6 oct. 2012

Foto Bucky Butkovic

(Por La Retaguardia) El director y productor cinematográfico recibió esta mención en la Legislatura porteña, por su valiosísimo aporte al ámbito de la Cultura. Entre las 23 películas más reconocidas que dirigido o codirigido, pueden mencionarse “La Patagonia Rebelde”, “No habrá más penas ni olvido”, “La Noche de los Lápices”, “Ay Juancito”. Además, como presidente de Aries Cinematográfica Argentina SA, que co-fundó con Fernando Ayala en 1956, produjo 113 largometrajes y más de 200 episodios para la televisión. Dialogamos con Héctor Olivera para que nos cuente sus sensaciones tras este reconocimiento y una de las primeras frases que nos dijo fue: “Confieso que he producido, confieso que he hecho obra”.
“Es curioso porque un mes atrás Argentores me dio el Gran Premio Honor 2012, entonces yo estoy pensando que hay que sobrevivir, ser muy longevo, entonces se preguntan `a ver quién sobrevivió, hizo cosas… ah, mirá, hizo tantas cosas, entonces le damos un premio`”, comenta risueño Héctor Olivera en diálogo con La Retaguardia, aunque inmediatamente aclara: “de todas maneras fue muy grato, fue un acto muy lindo, me sentí muy honrado y como dije en las palabras finales este es un premio de la gente de Buenos Aires, me lo han dado los legisladores que son quienes representan al habitante, entonces el que me lo está dando es el ciudadano porteño”.
Del acto realizado en el Salón Dorado de la Legislatura, participaron el periodista e historiador  Osvaldo Bayer, y los directores de cine Manuel Antín y Adolfo Aristarain; además del legislador Julio Raffo (jefe del bloque Proyecto Sur), que fue quien organizó el homenaje e impulsó este reconocimiento que los legisladores porteños votaron por unanimidad (a través de la Ley N° 3815).
Durante el evento, Manuel Antín describió a Olivera como uno de los creadores argentinos más libres, más independientes y más reconocidos internacionalmente. En tanto, Adolfo Aristarain recordó el respeto y afecto con que fue tratado por el homenajeado desde el primer momento en que trabajaron juntos.
Por su parte, Bayer afirmó que la película en la que trabajaron juntos en 1973, “La Patagonia Rebelde”, fue un largometraje que nadie se atrevía a hacer en aquel tiempo. En este sentido, señaló que el cineasta aceptó sus condiciones para participar de la realización de esta obra para asegurarse de que se preservara la fidelidad histórica, tal como finalmente ocurrió. De esta manera, la película se transformó en un verdadero “documental con actores”, donde se relatan los hechos tal cual ocurrieron.
Sin duda, las películas de este director han ayudado a pensar la historia y cuando se le pide que rescate tres de ellas, las que elige Olivera van justamente en este camino: “las ha rescatado el público y la crítica, yo pienso que `La Patagonia Rebelde`, `No habrá más penas ni olvido` (ambas fueron premiadas con el Oso de Plata en los Festivales de Berlín de 1974 y 1984), y `La Noche de los Lápices´ fueron muy importantes para mí en mi carrera. Eso no va en desmedro de otras películas, en otro plano, por ejemplo ´La Nona´, que quiero mucho”.
Durante su trayectoria realizó también películas sobre distintos géneros: “abordé todos los géneros habidos y por haber porque gran parte de mi carrera cinematográfica como director transcurrió durante gobiernos nefastos como el de Isabel Martínez de Perón o las dictaduras militares de (Juan Carlos) Onganía y compañía, y (Jorge Rafael) Videla y compañía, así que por ahí tuve que hacer comedias blancas o películas en inglés, o también el realismo mágico rioplatense tomado de la novela de María Granata, `Los viernes de la eternidad`. Y he hecho con (Fernando) Ayala, las ´Argentinísima´, que fueron unos éxitos extraordinarios, porque era una época en que la gente, en general, no los fanáticos del folclore, no sabía distinguir muy bien entre Los Fronterizos y Los Chalchaleros, cosa que me pasaba a mí. Tuve la posibilidad de dirigirlos y hacer con ellos unas películas muy sencillas, como las calificó un crítico `postales con música`. Y también dirigí una película de rock ´Buenos Aires Rock´, que fue muy interesante porque fue la primera manifestación pública filmada después de la guerra de Malvinas. Y después una película que tenía que ver con una temática femenina como ´Antigua Vida Mía´”. En este sentido, Olivera considera que hay películas que no salieron redondas, o que a lo mejor fueron errores de concesión, películas que no debió haber hecho.
