24 ago 2021



La activista, politóloga y co-fundadora de "Rebelión o Extinción Argentina", dialogó con el programa radial A mí no me importa. Allí habló acerca de la situación ambiental de Argentina y la falta de políticas por parte del Estado. También convocó al #25A, la manifestación contra el acuerdo porcino que se realiza mañana a las 14 en la Embajada de China y en otros sectores del país. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Lorenzo Dibiase ✍️ Redacción: Julián Bouvier 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero


La politóloga y activista Flavia Broffoni habló sobre la fuerza que está tomando la lucha colectiva de organizaciones ambientales, activistas y personas autoconvocadas contra la situación ambiental que se vive en Argentina y a nivel mundial. “Hay un territorio levantado. Despiertos y despiertas ya estábamos, pero ante la profundización de algunos síntomas que están demostrando que no tenemos ni un segundo más para seguir boludeando con este tema, el territorio se moviliza. El miércoles 18 de agosto llegaron al Congreso un grupo de treinta y seis kayakistas, remeros y remeras que salieron desde Rosario. Estuvieron siete días remando, 350 kilómetros hasta llegar a Buenos Aires, para que los recibieran en el Congreso y les den un estado de situación sobre la tensión que parece no resolverse alrededor de la Ley de Humedales. Una ley que viene negociándose hace años, que está cajoneada desde noviembre pasado y que, de no tratarse este año, una vez más pierde estado parlamentario. Y a raíz de los incendios del año pasado en el Delta del Paraná, las organizaciones se autoconvocaron en una coordinadora, que es la Multisectorial por los Humedales, donde decidieron radicalizar un poco el estilo del reclamo entendiendo que la política no está respondiendo”, dijo.
 
—Cada vez es mayor el acceso a la información y la sociedad está más al tanto de lo que sucede con el medioambiente. Pero el Estado parece seguir yendo a contramano y se intensifica el agronegocio, la megaminería. ¿Cómo ves ese choque entre los reclamos populares y las decisiones estatales?
 
—Es interesante porque es una de las discusiones que tenemos hoy en los activismos, acerca de cuán buenas son algunas noticias. Por ejemplo, yo aprecio un montón a la gente que está trabajando en la Dirección de Agroecología, son el dream team de la agroecología. Pero me pregunto: crear una dirección sin presupuesto, sin poder político, con una limitada capacidad de acción, ¿es un gesto político relevante? Lo digo, teniendo en cuenta que al mismo tiempo te sacan 55 resoluciones que pretenden avanzar sobre las zonas de exclusión ambiental, que es una lucha histórica de los pueblos fumigados para generar barreras alrededor de las poblaciones rurales. La gente de Somos Monte Chaco me contaba cómo están calculando desde el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) la capacidad productiva de alimentos para personas que tendría el predio que están destinando para instalar las megafactorías de cerdos. Si la superficie que está destinada hoy a negociar con China solo para exportar animales  se cultivara para darle de comer a la provincia más pobre del país, con los niveles más altos de desnutrición, alcanzaría para alimentar a dos millones de personas. Entonces, es imperioso que desde los activismos conservemos el foco. Porque nos distraen con pequeñas buenas noticias, que son celebrables, pero no tenemos que perder el eje de la atrocidad que está sucediendo hoy con la profundización de todos estos modelos. Celebramos la gran cosecha de soja y trigo que estamos obteniendo este año. Ahora, con un Río Paraná en su peor nivel histórico, todo ese grano no se puede exportar. El gran desarrollo agroecológico que tenemos en nuestro país está en un nivel de subutilización muy atroz y cada vez saca más ventaja el agronegocio, con nuevos trigos, maíces, papas transgénicas, que además dependen de venenos para su existencia.
 
—En la distopía que vos presentás en tus publicaciones, del mundo en el que vivimos y en el que podemos vivir en el futuro, ¿con qué pensás que nos podemos encontrar si seguimos por este camino?
 
—No quiero ser apocalíptica, pero cuando cruzas la información empírica, los registros científicos de lo que está sucediendo, no hay una imagen que pueda ser amable frente a lo que nos depara el futuro próximo. Porque nuestra experiencia de vida está cruzada por un proceso global de aceleración en el declive de todos los indicadores de biocapacidad (la capacidad que tiene la tierra de producir 'bienes y servicios' ambientales y absorber impactos). Durante los últimos 40 años, todo esto se aceleró y profundizó en niveles nunca antes registrados. Pero claro, nuestra experiencia de vida nos muestra cada vez más tecnología, más confort, PBIs (Productos Brutos Internos) cada vez más altos. Entonces es muy contraintuitivo concebir la posibilidad de que el futuro próximo vaya a ser como en la película Mad Max. Ahora, mirás la información y pareciera que estamos en ese camino irreversible. Ante esto, siento que tenemos que mirar al problema a la cara, en su peor versión, prepararnos para lo peor, esperando lo mejor. Si seguimos mirando el futuro distópico y seguimos metiendo la cabeza bajo la tierra, va a ser la profecía autocumplida. Ahora, si miramos el futuro distópico a la cara, pensemos que tenemos que planificar política pública, como si este escenario fuera el real. Ahí es donde radica la enorme potencialidad que la organización colectiva podría tener, cuando se concibe en un proyecto común que básicamente es no ir a la extinción. Por eso yo me enojo con la política, ya no podemos meter más la cabeza bajo la tierra. Que digan la verdad sobre el estado de situación. Y déjennos también a les ciudadanes concebir qué elecciones queremos tomar ante esta transición inevitable. La ciencia empírica es indiscutible, ningún científico dice 'vamos a estar mejor'. Es un presente distópico y de posverdad absoluta, y nos dicen que vamos a volver a una normalidad que no existe más y que, además, nunca tuvo nada de normal.
 
