10 feb 2021



Después de haber conseguido la restitución de la casa de su padre y de su madre, usurpada por un expolicía y su familia hace más de 40 años, Nicolás Placci se llevó la desagradable sorpresa de encontrarla totalmente destrozada. Hace unos días, la jueza Alicia Vence le tomó declaración a Placci. Según las propias palabras de Nicolás, esa reunión fue “positiva”  y confía en que el juzgado le brinde una respuesta lo antes posible para lograr reparar los daños del inmueble, que se suman a los provocados por los años de impunidad. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista : Diego Adur
✍️ Redacción: Diego Adur  
📼 Edición de Video: Natalia Bernades
💻 Edición: Fernando Tebele




Nicolás Placci declaró en la Megacausa Campo de Mayo el pasado 2 de septiembre de 2020. Allí contó acerca de la desaparición de su mamá, Alba Noemí Garófalo, y su papá, Eduardo Daniel Placci, secuestrados el 8 de diciembre de 1976 de la casa donde vivían en la localidad de San Martín. Se habían mudado allí unos meses antes de que se produjera el operativo. Nicolás quedó al cuidado de una vecina de enfrente del domicilio y días después fue rescatado por sus abuelos. El día de su declaración, denunció que la casa que le pertenecía por herencia, de donde secuestraron a Alba y a Eduardo, estaba siendo usurpada por el expolicía Rolando Ríos, su mujer y sus hijos. Al finalizar esa misma audiencia, su abogado Pablo Llonto hizo el pedido correspondiente al TOF N° 1 de San Martín para que se investigara la situación y se devolviera el inmueble al legítimo dueño. Algunos meses después, por medio del juzgado de la jueza Alicia Vence, quien tiene a su cargo la Megacausa Campo de Mayo, se dio curso a ese reclamo y se le solicitó a Ríos que presentara documentación que avalara la compra del domicilio. El usurpador no pudo hacerlo. En diciembre se dictó la resolución para que la propiedad fuera desalojada por la familia y devuelta a Placci. 

Apelando a su buena voluntad, Nicolás aceptó un pedido de prórroga que la familia usurpadora había solicitado aduciendo que necesitaban más tiempo para acondicionar el lugar a donde iban a mudarse. Por eso fue que la devolución se hizo efectiva recién en el mes de enero de este año. Podría decirse que resultó una victoria para Placci, después de tantos años de impunidad, al fin, conseguir la casa en la que compartió los últimos momentos con su madre y su padre. Pero así como la justicia llega tarde, también llega incompleta. Cuando Nicolás Placci abrió la puerta del domicilio de San Martín era poco lo que podía hacer que ese sitio siguiera considerándose una casa. Faltaban paredes, techos, los caños estaban destrozados, las puertas y ventanas arrancadas, la suciedad cubría cada rincón. Además, losusurpadores habían dejado de pagar la luz, el agua y el gas, por lo que Nicolás recibió una deuda enorme y un lugar con todos los servicios elementales cortados.

Luego del enorme disgusto y al hacerse pública la noticia, el juzgado de la doctora Vence se puso a disposición de Placci para buscar una solución a los problemas y, hace unos días, se reunieron con él: “La reunión fue virtual. Participó la jueza Vence, el secretario del juzgado y el abogado de la fiscalía. Realmente fue una reunión muy positiva. Me pudieron escuchar atentamente y con mucho respeto. Me pidieron que haga un detalle pormenorizado de cómo había encontrado la propiedad. Referí todo lo que pude observar en estos días respecto del estado de deterioro de la propiedad, algunos faltantes y la destrucción de paredes y techos. También detallé las deudas con las que me encontré. La respuesta que recibí de la jueza y de su equipo es que se van a poner al frente de la investigación para saber cómo se produjeron esos daños y esas deudas y por qué el inmueble fue entregado en esas condiciones. De mi parte, yo espero que eso haya ayudado para que se resuelva cuanto antes y no tener que seguir pasando mucho más tiempo en estas condiciones. Necesito de la ayuda de la justicia para resolver todo cuanto antes. Sobre todo lo que tiene que ver con los servicios. Hoy por hoy no tengo agua, no tengo luz, no tengo gas en esa vivienda. Son condiciones fundamentales. Fue muy positivo. El juzgado se puso a disposición para tratar de lograr la verdad y hacer justicia. Quedé muy conforme”, contó Placci a La Retaguardia.