Olivera nació en 1931, en Olivos, provincia de Buenos Aires, primero de ayudante de dirección y después de jefe de producción, para dirigir su primera película en 1967: “Psexoanálisis”. Otros de sus largometrajes fueron “El caso María Soledad”, “Una sombra ya pronto serás” (al igual que “No habrá más…” basadas en novelas de Osvaldo Soriano), y algunas inéditas como “Negra Medianoche” y “Matar es morir poco”. En tanto, en televisión, con su productora Aries, produjo y/o dirigió programas como “Nueve Lunas”, “De poeta y de loco”, “Archivo Negro”, “Laura y Zoe”, o la reciente “La Defensora”. A su vez, con Ayala también fueron empresarios teatrales.
En el marco del acto de homenaje en la Legislatura, el director narró dos anécdotas que tuvieron como protagonistas a presidentes argentinos; durante la charla en La Retaguardia le pedimos que nos las cuente: “yo era cadete del liceo militar, estaba de uniforme, era domingo a las once de la mañana, tocaron el timbre de mi casa y estaba el teniente general Juan Domingo Perón, presidente electo de los argentinos, junto a su esposa Doña María Eva Duarte. Perón me preguntó por la señora de Álzaga, y yo me encuadré y le dije ´Segundo Piso, mi general, y él me dijo ´´ Gracias, mi hijo´, y me lo dijo no con la actitud del teniente general hacia el más bajo de los milicos, que era yo, sino con esa sonrisa y ese carisma que hizo que más de la mitad de los argentinos se enamoraran de este personaje. En otro domicilio, en Avenida Libertador, frente al hipódromo, un domingo a las once de la mañana me tocaron el timbre, yo ya no estaba de uniforme, había pasado esa época, estaba de pijama, abrí la puerta y estaba el doctor Arturo Frondizi, presidente electo de los argentinos, y me preguntó por el doctor Jorge Wehbe, y yo le dije ´segundo piso, doctor´. Es curioso, después quedé siempre a la espera de que otro presidente electo tocara el timbre de casa pero nunca más pasó”.
Y aunque aún no fue a tocarle el timbre un nuevo presidente, Olivera sí debió tener algún tipo de contacto por su profesión con funcionarios oscuros del país. Tal es el caso de Miguel Paulino Tato, Interventor del Ente de Calificación Cinematográfica entre 1974 y 1978, también conocido justamente como “el censor”: “la relación la tenía Fernando Ayala – recuerda Héctor – porque pertenecía a la misma generación que Tato, cuando Tato era periodista cinematográfico, Ayala ya era director, etc. Creo que lo que pasó con Tato fue que fue acumulando un enorme resentimiento contra distribuidores, productores y directores porque lo ninguneaban por usar un neologismo, y cuando llegó al poder se dedicó a censurar, cortar… A prohibir doscientas treinta y pico, a cortar habrán sido como mil, porque siempre encontraba algo que pedía que se cortara. Fue un personaje nefasto, el único director general de un ente oficial que permaneció en el gobierno de Isabel Martínez de Perón y en el del proceso militar del año ´76”.
La última película que Olivera estrenó fue en 2010, “El Mural”, sobre la obra que el pintor mexicano David Siqueiros pintó en una quinta de Natalio Botana, el fundador del diario Crítica. En La Retaguardia le preguntamos cómo fue esta experiencia: “a los 20 años entré a la quinta de Botana y vi el mural, que por cierto a los 20 años me resultó horroroso, y no me imaginé que iba a terminar haciendo una película sobre eso. Yo trabajé cinco años en los estudios Baires, que habían sido construidos por Natalio Botana, y lo hice como asistente del productor Eduardo Bedoya, que había sido el socio de Botana, y que a su vez había sido administrador y sub-director del diario Crítica, del que Botana fue el alma mater. Cuando hicimos la compañía con Fernando Ayala, cada tanto hablábamos sobre qué hacíamos al año siguiente, siempre surgía hacer la posibilidad de hacer Los Botana, todos los personajes que constituyeron esa familia, pero era muy cara y una película que no se podía hacer en co-producción internacional porque el tema no interesaba, hasta que un buen día leí en las memorias de Pablo Neruda (`Confieso que he vivido`), en la que él decía que había estado la noche que se inauguró el mural de Siqueiros, en la quinta Los Granados, y que había tenido un romance con la poeta uruguaya Blanca Luz Brum, que era la mujer de Siqueiros. Y entonces me dije que la película estaba en estos cuatro extraordinarios personajes, los Botana y los Siqueiros. Empecé a trabajar en el guión y la película se hizo en co-producción con México. Tristemente no tuvo repercusión popular, la gente no fue a verla, una película en la que el espectador dice `no, no voy a verla ni aunque me regalen las entradas`, porque pasan esas cosas. La película fue premiada internacionalmente, en todos lados que se da gusta, mucha gente que la ve me dice `¿cuándo se estrena?`, `no, ya se estrenó y pasó sin pena ni gloria`. Pero el negocio del espectáculo es así”.

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