27 may 2021


Declaró el exgendarme Ramón Alberto Correa, quien aportó datos sobre el funcionamiento del Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio en los terrenos que el Ejército Argentino aún ocupa. Vio a diario el ingreso de personas secuestradas y escuchó que pedían auxilio. “A mí me destruyó la vida”, dijo sobre las guardias que realizó. 
(Por La Retaguardia)


✍️ Redacción: Paulo Giacobbe

✍️ Textuales: Valentina Maccarone

💻 Edición: Fernando Tebele

📷 Foto de portada: Captura de pantalla de la transmisión de La Retaguardia



El abogado querellante Pablo Llonto le había adelantado al exgendarme Ramón Alberto Correa que solo le haría dos preguntas más. Hasta ese momento la declaración había zigzagueado por el perímetro de lo predecible. El testigo, que realizó guardias en Campo de Mayo, había visto situaciones relacionadas a la desaparición forzada de personas y, en algunos tramos, necesitó refrescadas de memoria con la lectura de su declaración anterior realizada durante la Instrucción de la megacausa. Pero entonces, Llonto le preguntó cómo había afectado su vida realizar las guardias en esa dependencia del Ejército. La respuesta de Correa fue de seis minutos, con llantos guardados durante años. Después de escucharlo, Llonto le agradeció y no realizó más preguntas. 

Lugar de Residencia Desconocida
 
Ramón Correa comenzó su testimonial con la ayuda técnica de su hijo. Unos auriculares hacían difícil la comunicación. Subsanado el problema, contó que estuvo “desde el 76 hasta principios del 79”, realizando guardias en Campo de Mayo, a veces de más de 24 horas. “Las tareas designadas eran prestar servicios de un objetivo que había en el lugar y luego nos enteramos de que era un Lugar de Residencia Desconocida”. La definición recuerda al término “Lugar de Reunión de Detenidos”, usado por los represores para nombrar a los centros clandestinos de detención tortura y extermino. Por eso aclaró: “Se llevaban personas en calidad de detenidos”.  

“Nosotros a ese sector no teníamos ingreso, hacíamos la guardia, que no salga nada de ahí. Nosotros éramos tan controlados como ellos, no nos tenían permitido tener conversaciones con ninguna de esas personas que ingresaban. Las llevaban a un galpón y ahí los tenían con capuchas y después ellos se encargaban de llevarlos a un lugar para hacerles preguntas, interrogarlos y todas esas cosas”, detalló Correa. También escuchó gritos y  “pedidos de auxilio”.
  
Ingreso de autos

El ex gendarme vio entrar autos con personas detenidas. A pedido de la fiscal Gabriela Sosti detalló: “cuando uno estaba de guardia paraban los autos a 100 metros y se veían que eran personas que bajaban. Nunca les vimos el rostro pero vimos que eran personas la gente que bajaban de esos vehículos”. 

Los autos no estaban identificados, eran particulares, Ford Falcón en su mayoría. Los gendarmes no podían preguntar nada sobre ese tema. “Era muy comprometedor para nosotros”.

—¿Qué consecuencias tenía preguntar? –quiso saber Sosti. 

—Y... vaya a saber… la única función nuestra era hacer guardia en el perímetro ese, nada más. Que no salga nada, que no entre nada. Entraban ellos. Había gente que gritaba, y entraban ellos y preguntaban qué pasaba. Ahí vienen dos, tres autos. Pero nada más que eso.

La Inteligencia

Correa dijo que la “gente de inteligencia” autorizaba los ingresos y egresos de autos. 
“Las ordenes las daban ellos. Quien entraba, quien no entraba, lo daba el servicio de inteligencia”. La autorización ocurría en el mismo momento que debían levantar la barrera. 

—¿Cómo supo que estas personas eran de inteligencia? —preguntó la fiscal.
—Porque realmente era la oficina de ellos, ¿me entiende? Todo el mundo decía: “ahí están los de inteligencia”, y nosotros al ser nuevos, como le puedo decir... sabíamos que era gente de inteligencia pero nunca hemos llegado a conocer nombres ni apellidos.

—¿Recuerdan cómo iban vestidas estas personas?
—Siempre de civil.

El testigo aseguró que a las y los secuestrados las identificaban con números. “Sabíamos que los identificaban así”.

“Cuando ellos buscaban a la gente en los pabellones se gritaban entre ellos “vamos a sacar al 1, al 3”. Así, enumeraban a la gente ellos mismos decían que la gente tenía número. Nadie sabía su apellido ni nada. Era el diálogo de ellos. Uno escuchaba lo que ellos hablaban, no es que uno tenía el número de la persona, ni teníamos contacto para nada”.

Desde su puesto de guardia, el testigo escuchaba todas esas cosas “porque todo se manejaban por gritos”.