Queda entonces por resolver qué castigo legal deberán enfrentar los usurpadores que ocuparon una casa de detenidos/das desaparecidos/as durante tantos años sin poseer ningún tipo de documentación que los avale además de los daños causados. Placci le dijo a La Retaguardia: “se cargaron a 30 mil, qué significa una casa para ellos”. Lo cierto es que hasta que los responsables de los daños y las deudas no tengan una condena firme y acorde, la impunidad seguirá ocupando un lugar preponderante en la casa de Placci.

En este diálogo con La Retaguardia Nicolás repasó los hechos.

—La Retaguardia: ¿Cuál fue el pedido que le hiciste al Tribunal al momento de tu declaración testimonial y por qué lo rechazaron?

—Nicolás Pacci: Bueno, primero fue la declaración del 2 de Septiembre testimonial, oral y pública. Fue muy emocionante, muy conmovedora para mí particularmente. Me es difícil pensar que para alguien pudo haber tenido la misma connotación. Pero lo cierto es que el Dr. Llonto preparó un escrito solicitando nuevos allanamientos, constatación de la propiedad, etc., etc. y el Tribunal no accedió aduciendo que había otros caminos legales para lograr la restitución y se lo devolvió al Juzgado para que se encargue de todo lo relativo a eso y no comprometerse. Ese fue el sentido que nosotros le encontramos a aquella primera negativa. Cuando todo esto vuelve al Juzgado, la jueza que está interviniendo, Dra. Alicia Vence, después de haber escuchado los testimonios míos y de los testigos que me acompañaron decidió tomar cartas en el asunto y, ante la evidencia que nosotros habíamos presentado en los expedientes desde hacía tanto tiempo, le quedó el gol servido. Solamente tenía que redactar un oficio, firmarlo y ya estaba todo listo porque nosotros hacía casi quince o catorce años que teníamos todo listo: la escritura a nombre de mis viejos que siempre conservó mi abuelo, el informe de dominio del Registro de la Propiedad Inmueble de la Provincia de Buenos Aires a nombre de mis viejos, el expediente que desde noviembre del ‘76 no se había movido nunca jamás, la declaratoria de herederos donde queda constancia de que soy el único heredero de Alba y Eduardo, mis padres, y el certificado de presunción de fallecimiento. La documentación estaba toda desde hace catorce años, solo faltaba algo de voluntad, no sé si política o voluntad de algún tipo, de todos los tipos de voluntad que pueden existir y decir "mirá, este muchacho tiene todos los papeles. Acá no hay más vueltas que darle". La vuelta se la dio la defensa del usurpador o de la familia usurpadora. Porque ese fue el gran escollo, una familia usurpando la casa y tratando de poner palos en la rueda a la causa judicial para dilatar. Yo creo que ellos especularon bastante con la lentitud de la Justicia. En este caso, como yo lo dije en el juicio, la Justicia, en cierto sentido, con tanta dilación y todo, termina jugando para ellos y no para la restitución y termina haciendo lo que supuestamente no debe hacer que es darle continuidad a la perpetración de un crimen.   


—LR: Autorizaste una prórroga que pidieron desde la parte usurpadora y, esos últimos días que estuvieron en la casa, la destruyeron. ¿Cómo fue eso?
—N.P: Cuando faltaba una semana para que se cumpla el plazo que había otorgado la Justicia porque nuevamente se le brindó la posibilidad a los usurpadores para que presenten algún papel, uno, un boleto de compraventa, nada, ni siquiera pudieron decir en qué fecha entraron a vivir ahí, nada presentaron al respecto de eso. Entonces a la jueza solo le quedó por delante allanar el camino para que la restitución se haga efectiva. Cuando se vencía el plazo para que la restitución se efectivice el abogado de la familia usurpadora decidió presentar un escrito solicitando veinte días más de prórroga para la entrega del bien, aduciendo que todavía no había podido acondicionar la vivienda a la cual se iba a trasladar la familia y necesitaban un poquito más de tiempo. El Secretario del Juzgado me preguntó y el que tomó la determinación de brindarles esos veinte días fui yo. 

