13 jun. 2013


(Por La Retaguardia) A partir del crimen de la joven de 16 años en el barrio porteño de Colegiales y la conmoción tanto mediática como social que despertó, dialogamos con el psicólogo Jorge Garaventa, especialista en violencia de género y abuso infantil. Sin profundizar en las especificidades de este hecho puntual, pero utilizándolo como disparador, conversamos sobre por qué nos sensibilizan tanto estos casos, pero también por qué no tienen la misma repercusión otros sucesos que involucran a otros jóvenes como la desaparición de Luciano Arruga. Además, debatimos acerca del registro de ADN de violadores y la importancia de realizar un trabajo profundo en educación con perspectiva de género desde el jardín de infantes.



Al iniciar el diálogo con La Retaguardia, Jorge Garaventa se mostró conmovido y enfurecido respecto al asesinato de Ángeles Rawson, hallada sin vida en la planta de José León Suárez del CEAMSE; sin embargo, propuso poner la cabeza fría para reflexionar un poco, debido a que una vez más el caso empezó a tomar un rumbo ya conocido: “finalmente la cosa empieza a dar vueltas hasta que en lo que se termina es en investigar a la víctima por un lado, además de tratar de encarajinar la investigación de forma tal que, como en el caso Candela, después de tanto tiempo no se sabe absolutamente nada de qué es lo que ocurrió”, afirmó Garaventa, en una entrevista realizada antes de que las pesquisas se dirigieran contra el encargado del edificio.
Ante la consulta acerca de por qué conmueven tanto estos casos a nivel social, Jorge Garaventa consideró: “la cuestión de la perversión salvaje contra una vida joven, absolutamente inocente, y en este sentido me corro de las barbaridades que se dicen por ahí acerca de si era una niña buena o mala, si era una excelente alumna o no, porque en realidad cuando se trata de niños, la cuestión no cambia. Es una niña que está en formación, la sociedad tiene la obligación de educarla, de defenderla, de cuidarle la vida, orientarla y en realidad termina en manos de alguien que, como yo siempre digo, no es un monstruo ajeno a la sociedad sino que, como los genocidas y tantos asesinos de la misma calaña de quien mató a Ángeles, surge del seno mismo de la sociedad, está al lado nuestro; por eso esta cuestión de la pena de muerte es una cosa tan absolutamente ridícula: porque eliminamos a alguien creyendo que es el distinto, el monstruo, el asesino, el degenerado, etc., y la sociedad sigue sin hacerse cargo de que estos individuos son productos sociales. Yo no estoy diciendo que toda la sociedad sea así, sino que la sociedad genera este tipo de individuos”.
Garaventa además se refirió a la “sensación de inseguridad” que permanentemente es mencionada por un sector de la sociedad y los medios al darse casos de estas características: “yo estoy lejos de sumarme a esa cuestión, pero lo concreto es que para los chicos hoy salir de diversión es una preocupación, es una cuestión de vida en riesgo que lamentablemente no se puede soslayar, no digo que sea así todo el tiempo ni en todos los lugares, pero evidentemente es así. Soy psicólogo, no soy fiscal ni investigador, por lo tanto lo único que diría es que en todo caso lo que cambia si Ángeles fue o no violada es en relación a la carátula, cambia en relación a que probablemente deje de ser un femicidio para convertirse en un aberrante crimen de una niña de 16 años, pero el horror está ahí de cualquier manera”.
En este sentido, Garaventa respondió a quienes proponen la castración y la pena de muerte para los responsables de ataques sexuales: “eso no solo no soluciona nada, sino que agrava, porque además establece la cadena de venganza, etc. Ante eso me contestaban ‘si vos sufrieras algo de esto en carne propia o de algún familiar”, y yo siempre digo que el dolor no tiene que guiar el pedido de justicia, sino que tiene que ser la cabeza fría. Yo nunca hablo de mis cosas personales, pero voy a decir una sola cosa: yo tengo un hermano asesinado, una hermana violada y una sobrina que sufrió abuso sexual infantil, es decir no lo hablo desde la ajenidad sino desde la mierda misma. Y sin embargo me parece que si este tipo de cosas no nos convoca a pensar, no nos sirve para nada. Lamentablemente es una víctima más que alfombra el suelo de una sociedad cada vez más brutal con este tipo de cosas”.
