso. Tenemos capacidad y derecho de decisión, y no se trata de tener una imagen idílica ni socialista de la maternidad, pero sí señalar que es una experiencia que tiene un valor social, político y económico que le ha sido negado y, por lo tanto, es importante valorar esta experiencia y politizarla, colectivizarla como responsabilidad de mujeres, hombres y la sociedad en general. El libro también busca sacar a la luz los silencios de la maternidad y esos temas que son tabúes como la infertilidad, la depresión post parto, entre otros. Habla de una maternidad real y pone en cuestionamiento la maternidad color de rosa que nos han vendido y genera tanta culpa a las madres. La culpa no es nuestra, es del sistema, eso es importante señalarlo. El libro busca visibilizar la violencia obstétrica, señalar que existe y que hay que erradicarla porque forma parte de la violencia de género, y es importante que el feminismo haga suyas estas demandas y asuma una agenda pro maternal en el sentido emancipador y feminista, dando la espalda a la maternidad impuesta y patriarcal. Es un libro que también reflexiona sobre la lactancia materna, el negocio del biberón y la importancia desde una perspectiva feminista y ecologista.


0 comentarios:

Publicar un comentario