10 nov 2021



Lo dijo Belén Silva, abogada especializada en derecho ambiental y soberanía alimentaria, en diálogo con el programa radial A mí no me importa. Allí se refirió al puesto que ocupa Argentina en el ranking publicado por Carbon Brief de contribución al calentamiento global. También habló del papel que juega la agroecología en las crisis económicas y de la importancia de la sanción de la ley de Etiquetado Frontal. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Agustina Sandoval Lerner

✍️ Redacción: Agustina Sandoval Lerner

💻 Edición: Pedro Ramírez Otero

📷 Foto de portada: Archivo Natalia Bernades/La Retaguardia



Carbon Brief, organización británica especializada en ciencia y política del cambio climático, publicó un informe donde determina la contribución de cada país al calentamiento global. Allí se analizan las emisiones de gases de efecto invernadero por utilización de combustibles fósiles y cuál es el impacto de la deforestación en el calentamiento global.

Argentina se encuentra en el puesto 14 de emisiones por quema de combustibles fósiles y en el puesto seis respecto de tierra cultivada, con 39 millones de hectáreas. Según un informe del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el país está entre los diez países con mayor pérdida de bosques nativos en el período que va del 2000 al 2015.

Consultada acerca de esta problemática, Belen Silva, abogada especialista en derecho ambiental y soberanía alimentaria, dijo: “Capaz que quienes son más jóvenes están habituados a que esto sea así. Pero esta forma de producir no siempre fue así, desde que la soja transgénica hizo su ingreso en Argentina hasta hace unos años, la forma de producir cambió. Antes teníamos más variedad, había matrices productivas diferentes, más diversidad. La agroecología propone la diversidad también, generar esa riqueza en los pueblos, pero también generar esa riqueza para quien produce. Porque hablar de la forma en que se produce actualmente, también involucra a los seres humanos, ya sea a quienes laburan en la tierra, a quienes dan su fuerza laboral para estar ahí, generando esas ganancias que se concentran en muy pocos bolsillos. Pero también para quienes viven en las cercanías de esas actividades productivas y tienen que padecer las consecuencias del actual modelo de producción, que es un modelo de concentración de riquezas en muy pocas manos y con un alto uso de paquetes tecnológicos, lo que conocemos como agrotóxicos. Entonces toda esa cadena empieza a generar impactos. Y esto de que somos el sexto país de mayor superficie cultivada, también somos el país que mayor cantidad de agrotóxicos aplica. Entonces, esto genera un impacto a nivel tierra, pero también a nivel de los cuerpos”. Y continuó: “Hay un concepto que es el de externalidades, que es el verdadero costo de lo que se está produciendo hoy en día, por ejemplo, en actividades extractivistas. Estas actividades que, cual vampiro, chupan y dejan secos los territorios y dejan secas las matrices productivas. Es complejo comenzar a discutir esto, pero es necesario también para empezar a darle soluciones a esos conflictos. Porque tal vez pensamos que no hay chance de salir, que el agronegocio está instalado y que es un monstruo enorme. Pero también hay pequeñas victorias como la ley de etiquetado frontal en el Congreso, que también está estrechamente vinculada a una forma de producir los alimentos. Entonces, esa manera de vincularnos con los alimentos, de vincularnos con el ambiente, está generando impactos. Por ejemplo, en el área a lo que compete a la ley de etiquetado frontal, en la salud de los cuerpos. ¿Y esto por qué pasa? Porque estamos inmersos en ambientes donde hay un grado de contaminación en diferentes ámbitos hacia la ruralidad, pero también en lo urbano, porque a veces cuando se habla de los agrotóxicos se piensa que el problema es del campo. Y no, porque acá en la ciudad consumimos esos alimentos y también generan impacto en nuestras vidas. Es una charla re incómoda hablar del modelo de producción, del uso de agrotóxicos, pero es necesaria porque está generando muchas consecuencias, pero también hay alternativas y ahí es cuando entra la agroecología y nos trae un poco de aire”.

—¿Crees que existe una mayor circulación de información en la juventud sobre este tema, que hay una mayor concientización?