Tras el asesinato de Ángeles Rawson, comenzó a reclamarse nuevamente la implementación de un Registro Nacional  de Datos Genéticos vinculado a delitos contra la integridad sexual, un proyecto que cuenta con media sanción de Senadores y aún no tiene fecha para ser tratado en Diputados. El ministro de Justicia, Julio Alak, también pidió su puesta en marcha. Sobre este tema, Garaventa afirmó que es una de las “grandes diferencias fundamentales” que tiene con el feminismo y algunos sectores progresistas que sí impulsan esta cuestión: “me parece que en una sociedad como la nuestra que todavía no controla determinadas cuestiones, primero se convierte en una estigmatización que además no soluciona nada, porque no está solucionando el tema de fondo, simplemente estás aislando a aquel que te creés que es el diferente, el distinto. Lo mismo con la cuestión perimetral y del deschave público de donde está viviendo algún violador, abusador, asesino de esta naturaleza. Creo que hay que hacer un trabajo profundísimo en educación con perspectiva de género desde el jardín de infantes, y no estoy hablando de feminismo, estoy hablando de educación con perspectiva de género, porque en realidad está la cuestión del machismo y la masculinidad que no son sinónimos. El machismo en todo caso es un desvío patológico de la masculinidad. Si esto no se trabaja desde muy pequeño con el niño, con la niña, seguimos reproduciendo patrones. Por otro lado, la otra cuestión con la que yo sigo insistiendo es que está bien que se hagan todas las reformulaciones que haya que hacer a nivel justicia, pero también deben revisarse las formas en que se establece la libertad de determinados individuos que cometen delitos, porque no podés arbitrariamente tener a un violador o a un asesino toda la vida en la cárcel, salvo que con un trabajo psicológico profundo vos puedas establecer que no se han producido los movimientos psíquicos necesarios como para que la persona se vaya reinsertando paulatinamente en lo social. Insisto además en pensar que no son individuos aislados, sino que son productos sociales y en la medida en que no nos cuestionemos esto de la vigencia de la educación golpeadora, que antes era pública y ahora es vergonzante, seguimos produciendo este tipo de individuos”.
A su vez, durante la charla se planteó el hecho de que con este registro de violadores se estaría dejando de lado una realidad que implica que muchas violaciones ocurren dentro de las propias casas, siendo muchas intramaritales, y que los abusos sexuales son mayormente intrafamiliares.
Por otro lado, consultado acerca de las diferencias entre la reacción e indignación social que generó el caso de Ángeles Rawson, en relación a la desaparición de Luciano Arruga o el asesinato de Kiki Lescano, jóvenes que tenían prácticamente su misma edad, Garaventa marcó una clara distinción de clase: “por eso decía esta cuestión de la niña buena, así como de Candela después la gente se despreocupó porque parece que no era tan buena. Acá encontramos la cuestión de clase social y también la cuestión de la marginalidad en relación a lo político. Si se supone que podría ser un zurdo, un zurdito, o alguien que podría llegar a enfrentarse a las fuerzas del orden… olvidate. Que lo de Luciano Arruga hoy siga sin convocar masivamente, llenar una Plaza de Mayo por ejemplo y desbordarla, es insólito, cuando está tan claro lo que pasó y cuando nos rasgamos las vestiduras en 1983 y dijimos con Hebe a la cabeza: ‘el día que haya una desaparición en democracia paramos el país y el país no se vuelve a mover hasta que aparezca ese desaparecido’. Esto lo dijo Hebe de Bonafini en Plaza de Mayo el primer jueves después que asumiera Raúl Alfonsín”.
Hacia el final de la charla, le preguntamos por qué cree que lo sigue tanta gente, ya que cada vez que es entrevistado por La Retaguardia la cantidad de mensajes de lectores que llegan a nuestro sitio aumenta considerablemente. Al respecto, Garaventa manifestó: “me parece que tiene que ver con esta cuestión de tratar de no hacer concesiones sobre todo en los temas cotidianos y en las cuestiones que supuestamente están consensuadas y aceptadas, pero no podría decir claramente por qué, ya que así como me ha generado ‘picos de rating’ también me han significado espantosas persecuciones que me han quitado muchas noches de sueño, lo digo sin querer victimizarme. Una vez me lo preguntaron en un programa feminista, y dije que yo estaba, estoy -se corrige- todo el día tratando de alimentar desde una ética, desde una perspectiva que tiene que ver con crear una corriente de opinión pero que tenga que ver con un pensamiento colectivo. Ahí está la cuestión. Me parece que tiene que ver con cuestionar pero desde un pensamiento colectivo no desde Jorge Garaventa”.
Tal como ocurre cada vez que dialogamos con él, pensamiento colectivo es lo que se generó durante la charla que mantuvimos con Jorge Garaventa, en este caso tomando como disparador el crimen de Ángeles Rawson pero yendo mucho más allá, mucho más profundo.

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