14 jun. 2013

Vista de la casa grande (Foto IEM)
(Por La Retaguardia) En el marco de la etapa de instrucción de la megacausa ESMA, en la que se investigan los delitos de lesa humanidad cometidos en ese centro de detención, tortura y exterminio, se realizó por primera vez una inspección ocular del predio de la Isla El Silencio, ubicado en el Delta de San Fernando, al que fueron trasladados los secuestrados en la Escuela de Mecánica de la Armada durante la visita que efectuó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1979. De la inspección, ordenada por el juez Sergio Torres tras un pedido efectuado por sobrevivientes, participaron uno de sus secretarios, el Dr. Yadarola, los fiscales Guillermo Friele y Mercedes Soiza Reilly, y algunos ex detenidos desaparecidos como Víctor Basterra, Carlos Lordkipanidse, Roberto Barreiro, Enrique Fukman, Leonardo “Bichi” Martínez, Ángel “Taita” Strazzeri, entre otros. Dialogamos con Soiza Reilly y nuestro compañero Basterra sobre esta experiencia y su importancia para la investigación y el juzgamiento de lo sucedido allí.

Salvo Carlos Lordkipanidse, ningún sobreviviente había vuelto a la Isla El Silencio. Este jueves volvieron a pisar el suelo del Delta de San Fernando, al que habían sido enviados en 1979, en su mayoría encapuchados, esposados, en algunos casos para obligarlos a ser mano de obra esclava y para esconderlos de la visita que integrantes de la CIDH hacían al país a partir de las denuncias recibidas sobre las violaciones a los derechos humanos que llevaba adelante la última dictadura cívico militar. El pedido de inspección ocular fue efectuado por los sobrevivientes, al que se sumó la solicitud de los fiscales Guillermo Friele y Mercedes Soiza Reilly, representantes del Ministerio Público Fiscal en el tercer tramo del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA, que actualmente se desarrolla en los tribunales de Comodoro Py. “En una audiencia de debate pedimos la inspección a la isla, y el Tribunal Oral Nº5 resolvió remitirlo al juez de instrucción, Sergio Torres”, explicó Soiza Reilly en diálogo con Oral y Público, único medio radial presente durante la histórica visita. Torres es quien lleva adelante la instrucción de la megacausa ESMA, que hoy tiene un tercer tramo en instancia oral y pública, pero que continúa su desarrollo que derivará en nuevos juicios. Esta remisión realizada por el TOF 5 fue lo que motivó la presencia de los fiscales en la inspección ocular: “si bien con el doctor Friele somos fiscales de juicio, lo cierto es que estábamos interesados por el testimonio de Lordkipanidse, Basterra y otros sobrevivientes que daban cuenta de la existencia de este espacio donde fueron llevados los cautivos –aclaró Soiza Reilly–. La importancia de esto para la fiscalía es acreditar la continuidad delictiva que se dio en el marco de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979, cuando la ESMA fue reestructurada parcialmente para encubrir los crímenes que allí se cometían. Los cautivos fueron llevados a la isla, donde permanecieron cerca de un mes. Por otro lado, lo que acredita la fiscalía son las condiciones inhumanas de detención a las que fueron sometidas las víctimas, porque a pesar del paso de los años el lugar permanece incólume, está conforme el relato hoy de los testigos sobrevivientes. Esto para nosotros es muy importante porque la ESMA si bien acredita estas condiciones inhumanas de detención fue reformada en varias oportunidades. En cambio, este espacio permanece igual desde aquel entonces”. “Fue muy emotivo porque el lugar está prácticamente igual –coincidió Víctor Basterra–. Hay algunas modificaciones, pero en el edificio donde estuvimos los "capucha" (porque en la ESMA estaban alojados en el altillo conocido con ese nombre-, no en el principal. Cuando llegó la Comisión Interamericana fuimos trasladados tantos los prisioneros que estaban como mano de obra esclava como los que estábamos en capucha. En ese abanico de sobrevivientes estuvo referenciado ese testimonio del jueves. Fue muy fuerte y muy completo. Se cumplieron todas las rigurosidades que establecen las leyes en términos de labrar un acta en nombre de la autoridad que hacía de auxiliar de la ley. La predisposición del juzgado nos da una gran tranquilidad”.