—LR: En un acto de buena voluntad encima…

—N.P: Si, yo le mandé un mensaje al Secretario. Le dije "mira por una cuestión meramente humanitaria" porque él me había dicho que el usurpador tenía problemas de salud y no contaban con el dinero suficiente etc., etc., dije "bueno". Me manejé 44 años de mi vida tratando de hacer las cosas de la manera correcta, espere tanto tiempo, recurrí siempre a la Justicia, nunca de otro modo. Aparte me lo pidió bien el Secretario. Entendí que el contexto no favorecía una mudanza de una persona mayor. Contemplé eso y acepté esos veinte días que entre feriados, fines de semana largo, las fiestas y todo, se hicieron casi un mes. Yo le dije al Secretario, Agustín, le digo "espero que esta decisión no me juegue en contra y que sean ustedes en tanto Juzgado quienes velen por que todo se cumpla en tiempo y forma". Nunca, te soy sincero, en mi cabeza se cruzó la idea de que pudieran destruir la propiedad o una cosa así. Yo pensé que era solamente una dilación por estas cuestiones que aducían de necesidad de organizar un lugar donde ir a vivir, etc., etc., confié. El Secretario me dijo "si, ellos están haciendo bien las cosas porque presentaron los papeles en tiempo y forma así que quédate tranquilo, va a estar todo bien". Yo creo que no hubo mala fe del Juzgado de la Dra. Vence ni del Secretario, al contrario, ellos también fueron burlados, engañados por el accionar del abogado y de la familia usurpadora. Bueno, el responsable en definitiva soy yo. Le dije "espero que no me juegue en contra", pero finalmente me terminó jugando en contra.


—LR: ¿Los destrozos ocurrieron durante esos días de prórroga?

—NP. Sí. Lo cual no significa que si no le hubiese dado la prórroga no lo hubiesen hecho. Porque es evidente que hay bastante saña, bastante maldad, bastante odio y resentimiento en ese accionar. Y pienso que si no le hubiese dado la prórroga lo hubiesen hecho también. Pero bueno, en ese sentido me siento un poco un tonto por haber creído que las cosas se iban a hacer de manera correcta y cordial. Uno nunca deja de asombrarse de la maldad humana. Por otro lado pienso que si gente como el usurpador y muchos que juegan de ese lado de la cancha se cargaron a 30 mil, una casa no les iba a mover la aguja en lo más mínimo, no les hacía ni cosquillas. Lo cierto es que la casa que fue de mis padres, que mis padres compraron, que escrituraron, que firmaron y expusieron sus nombres también, porque eso debo reconocerlo, hoy está en mis manos. Y bueno, así como me encontré con tanto destrozo también puedo decir que gracias a la colaboración de los medios de difundir esta historia pude conseguir que la Dirección de Derechos Humanos de la Municipalidad de San Martín se ponga a mi disposición, que la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires se ponga a mi disposición para tratar de solucionarlo. Mismo el juzgado de la Dra. Vence donde ayer mi abogado presentó un escrito para continuar con el reclamo penal por los daños y los perjuicios ocasionados no solo contra la propiedad sino también por las deudas que quedaron. Yo, el primer día que entré, me encontré por debajo de la puerta con la boleta del impuesto municipal y se ven más de veinte mil pesos. De luz se deben casi setenta mil pesos. 

—LR: ¿Se puede separar la sensación frustrante y hasta intimidatoria de haber recibido la casa en esas condiciones con la alegría que seguramente te produjo haberla recuperado?