—Sí. Para mí lo que está sucediendo ahora, el tema juventud y temas ambientales es como una tormenta perfecta, como una conjunción de eventos que están desencadenando en algo bueno. La crisis ambiental está avanzando, está generando esto que estamos diciendo. Las juventudes lo están notando y las redes sociales bien utilizadas también son un factor de cambio. Entonces, antes para acceder a la información había que ir al territorio, que sigue siendo una práctica muy necesaria conocer los territorios, pero hoy en día las redes nos permiten sociabilizar la información. Entonces creo que estamos atravesando un momento muy tenso pero a la vez muy esperanzador respecto de quienes están activando. Jóvenes que están siendo protagonistas de este nuevo ambientalismo, que a mí me gusta hablar mucho de ambientalismo popular, con conciencia de clase, de entender que cada uno o cada una aporta desde el lugar donde está. Estas movilizaciones de cuestionar el modo en que se está produciendo, en que se consume, también es la idea de generar un cambio. No quejándonos en casa, no haciendo actos aislados. Porque durante mucho tiempo también la responsabilidad de salvarnos de la crisis ambiental se puso en que usemos menos el auto, que usemos menos ropa nueva. Es una de las tantas acciones. Es necesario y yo soy una gran militante de que migremos hacia la economía circular respecto de la ropa, una industria tan contaminante, pero también tenemos que pedirle a quienes están en los puestos de decisión. Y ahí es cuando tenemos que salir a las calles.

—Los gobiernos siguen haciendo crecer el agronegocio, van en contramano del pedido de la gente y ofrecen falsas soluciones, ¿no?

—Sí, y todo esto que estamos hablando tenemos que ubicarlo a nivel geopolítico. Latinoamérica tiene una vasta cantidad de recursos naturales o, como a mí me gusta llamarlo, bienes comunes. Y es un terreno apetitoso para aquellas potencias económicas que históricamente oprimieron estos territorios. Es muy interesante ver cómo ciertos países del norte global se jactan de sus políticas ambientales, mientras que trasladan las actividades productivas contaminantes a este sector de la región. Entonces es muy interesante poder entender que los mismos problemas que tenemos en Argentina se replican en Perú, Bolivia, Chile, México. Y también ver que compartimos conflictos nos permite ver cuáles fueron las estrategias que utilizaron esos países para intentar salir de este conflicto. Y en el tema ambiental al compartir conflictos vemos que compartimos también los rostros de las personas oprimidas por esas actividades extractivas. Al generar esas redes, esa unión y entender que somos un mismo territorio oprimido por una fuerza política y económica, vemos cuáles fueron las soluciones que se pensaron. A mí me gusta mucho lo que estuvo haciendo Ecuador, pero también lo que hizo Bolivia, por respeto a los derechos de la naturaleza. Es una práctica que puede empezar a encaminarse para pensar alternativas, porque la forma de vincularnos con el ambiente hasta este momento nos trajo a esta crisis ambiental. 

—En estos momentos de crisis se aprovecha la necesidad de laburo. Hay un aprovechamiento por parte del Estado y las empresas para seguir haciendo crecer el modelo.

—Por eso también insisto con un ambientalismo con conciencia de clase. Entender que en esos conflictos ambientales hay trabajadores y trabajadoras. Y entender cuál fue el motivo por el que esas personas aceptaron que esa industria extractivista, que hoy ya se sabe que hay ciertas actividades económicas que generan un gran impacto ambiental y humano, pero siguen abriendo sus puertas. Y pensemos cuál era la situación económica de esa provincia. Pienso en Chubut, que tuvo una gran lucha ambiental durante los últimos meses. Pero también venía siguiendo cuál era la situación económica de esa provincia: la deuda con los docentes, con quienes trabajaban en el Estado. Cuando hay crisis económicas es muy sencillo echar mano a los recursos naturales, porque es lo que está más a mano, pero es lo que más costo genera para nuestros territorios y, al fin y al cabo, quienes se llevan esos bienes comunes siempre son los mismos.  Y tenemos que cuestionar la forma en que se produce, que se consume, no cuestionando a quién tuitea desde un iPhone, porque ahí no está la verdadera raíz. Cuestionar de qué forma, por ejemplo, cuando hablamos de alimentos. Quiénes lo producen, quiénes se acoplan, quiénes especulan, quiénes se niegan a generar un congelamiento de precios. Y muchas veces es salir de nuestro territorio de confort, porque esa información al conocerla incomoda porque te viene a cuestionar absolutamente todo y decís ‘uy, toda la vida estuve consumiendo fruta fumigada y ahora qué hago’. Y genera esto de que como no puedo hacer nada, como es tan grande la situación, no voy a hacer nada. No, todo lo contrario. Creo que entramos en esta nueva etapa de entender que estamos en una crisis ambiental, que se necesitan medidas, pero que si las queremos tomar todas juntas nos vamos a abrumar, desde lo individual. Entonces creo que estos tiempos nos permiten tener estas discusiones y que esto se traslade a soluciones concretas. Que no queden en conversatorios y en pensar teorías. Yo puedo contribuir, tengo el privilegio de tener acceso a herramientas, a tener un micrófono, ¿qué historias voy a contar? Siempre cuento que me crié en Lomas de Zamora, en Villa Fiorito, y que tuve acceso a la universidad pública y a herramientas, y esto me permitió tener otra visión de lo que son hoy los conflictos ambientales. Por eso celebro cuando me dicen vení, charlemos. Es un gran ejercicio para poder entender de que necesitamos todas las voces para las discusiones de los conflictos ambientales. 