Víctor Basterra durante la visita ocular a la isla, en la casa chica (Foto IEM)
Víctor Basterra está acostumbrado a volver a la ESMA todos los días ya que forma parte del Ejecutivo del Instituto Espacio para la Memoria que funciona allí, y además realiza las visitas guiadas por el predio, pero a la Isla El Silencio regresó por primera vez el jueves pasado: “fui con una gran curiosidad –reflexionó al respecto–, viendo cómo es el efecto que el paso del tiempo y de la negación de la justicia que se produjo en la Argentina a lo largo de tantos años se ha desarrollado en los distintos lugares. Se ve tanto en los edificios, en los paisajes, como en las personas. Le doy más lugar a la curiosidad que a la tensión emotiva; de alguna forma a mí me cae la ficha después. Pero siempre estoy mirando todos los detalles, recordando los momentos. No olvidemos que en el caso mío fui como capucha, por lo tanto estaba totalmente encapuchado, esposado, otros compañeros iban destabicados, así que fue distinta la sensación y la percepción de las cosas”, explicó Basterra, que cuando fue trasladado al Delta de San Fernando hacía poco más de veinte días que estaba secuestrado en la ESMA. De lo que recuerda de su paso por El Silencio afirmó: “en ese lugar había tres brigadas de guardias, por lo que había veinticinco, treinta efectivos del grupo de tareas, además de los oficiales y suboficiales que tenían rango superior, pero era un contingente de guardianes crueles bastante numeroso. Con el tiempo nos fuimos enterando de que la Isla había sido una propiedad de la Curia y de la revista Esquiú, que se la cedieron gentilmente a la Armada para sus menesteres. Nos enteramos de que habían preparado una especie de calabozo especial para los capuchas, cosa que no lo pudieron poner en marcha, porque entramos todos en un lugar. En esa economía de movimientos que siempre tenían ellos pudieron lograr su objetivo de ocultarnos de las miradas internacionales, de los especialistas de la organización de derechos humanos, hubo muchísimo silencio de los pobladores. Actualmente a seiscientos, ochocientos metros hay una guarnición de la Prefectura bastante grande, una escuela y una delegación de la policía, eso no sé si es nuevo, lo que estaba seguro antes era lo de Prefectura”, recordó. La fiscal Mercedes Soiza Reilly explicó que las visitas oculares en los juicios son fundamentales para dar crédito también al testimonio de las víctimas: “porque mencionan determinadas cuestiones específicas de las que el jueves fuimos todos testigos de su existencia; por ejemplo, de un vehículo Buggy que fue llevado por el grupo de tareas para hacer el circuito de seguridad dentro de la isla. Este vehículo apareció hoy dentro de la recorrida; está desmantelado pero estaba el chasis. Son cuestiones que se van a ir sumando a medida que durante el juicio ESMA unificada escuchemos los relatos de las víctimas que pasaron por este lugar”.
En este sentido, Basterra aseguró que harán fuerza para que este lugar sea declarado sitio histórico de memoria, para garantizar su preservación, sin que haya ninguna nueva alteración: “es muy importante tenerlo en cuenta, porque además es un sitio en el que hubo durante cerca de dos años presencia de compañeros secuestrados”, agregó. En días en que se ha generado una importante movilización de parte de organismos de derechos humanos, acompañados por organizaciones sociales y políticas, además de medios alternativos, comunitarios y populares, ante la intención del gobierno nacional de modificar el Casino de Oficiales de la ESMA para darle una utilización museográfica, la inspección ocular a esta isla de San Fernando se transforma en la mejor prueba de la necesidad e importancia de que estos espacios permanezcan sin modificaciones para conocer a fondo todo lo sucedido allí, para acompañar los testimonios de los sobrevivientes y juzgar a los responsables de estos delitos de lesa humanidad.
Otra vista de la casa grande (foto IEM)



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