2 oct 2021





Josué Lucero es el coordinador de la Cooperativa Fray Luis Beltrán, que funciona hace un año en el barrio porteño de La Boca. Surgió por decisión política del Movimiento Popular Los Pibes. Su misión es acercar equipos informáticos y conocimientos tecnológicos a vecinos y vecinas de los barrios populares a través de una lógica colectiva. Lucero pasó por el programa radial La Retaguardia y habló de las situaciones que aparecen al fomentar el acceso a tecnologías y saberes. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Fernando Tebele/Pedro Ramírez Otero
✍️ Redacción: Gabriela Suárez López
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero
📷 Foto de portada: La Fray Luis Beltrán


La economía del conocimiento, vinculada a un nuevo régimen de saber y a sus medios técnicos, es hoy la vía para alcanzar competitividad a distintas escalas. Al estar la información y la comunicación en el núcleo de esta dinámica socio-cultural, las preguntas sobre las relaciones que se crean entre la innovación técnica y la social emergen de modo inmediato. ¿Cómo afecta este régimen a las transformaciones sociales en los planos económico, social y cultural? ¿Cómo y quienes producen conocimiento? ¿Cómo se desarrolla la interacción social y cómo afecta al ejercicio del poder? ¿A qué nos referimos hoy cuando hablamos de alfabetización? Cuando pensamos en la experiencia del día a día en los barrios populares nos preguntamos qué sucede con el acceso a equipos y tecnologías, por un lado, y también qué pasa con la apropiación de su uso y el acceso al conocimiento.

Al referirse a estas situaciones en los barrios populares, Josué Lucero, coordinador de la Cooperativa Fray Luis Beltrán, contó: “Estas nuevas tecnologías que están siendo tan transversales hoy en día, como bien sabemos, en nuestros barrios populares no se accede a ellas. Hablamos siempre de que es una brecha digital. En nuestros barrios populares vivimos una gran brecha digital que no permite el acceso a tecnologías, o se permite el acceso de los equipos tecnológicos pero no a la conectividad y los saberes necesarios para poder utilizarlos”.

La Cooperativa Fray Luis Beltrán surgió por decisión política del Movimiento Popular Los Pibes, y una de las problemáticas que el coordinador resaltó es la que se da cuando las personas acceden a los equipos y luego no saben utilizarlo: “Hace un año armamos la cooperativa en medio de la pandemia. Trajimos herramientas y empezamos a pedirles a los compas que traigan los equipos. Lo que nos pasó es que al poco tiempo nos vimos desbordados, éramos pocos y nos traían para reparar y al mes estaba para reparar otra vez. Entonces hicimos un balance de la situación y dijimos: ´tenemos que ver una forma alternativa a esto´. Porque nos dimos cuenta de que los compañeros, en vez de aprender, estaban viniendo hacia nosotros para que les solucionemos el problema, pero que el día de mañana se les volvía a romper y tenían el mismo problema”. La aparición de “nuevos” artefactos viene acompañada de imaginarios sobre las tecnologías que influyen en la emergencia de patrones de usos, prácticas y modos de apropiación. Estos últimos, no están separados de la cultura y se relacionan directamente con los contextos geográficos y los distintos grupos sociales: “Y ahí creamos una lógica diferente, en la cual todos podemos ir aprendiendo de estos conocimientos que ya están en nuestros barrios. Y empezamos a laburar sobre sobre esa cuestión y a hacer los talleres de lo que llamamos los referentes tecnológicos. Para nosotros en cada espacio tendría que haber alguien que sepa un poco de tecnologías y que las maneje. Tampoco con una lógica de que el que sepa sea el que sepa, sino que eso lo pueda compartir dentro de su espacio. Con espacios me refiero a ollas populares, merenderos, cooperativas, centros comunitarios o diferentes lugares orgánicos. Y así fue que de a poquito fuimos haciendo estos talleres de referentes tecnológicos y la gente se fue sumando muy rápidamente”, explicó Lucero. 

La brecha digital y la necesidad de transformación social

Josué continuó hablando acerca de la brecha digital, sobre todo pensando qué sucede en los barrios populares, qué hace la tecnología en las personas y qué hacen las personas con las tecnologías: “En el barrio muchas veces nos cuesta hablar de tecnología, no por una cuestión propia de que yo no puedo hablar de tecnología sino porque hay una lógica que nos hace que no hablemos de la tecnología. Porque ya sabemos que en los barrios nos quieren tener marginados, nos quieren desechar de nuestros territorios, entonces no nos permiten apropiarnos de esas tecnologías que después de cierta forma nos facilitan el acceso a la educación, a la salud, al trabajo. Entonces, como nos quieren marginados, no es que me cuesta a mí porque tengo algún problema o porque no sé lo suficiente, sino que hay una lógica de un sistema que quiere que sea así. Entonces la brecha digital es una consecuencia de esa lógica, esa lógica de marginalización que tienen en nuestros barrios”, afirmó.