La importancia de la ley de Etiquetado Frontal 

El 27 de octubre se sancionó la Ley de Etiquetado Frontal que establece la marca con un sello octogonal negro de advertencia los paquetes y envoltorios de todo alimento que tenga exceso en nutrientes críticos como azúcares, grasas, sodio, brindando información acerca de lo que consumimos para ejercer una libre elección. “Es ley y es una gran victoria, porque tal vez quienes no hayan seguido la discusión legislativa se hayan enterado del etiquetado frontal el 5 de octubre, cuando la sesión extraordinaria no tuvo el quórum y se desató una polémica que ocupó todos los medios de comunicación. Pero esta discusión del etiquetado frontal viene de años con una gran participación de los organismos de la sociedad civil, aquellos comprometidos con la soberanía alimentaria, libre de conflictos de intereses. Aquellas personas que aportaban a esta ley, que actualmente es la mejor ley en el mundo, que no es poca cosa, y que Argentina al haber sido uno de los últimos países en regular el etiquetado frontal de alimentos, pudo observar cuáles fueron las falencias de los países de la región. Y digo de la región porque así como compartimos conflictos ambientales, también compartimos esta pandemia silenciosa de la que no se habla y es la de las enfermedades crónicas no transmisibles. Están súper vinculadas a la forma en que nos alimentamos y Argentina es el tercer país que mayor cantidad de ultraprocesados consume. ¿Por qué pasa esto? Y Porque los mercados apuntan a este subglobal con sus productos brillosos, baratos, perfumados, ricos y sabrosos, pero que nada tienen de alimento real”, explicó Silva. Y agregó: “Muchos dicen que esta ley no es urgente, que no es importante. No. Es un puntapié para empezar a diagramar las condiciones de vulnerabilidad social, las viandas de los pibes y pibas que comen en el colegio, que al fin y al cabo va a generar una mejor salud. La presión de las diferentes industrias, que tienen la obligación de cumplir con esta ley, fue muy grande. Fue muy violenta también en los discursos que se instalaron en los medios de comunicación, que son los pilares donde se sostienen estas ideas tan rancias, a veces basándose en mentiras absolutas, creando una única verdad. Entonces, esta ley va a poder identificar esos productos que si los consumimos en exceso van a generar un perjuicio a nuestra salud. Hoy vamos a tener acceso a la información, acceso a la salud y acceso a una alimentación adecuada, que en un país con el 40% de las personas viviendo en situación de pobreza, no es poca cosa, porque quien tiene una moneda va a intentar comprar un alimento que sea barato. ¿Y cómo están compuestos los alimentos baratos? Bueno, ahí viene otra gran tarea del Estado, porque donde no está el Estado están presente las compañías, y tiene la gran tarea de proveer, de hacer accesible el derecho a la educación”.

Respecto al rol del Estado en lo que hace al derecho a la alimentación saludable, planteó: “El derecho a la alimentación saludable tiene que ser físico, pero también económico. Entonces, si hay alguien en este país que no pueda bancar económicamente un alimento ahí tiene que estar el Estado, acercándole alimentos sanos, seguros y soberanos. Y sin querer, volvimos a la agroecología. Este campo que produce alimentos reales, con sabores, con formas, con aromas. Entonces es una buena manera de empezar a hacer carne esa agroecología que es tan necesaria y apoyar a esos pequeños productores y productoras. Y fíjense de qué forma la soberanía alimentaria es como un camino donde se unen todos esos reclamos. Lo de la ley de etiquetado fue una gran victoria. Es recién el comienzo porque todos los países de la región han demostrado que esta ley presentó dificultades, pero no fue imposible. Entonces es una ley que hay que acompañar, hay que estar ahí presente en cada instancia, en su reglamentación, en su aplicación, en los plazos, y también estar presente en las empresas. Esta obligación de identificar los productos también va a generar una adecuación a ciertas empresas. Quienes concentran las riquezas lo van a poder hacer sin problema, pero ahí tenemos que estar apoyando a las pequeñas industrias, a las pymes, a los locales de la economía social y solidaria. Entonces creo que es un puntapié. Hay mucho laburo por delante, pero es una gran alegría que se haya aprobado sin modificaciones y con un perfil de nutrientes que es el mejor que podemos tener (el de la Organización Panamericana de la Salud). El perfil de nutrientes es el filtro por donde pasa el producto y dice qué producto va a llevar sello o no. Así que hay que festejarlo. Pero mañana nuevamente a ponernos a trabajar, porque la soberanía alimentaria se construye día a día”.





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