—N.P: Sí, se puede diferenciar. Por un lado un bien, como en este caso la casa, que para mí no tiene un valor económico, material. El valor que yo le doy a esa casa de la cual no tengo recuerdos porque yo viví ahí hasta los seis meses de edad. Pero no puedo no pensar en que fue el último lugar donde mi mamá me dio la teta, el último lugar donde me abrazó y besó antes de dejarme en la casa de una vecina, el lugar donde mi mamá habrá llorado conmigo en brazos, en donde con mi papá deben haber planificado que hacer en el caso de sentirse en peligro. No sé, veo la cocina y digo "acá mi mamá me calentó la leche" o "acá me rayó una manzana" o veo otra habitación y digo "acá me debe haber cambiado el pañal" o "acá me debe haber dado un baño". Ese es el valor que para mí tiene la casa. Por eso yo siempre digo, en estos días que salió la nota y que se hizo más visible el tema, que yo no quiero dinero para reparar la casa. Yo quiero que las ventanas que no están vuelvan a estar en el lugar que deberían, que se restituya las puertas que faltan y que se paguen las deudas. A mí que no me den nada, yo no quiero nada de todo eso. Yo quiero que las cosas estén como estaban. No me interesa ninguna otra cosa porque el valor que yo le doy a esa propiedad pasa por otro lado y no tiene que ver con lo económico, con lo material. Si bien lo material es muy llamativo porque es como un mensaje de "te robamos durante cuarenta años, te pedimos veinte días más y te seguimos robando y te destruimos. Te destruimos durante cuarenta años y te seguimos destruyendo" que es muy fuerte como mensaje y que, sinceramente, da miedo. Personas que tenían un arsenal en su casa, que pertenecieron a las Fuerzas de Seguridad en aquel entonces, que también están siendo investigados para ver si tuvieron algo que ver o no con la desaparición de mis padres. No sé si el usurpador formó parte del operativo, no hay registros de eso. Hay un silencio corporativo muy grande desde el lado de las Fuerzas de Seguridad de aquel entonces. El abogado que defiende al usurpador es el hijo de Ibérico Saint-Jean, como para que te des una idea. Son gente capaz de entregar una propiedad a través de la Justicia y destrozarla como la destrozaron. A mí me genera temor. Yo se lo voy a plantear en cuando tenga la oportunidad a la jueza porque no me siento seguro. Cada vez que voy a la casa de mis viejos pienso "¿no se aparecerá esta gente a cobrarse por mano propia o a vengarse por esta restitución?". Restitución que es legal, que está todo en regla, que no hay ningún hueco por donde plantear alguna cuestión no correcta. Es mucho todo eso. Pero respecto de la casa el valor que tiene para mi pasa más por lo emocional, por lo sentimental, por lo romántico que por otro lado. Mucha gente cercana a mí me decía "bueno, pero con esa casa ahora la vendes, te la sacas de encima" y no sé, es muy difícil. Yo todavía necesito más tiempo para hacer un proceso muy grande. Esa puerta la cruzó por última vez mi vieja antes de que la secuestren. Es muy fuerte todo eso y no es fácil de asimilar. Durante mucho tiempo pensé que en algún momento se iba a dar, durante otro mucho tiempo pensé que nunca iba a pasar y ahora ya estoy acá y es difícil, cada cosa que va sucediendo es difícil de asimilar. Hay cuarenta y cuatro años de dolor, cuarenta y cuatro años de incertidumbre, cuarenta y cuatro años de no saber. Las heridas siguen doliendo. Muchas veces he escuchado esa famosa frase de "demos vuelta la página", "lo de los 70 ya pasó, demos vuelta la página, miremos para adelante", y yo la verdad no puedo dar vuelta la página. No puedo porque yo no tengo la posibilidad de levantar un teléfono o mandarle un mensaje de WhatsApp a mi viejo o a mi vieja para contarle si me fue bien, si me fue mal, si tengo un problema, si estoy contento, si estoy triste, ir a tomar unos mates, organizar unas vacaciones, un almuerzo de domingo, un asado, no tengo esa posibilidad. Y eso se suma a que ahora el que no tiene esa posibilidad es mi hijo. Mi hijo no tiene a sus abuelos y es algo que no se va a reparar nunca. No hay casa, no hay dinero, no hay placa, baldosa por la memoria, ni Teatro por la Identidad, ni nada que se haga que pueda reparar ese agujero. Es un agujero muy grande, muy denso, muy oscuro donde no se ve el fondo.

—LR: Ahora que la restitución de la casa donde viviste con tu mamá y tu papá se hizo efectiva, ¿cómo sigue tu lucha?

—NP: Sigue por muchos frentes, no es solo la casa. Voy a querer saber hasta el último de mis días qué paso con mis padres, voy a querer conocerlos más a través del testimonio de sus amigos, de sus compañeros de militancia. Voy a seguir buscando a mi hermano o hermana, mi mama estaba embarazada de dos meses más o menos. Voy a seguir buscando hasta que me digan que ya no hay chance. Así que si, la lucha sigue. Es mucha, es largo el camino. Llevo 44 años. Y cuando yo ya no pueda continuarla seguramente la va a continuar mi hijo, así iremos continuando la lucha hasta que sepamos lo que queremos saber.

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