Sobre cómo creció la cooperativa y se expandió la labor que desarrollan, detalló: “Arrancamos primero en La Boca, pero después fuimos yendo a Lomas de Zamora, a Avellaneda, a varios barrios más del Gran Buenos Aires. Pero después también a Entre Ríos, allí con unos compañeros en un pueblo que se llama La Paz y también en Concordia, al margen del Río Uruguay. Ahí también fuimos haciendo estos talleres y un poquito metiendo en el debate el tema de la tecnología”.

El potencial de las tecnologías para la creación colectiva de conocimiento

Para romper los cercos de información y comunicación impuestos, crear redes de interacción y fortalecer espacios de inteligencia colectiva, son necesarios la adquisición y mantenimiento de equipos y, sobre todo, la apropiación de las tecnologías. Por eso, la cooperativa tiene una visión clara sobre los usos: “Una tecnología que nos permita acceder, comunicarnos. Que esa lógica sea una herramienta, como tantas otras que tenemos los movimientos. Google es una herramienta más para nuestra lucha, para el día a día. La tecnología es transversal para la vida que queremos: una vida más justa en un mundo donde quepan todos los mundos. Usar la tecnología como una herramienta”, planteó.

La Cooperativa Fray Luis Beltrán comparte conocimientos a través de una metodología que apunta a romper con la dependencia de los barrios populares sobre el saber y el conocimiento, donde nos encontramos con un mundo cada vez más complejo en el que las interacciones van en aumento constante. En estos escenarios, la comprensión compleja implica un temor a la dificultad: “Nosotros nos educamos y compartimos los conocimientos que fuimos armando a través de la educación popular. En la cual no hay un profesor o un alumno, sino que hay un compañero, una compañera en iguales condiciones, y que estamos luchando en la misma batalla, que es esto de cambiar el mundo. Pero al mismo tiempo nos estamos enseñando entre nosotros, porque por ahí el compañero que me enseña y al que yo le enseño alguna cuestión técnica, después viene y me enseña cómo ser un corresponsal popular para la radio. Por ejemplo para la FM Riachuelo. O me enseña a hacer una planificación, o a organizarme en una manifestación. En particular lo que hacemos es decirle a los compañeros que se organicen, que vengan, que formen un grupito y cuando vienen nosotros transmitimos un poquito lo que vamos sabiendo sobre armar y desarmar compus para que después esos mismos compañeros se armen su compu y sla lleven a su espacio. Y después sucede que se empiezan a organizar para armar dos, tres o cuatro compus para empezar a usar en el merendero y que los pibes se puedan conectar ahí y empezar a usar las escuelas online. Entonces es parte de esa lógica, de la educación popular que apunta al intercambio de saberes, porque los saberes ya están muchas veces en nuestro pueblo. Así que el centro de nuestra cooperativa está basado también en la educación popular y en esto de ir compartiendo los saberes que tenemos”, explicó.

Demoras del Estado en su rol de redistribuidor 

La relación de la Fray Luis Beltrán con el Estado y otros sectores relacionados a las tecnologías es ambigua.  Lucero explicó que el Estado y las empresas tienen muchos equipos tecnológicos que no están en uso y se encuentran en depósitos. “En ese proceso de un año para acá fue adonde fuimos a pedir las computadoras. Y como ya sabemos, muchas veces el Estado con estas cuestiones se vuelve un poco burocrático, un poco lento. Vemos las computadoras que tienen en depósitos, o metidas en un galpón 200 o 300 computadoras. O más que no están usando porque actualizaron hace dos años y no nos las entregan rápidamente, sino que tardan y tardan. A lo mejor están dando vueltas cuando las urgencias y la necesidad de nuestro pueblo no puede esperar. La pandemia demostró que necesitamos los equipos tecnológicos para estar en nuestro barrio, para poder laburar, para un montón de cuestiones. Para poder educarnos. Entonces en ese proceso se necesita que haya cierta agilidad para donarlo. Y bueno, muchos compañeros han podido articular bien y hemos recibido varios equipos, no tanto como deseamos, pero se va haciendo poquito a poquito”, finalizó.

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