—Es una pelea muy desigual la que tienen las organizaciones contra el modelo, porque lo que proponen los diferentes gobiernos antes las crisis económicas es más transgénicos, más megaminería.
 
—Proponen lo que nosotres llamamos falsas soluciones: seguir apostando a un modelo de mal desarrollo, que se viene implementando desde los 70 a esta parte, profundizado en los años 90, con todos los gobiernos que pasaron. Y hoy en el discurso neodesarrollista se presenta como una solución mágica, y es exactamente la misma receta, pero peor aún. Nos dicen que para generar dólares, tenemos que extender la frontera agropecuaria, que ya sabemos que nos trajo a esta situación de pobreza y desnutrición agudizada en los últimos años. Es ridícula la discusión, y además no tenemos espacios de debate genuinos con la política pública ni con las corporaciones sobre estos temas. Las bases del debate no existen, porque no hay ni siquiera un acuerdo sobre el diagnóstico. Para ellos estamos bien. O nos dicen que estamos un poquito mal y hay que cuidar un poquito el medioambiente, contaminar un poquito menos, aplicar mejores prácticas agrícolas. Cuando además, instituciones del propio Estado ya demostraron que es posible, por ejemplo, tener producciones agroecológicas equivalentes a las del modelo convencional sin aplicar una gota de venenos. No hay voluntad de discutir el modelo de país. Abramos procesos donde los territorios decidan. Basta de tomar decisiones desde Buenos Aires, que están haciendo mierda lo poco de bueno y bello que le queda a la tierra.
 
—Hay gente que plantea que el ambientalismo está de moda, ¿qué les dirías?
 
—Les podemos decir que Andalgalá lleva 11 años de caminatas contra la megaminería. Les podemos decir que Esquel lleva otros tantos años también. Que las luchas que hoy se llaman ambientalistas desde la urbanidad, vienen siendo las luchas de los territorios desde hace dos décadas. Lo que está sucediendo hoy como fenómeno es que muchos ambientalismos urbanos, que se radicalizan a partir del diagnóstico de las crisis climática, se están encontrando y generando puentes con las resistencias territoriales históricas. Y ese es el verdadero ambientalismo. Lo que hoy quizá trae una pata del ambientalismo, que tiene que ver con el veganismo y la lucha por los derechos de los demás animales, de la cual también adscribo, hoy tiene un puente que nunca había existido. Yo estuve en la brecha etaria en la que el ambientalismo se retrotrajo. Hace algunos años estaba retirado de la parada de denuncia radical en las ciudades. Eso es lo que apareció en los últimos años. Pero no es que el ambientalismo esté de moda. Estuvo siempre, no tanto en las ciudades, y hoy aparece sobre todo por el punto de inflexión climático en el que nos encontramos, en donde estamos rumbo a la extinción sin escala. La ciencia le pone pocos años al mundo, entonces ahí se levanta una juventud más movilizada. Frente a la dimensión de la crisis, la única posibilidad de que este bardo nos encuentre un poquito mejor informades y organizades, es hablando todes de esto. Y no va a pasar de moda, porque las consecuencias de las crisis ecológicas y climáticas van a ser cada vez más severas. Más Ríos Paraná secos, más sequías, más inundaciones, más de todo esto. Llegó para quedarse, porque es la tierra respondiendo a demasiados años de agresión. 
 
Para finalizar, la politóloga convocó a la manifestación que se realizará el próximo miércoles, el #25A, bajo la consigna “No al acuerdo porcino”, a un año de que comenzó la organización y las primeras movilizaciones para exigir información sobre el negocio de cerdos entre China y Argentina. "Ante la ausencia de información y el avance de la construcción de la infraestructura para estas granjas en Chaco, el miércoles 25 de agosto en la Ciudad de Buenos Aires nos autoconvocamos a las 14 en la Embajada de la República China. Y simultáneamente habrá convocatorias plurinacionales, en diferentes puntos del país".

0 comentarios:

Publicar un comentario