Ángel o Angelito

Correa recordó varios apellidos y el apodo de “Ángel o Angelito” le resultó familiar: “estaba siempre dentro del perímetro de inteligencia”. Escuchaba que lo llamaban a los gritos. “Era un muchacho alto, medio rubio, de barba”. Nunca lo vio uniformado. Después de leída su declaración del año 2014 recordó que ese sujeto los había amenazado con desaparecerlos si hablaban de lo que veían y que su apellido era Caballero. 
  
“Gordo Uno” era otro apodo familiar. “Ese es pesado, es malo”. Gordo, de bigotes y posiblemente con peluca para simular pelo largo, robusto. Integraba la patota que ingresaba con los detenidos en los autos”. Gordo Uno es Carlos Francisco Villanova. Es uno de los imputados de este juicio y varias personaa que sobrevivieron después de ver las fotos que Gustavo Molfino le sacó cuando lo detuvieron y que en es momento fueron publicadas por Página 12.
“Otro apodo era ‘El alemán’, agregó Correa. 

El ex gendarme Orlando Maza declaró anteriormente bajo juramento que no tenían apodos pero Correa lo desmintió hasta el punto de reconocer su propio apodo: “El cuervo”. Y eso era para no identificar apellidos: “nos distinguían así, era la norma del servicio”.  

Trauma

Pablo Llonto movió el brazo para que Correa lo viera en su pantalla, en un gesto que ya lo caracteriza. Se presentó: “Soy abogado de familiares de desaparecidos de y víctimas de esta causa. En primer lugar le queremos agradecer este testimonio y la democracia le tiene que agradecer este testimonio que está dando”.

Correa, que ya había dicho que era muy joven cuando realizaba las guardias recordó que ese destino fue después de ocho meses de ingresado a Gendarmería. No recordó fugas pero reconoció la existencia de perros guardianes. “A los costados del perímetro de guardia. Uno o dos perros”. Que podían ser doberman u ovejero alemán. “A esos perros los traían personal que trataba con los perros”.  

Entonces Pablo Llonto le preguntó si tuvo algún trauma “o alguna afección en su salud mental o si conoce sobre el tema que haya ocurrido algo así con algún otro compañero suyo de gendarmería”, y el ex gendarme Ramón Alberto Correa, quien había realizado guardias en Campo de Mayo, llorando, dijo que le destruyó la vida. Entre pausa y lagrima repitió: “A mí me destruyó la vida. He perdido a mi madre, a mi padre, porque ellos no sabían lo que me pasaba. No he tenido ninguna asistencia, incluso de los médicos de la Gendarmería. Me tuvieron internado en la Agrupación un tiempo. En un momento pude ir al Hospital Militar y por esas cosas que hay, que alguien se acerca y me pregunta que me pasa, me pudieron dar una asistencia, un psicólogo”

Sus padres fallecieron acompañándolo al hospital. “También perdí mi primer matrimonio. Luego me inserte por gente evangélica, de la Iglesia, y eso me trajo recuperación doctor. Hasta el día de hoy parecería que mi padre y mi madre se fueron por culpa mía”. 

Correa se quejó que Gendarmería no reconoció “toda la destrucción que hizo en mi vida”, y repite que lo destruyeron. 

“No sé, no sé… yo gracias a dios ahora rehíce mi matrimonio. Espiritualmente estoy bien, gracias a dios por la gente que me insertó en la Iglesia. He tenido la oportunidad de visitar cárceles, llevándoles palabras a mucha gente que está también detenida, para ayudar, para estar con ellos, para llevarles un poco de ropa. Así que, yo sé con eso no voy a suplir nada, pero trato de ponerme en el lugar de ellos doctor. Pero si usted me preguntó, sí, a mí me afectó mucho. Ahora me cuesta salir de vuelta, remontarme con toda esa historia”.

Fueron 6 minutos de vomito en catarata, donde pidió que la verdad salga a la luz y hasta se ofreció a realizar una visita ocular aunque muchas cosas pudieran haber cambiado. “Estoy dispuesto a colaborar en todo lo que sea doctor. Ya a esta altura del partido... Si tengo que partir quiero partir con la conciencia limpia. Y no me estoy guardando nada doctor, no me estoy guardando nada porque soy enemigo de la injusticia. Nadie tiene derecho a sacarle vida a nadie. Así que, eso es todo lo que puedo decir”. 

—Muchísimas gracias Correa y vamos a valorar lo que ha dicho y lo que ha hecho. Nada más presidente —finalizó su rueda de preguntas Pablo Llonto. 

La defensa

Uno de los abogados defensores quiso saber si Correa tenía “alguna relación de parentesco con alguna víctima de alguno de estos hechos”. El testigo dijo que no. 
No hubo desde ese sector otra pregunta relevante.  

1 comentarios:

  1. Dios que dolor tan grande me genera esto el leer todo lo que el señor declara y saber que uno de esos detenidos era mi papá sabiendo por todo lo que pasó le agradezco que el cuente lo que vio lo que sabe pero el dolor que nos género a cada uno de los familiares es enorme una herida que no va a sanar nunca

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